domingo, 4 de enero de 2015

¿Una tercera guerra mundial? / Boaventura de Sousa Santos *

Todo indica que se está preparando una tercera guerra mundial, si entendemos por “mundial” una guerra que tiene su principal teatro de operaciones en Europa y repercute en diferentes partes del planeta. Es una guerra provocada unilateralmente por los Estados Unidos, con la complicidad activa de Europa. Su blanco principal es Rusia y, en forma indirecta, China. El pretexto es Ucrania. 

En un raro momento de consenso entre demócratas y republicanos, el Congreso estadounidense aprobó, el 4 de diciembre pasado, la Resolución 758, que autoriza al presidente a adoptar medidas más agresivas para sancionar y aislar a Rusia, a proporcionar armas y otro tipo de apoyo al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar de EE.UU. en los países vecinos de Rusia. 

La escalada de provocaciones a Rusia tiene varios componentes que, en conjunto, constituyen una segunda Guerra Fría. A diferencia de la primera, en ésta Europa es un participante activo, aunque subordinado a EE.UU., y ahora se asume la posibilidad de una guerra total y, por lo tanto, nuclear. Varias agencias de seguridad ya están haciendo planes para el día después de un enfrentamiento nuclear.


La provocación occidental tiene tres componentes: sanciones para debilitar a Rusia, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra de propaganda. Las sanciones son conocidas. La más insidiosa es la bajada del precio del petróleo, que afecta de manera decisiva las exportaciones rusas, ya que el petróleo es una de las principales fuentes de financiación del país. El presupuesto de Rusia para 2015 fue elaborado previendo que el barril de petróleo iba a costar 100 dólares. La reducción del precio, combinada con otras sanciones y con la devaluación del rublo, agravará peligrosamente el déficit presupuestario. 

Además, esta reducción ocasionará graves problemas en otros países considerados hostiles (Venezuela, Irán y Ecuador). La reducción del precio del petróleo es posible gracias al pacto celebrado entre EE.UU. y Arabia Saudí, a través del cual EE.UU. protege a la familia real (odiada en la región) a cambio de que se mantenga la economía de los petrodólares (transacciones mundiales de petróleo en dólares), sin la cual el dólar colapsaría como reserva internacional y, con él, la economía de EE.UU., el país con la mayor y más obviamente impagable deuda del mundo.


El segundo componente de la provocación es el control total del gobierno de Ucrania, para transformar este país en un Estado satélite. El respetado periodista Robert Parry informa que la nueva ministra de Finanzas de Ucrania, Natalie Jaresko, es una ex funcionaria del Departamento de Estado, una ciudadana estadounidense que obtuvo la nacionalidad ucraniana días antes de asumir el cargo. Hasta ahora presidió varias empresas financiadas por el gobierno norteamericano, creadas para trabajar en Ucrania. 

Ahora se entiende mejor la explosión, en febrero pasado, de la secretaria de Estado norteamericana para Asuntos Europeos, Victoria Nulland: “A la mierda la Unión Europea”. Lo que quería decir era: “¡Maldición! Ucrania es nuestra. Pagamos para eso”. 

El tercer componente es la guerra de propaganda. Los grandes medios de comunicación y sus periodistas están siendo presionados para difundir todo lo que legitime la provocación occidental y para ocultar todo lo que la ponga en cuestión. Los mismos periodistas que, después de mantener reuniones en Washington y en las embajadas de Estados Unidos, llenaban las páginas de los diarios con la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, ahora las llenan con la mentira de la agresión de Rusia contra Ucrania.


Pido a los lectores que imaginen el escándalo mediático que estallaría si se supiera que el presidente de Siria nombró ministro a un iraní al que días antes había concedido la nacionalidad siria. O que comparen el modo en que se informó sobre las protestas en Kiev en febrero pasado y sobre las protestas en Hong Kong en las últimas semanas. O que evalúen la relevancia que se le dio a la declaración de Henry Kissinger, para quien es temerario que se esté provocando a Rusia. 

Otro gran periodista, John Pilger, dijo recientemente que si los periodistas hubiesen resistido la guerra de propaganda, quizá se podría haber evitado la guerra de Irak, en la que ya murieron 1.455.590 iraquíes y 4.801 soldados estadounidenses. ¿Cuántos ucranianos morirán en la guerra que se está preparando? ¿Y cuántos no ucranianos?


¿Estamos en democracia cuando el 67 por ciento de los estadounidenses está en contra de la entrega de armas a Ucrania y el 98 por ciento de sus representantes votó a favor? ¿Estamos en democracia cuando los países europeos en la OTAN son conducidos, a espaldas de los ciudadanos, hacia una guerra contra Rusia en beneficio de los Estados Unidos? ¿O cuando el Parlamento europeo sigue con sus cómodas rutinas mientras están preparando al continente para ser el próximo teatro de guerra y a Ucrania, la próxima Libia?


Las razones de la locura


Para entender lo que está pasando, es necesario tener en cuenta dos hechos: la declinación de Estados Unidos como país hegemónico y el negocio altamente rentable de la guerra. La declinación del poder económico-financiero de EE.UU. es cada vez más evidente. Después del 11 de septiembre de 2001, la CIA financió el llamado Proyecto Profecía, diseñado para prever posibles nuevos ataques contra EE.UU. a partir de movimientos financieros extraños y de gran envergadura. 

Con diferentes formas, ese proyecto ha continuado y uno de sus participantes prevé un próximo crash del sistema financiero a partir de las siguientes señales: Rusia y China, los mayores acreedores de EE.UU., han estado vendiendo los títulos del Tesoro estadounidense y, en cambio, han estado comprando enormes cantidades de oro; extrañamente, esos títulos vienen siendo adquiridos en grandes cantidades por misteriosos inversores belgas, y muy por encima de la capacidad de este pequeño país; tanto Rusia como China están utilizando cada vez más sus monedas y no los petrodólares en las transacciones de petróleo (todos recuerdan que Saddam y Khadafi intentaron utilizar el euro y el precio que pagaron por esa osadía); finalmente, el FMI se prepara para que el dólar deje de ser, en los próximos años, la moneda de reserva y sea sustituido por una moneda global, los SDR (derechos especiales de giro, por su sigla en inglés). 

Para los creadores del Proyecto Profecía, todo esto indica que un ataque contra EE.UU. está cerca y que, para defenderse, los norteamericanos deben mantener los petrodólares a toda costa, asegurándose un acceso privilegiado al petróleo y al gas, deben contener a China y debilitar a Rusia, para lo que lo ideal sería provocar su desintegración, al estilo de Yugoslavia. Curiosamente, los “expertos” que ven en la venta de deuda una actitud hostil por parte de potencias agresoras son los mismos que aconsejan a los inversores estadounidenses proceder de la misma manera, es decir, deshacerse de los títulos públicos, comprar oro e invertir en bienes sin los cuales los seres humanos no pueden vivir: tierra, agua, alimentos, recursos naturales, energía.


Transformar las obvias señales de declinación en previsiones de agresión busca justificar a la guerra como medio de defensa. Hoy la guerra es altamente rentable debido a la superioridad de EE.UU. en la conducción bélica, el suministro de equipamiento y los trabajos de reconstrucción. Y la verdad es que, como escribió Howard Zinn, EE.UU. ha estado constantemente en guerra desde su fundación. Además, a diferencia de Europa, la guerra nunca se libra en suelo estadounidense, salvo, claro, que se trate de una guerra nuclear. El 14 de octubre pasado, The New York Times difundió un informe de la CIA sobre el suministro clandestino e ilegal de armas y el financiamiento bélico en los últimos 67 años en muchos países, entre ellos Cuba, Angola y Nicaragua. Noam Chomsky dijo que ese documento sólo podía tener el siguiente título: “Sí, nos declaramos como el Estado terrorista más importante del mundo. Estamos orgullosos de eso”.


Un país en declive tiende a volverse caótico y errático en su política internacional. Immanuel Wallerstein dice que los EE.UU. se transformaron en un cañón descontrolado, un poder cuyas acciones son imprevisibles, incontrolables y peligrosas para sí mismos y para los demás. La consecuencia más dramática es que esta irracionalidad repercute y se intensifica en la política de sus aliados. Al dejarse envolver en esta nueva Guerra Fría, Europa no sólo actúa contra sus propios intereses económicos, sino que pierde la relativa autonomía que había logrado construir en el plano internacional después de 1945. 

 Europa tiene todo el interés en seguir intensificando sus relaciones comerciales con Rusia y en contarla como proveedora de petróleo y gas. Las sanciones contra Rusia pueden llegar a afectar más a Europa que a Rusia. Al alinearse con el militarismo de la OTAN, donde EE.UU. tiene total preponderancia, Europa pone su economía al servicio de la política geoestratégica norteamericana, se vuelve energéticamente más dependiente de EE.UU. y sus estados satélites, y pierde la oportunidad de ampliarse con la entrada de Turquía en la Unión Europea. Y lo más grave es que esta irracionalidad no es un mero error de evaluación sobre los intereses de los europeos. Es muy probablemente un acto de sabotaje por parte de las élites neoconservadoras europeas para volver a Europa más dependiente de EE.UU., tanto en el plano energético y económico como en el plano militar. Por eso, la profundización de la participación en la OTAN y el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y EE.UU. (la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión) son las dos caras de la misma moneda.


Puede argumentarse que la nueva Guerra Fría, tal como la anterior, no desembocará en un enfrentamiento total. Pero no olvidemos que, cuando comenzó, la Primera Guerra Mundial fue considerada una escaramuza que no duraría más que unos pocos meses. Duró cuatro años y costó entre 9 y 15 millones de muertes.

(*) Doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático en la Universidad de Coímbra.

sábado, 20 de diciembre de 2014

El océano Pacífico en las estrategias mundiales / Ramón Tamames *

Abordamos el tema con las primeras cuestiones: antecedentes en el dominio del mayor océano del planeta, y configuración de APEC como núcleo de nuevas iniciativas para procesos de cooperación e integración económica.

1. EL DOMINIO DEL PACÍFICO
Como el autor de este ensayo ha expuesto más detenidamente en otro lugar1, a partir de la conquista y colonización de Filipinas por España, se establecieron las bases de un intenso comercio entre Europa y China, a través de una auténtica nueva Ruta de la Seda marítima.
Desde los puertos del Celeste Imperio, Japón y el actual Vietnam, llegaban a Manila toda clase de cargamentos de seda, marfiles, porcelanas, algunas especies muy selectas, maderas preciosas, etc. Que en el Galeón de Manila o Nao de la China, y siguiendo la ruta de Urdaneta del Pacífico Norte, iban desde la capital de las Filipinas españolas a Acapulco (en la Nueva España, México), para después atravesar el istmo mesoamericano al puerto atlántico de Veracruz, y seguir posteriormente los tráficos hacia Sevilla.
Esa fue la ruta comercial más larga de la Historia hasta el siglo XIX. Con viajes anuales nada menos que durante 254 años, entre 1565 y 1819, cuando se cortó el tráfico por los movimientos independentis-tas en México. Eran los tiempos en los que el historiador O.H.K. Spate llamó The Spanish Lake2 al Océano Pacífico.
En cuanto a la apreciación por EE.UU. de la importancia del Pacífico se debe en buena medida a William Henry Seward, Secretario de Estado de Abraham Lincoln desde 1861, al ganar el partido republicano las elecciones presidenciales. Y sería Seward quien tras morir Lincoln en 1867, negoció la compra de Alaska a los rusos, lo que significó un reforzamiento de la posición de EE.UU. respecto al gran Océano. Como también procedieron de Seward los impulsos para la apropiación de las Islas Hawái y de Midway, ocupándose así el centro del escenario de todo el Pacífico.
Seward incluso llegó a predecir que la cuenca de ese inmenso mar (más extenso que todas las tierras emergidas por sus 165 millones de km2 de superficie), llegaría a ser más importante para el tráfico comercial que acotado por las riberas del Atlántico, entre Europa y las Américas. Todo ello con una lógica contundente: primero fue el Mediterráneo el océano de la civilización grecorromana y medieval, luego el Atlántico se convirtió en el gran escenario de los primeros grandes descubrimientos, y al final el Pacífico sería el culmen del comercio mundial. En este último caso, y en la inmediata postguerra de 1945, con una dinámica que se inició por la bipolaridad Japón/EE.UU., a la que ahora sucede la de EE.UU./China3.
Más recientemente aún: Lee Kuan Yew, fundador del estado-ciudad de Singapur a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, dijo en cierta ocasión que, “quien domine el Pacífico, dominará el mundo”.

2. LA APEC Y SUS AVANCES HASTA EL TPP
Tras las referencias hechas hasta aquí sobre la importancia del Pacífico en la historia económica mundial, hemos de subrayar que desde los años 80 del siglo pasado, se ha trazado un nuevo mapa de relaciones económicas internacionales. Por el espectacular crecimiento económico en la orilla asiática del Pacífico y en la costa de ese mismo océano de las Américas, de Norte a Sur, de Alaska a Chile.
Ese desarrollo del comercio tuvo su primera gran manifestación entre EE.UU. y Japón, y con el crecimiento ulterior de China y del Sudeste Asiático, se recreció hasta superar el comercio transatlántico. Siendo enteramente lógico que, en esas circunstancias, y en un momento dado, se alcanzara algún tipo de formación política internacional para la cooperación económica en el amplio área a que nos referimos. Eso es lo que sucedió con la APEC (Asia/Pacific Economic Cooperation o Cooperación Económica de Asia y el Pacífico).
El acta fundacional de la APEC data de la reunión celebrada en la capital federal de Australia, Camberra, en noviembre de 1989. A la cual asistieron representantes de ambas orillas del Pacífico; alentados en sus propósitos por el espectacular progreso del comercio recíproco, que desde una década antes ya había desbordado el intercambio transatlántico entre América del Norte y Europa4.
Los Estados miembros fundadores de la APEC fueron: Australia, Bru-nei, Canadá, China, Corea del Sur, EE.UU., Filipinas, Hong Kong –desde 1997 reincorporada a China—, Indonesia, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Singapur, Tailandia, Vietnam y Taiwán (que ingresó con el nombre de China Taipei). Esos 18 países disponían, en 1994, del 37 por 100 de la población mun-dial, practicaban el 40 por 100 del comercio (más que el interregional de la Unión Europea), y suponían algo más de la mitad del producto interior bruto mundial. Años después, en 2012, ingresó Rusia, y para 2014, el PIB global de la organización subió hasta el 55 por 100 del mundial.
En la cumbre de Manila de 1996, se firmó un Plan para la Acción suscrito para la eliminación progresiva de los obstáculos al comercio; empezando por la rebaja de las tarifas arancelarias, en la idea de situarlas en un máximo del 15 por 100 ad valorem antes del año 2000, con el objetivo final de eliminarlas por entero antes del 2010 para los socios industrializados del grupo, y no más tarde del 2020 para las economías en desarrollo de la zona.
El Plan de Manila-96, incluyó otros programas de actuación para di-versidad de ámbitos de las técnicas comerciales: normalización de procedimientos de aduanas, especificaciones sobre propiedad intelectual, mayor competencia en los mercados, etc. Además, en el Plan se previó la identificación de una «lista de sectores importantes cuya reducción arancelaria entrañaría un mayor crecimiento económico para el área; y de otra de sectores básicos en los que la desaparición de barreras no arancelarias tendrían un impacto favorable para la economía y el comercio». Asimismo, se acordó toda una serie de medidas para facilitar las transacciones, conocidas como iniciativas pioneras (endorsed pathfinder iniciatives), al objeto de agilizar los trámites en aduanas, telecertificación, y comercio electrónico.
De cara al horizonte de integración económica, dentro de los Estados americanos de la APEC, surgió, por el impulso especial de EE.UU., la idea de ir, según lo previsto en los trabajos de la APEC, a una Trans-Pacific Strategic Economic Partnership, TPP (Partenariado Económico Estratégico Trans-Pacífico), aunque inicialmente el proyecto se consideró en numerosas instancias como un intento de EE.UU. de conseguir un contrapeso comercial al creciente poderío económico de China.
Ese acuerdo de zona de libre comercio que se firmó en Singapur el 3 de junio de 2005 y entró en vigor el 28.V.200624. Originariamente formada por Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, después se han agregado al TPP otros seis países: Australia, Malasia, Perú, Japón, EE.UU., y Vietnam.
Terminaremos ocupándonos de las nuevas estrategias de cooperación e integración económica que están surgiendo a partir de APEC.

1Ramón Tamames, Vasco Núñez de Balboa y el Mar del Sur. Navegaciones y conquistas en los siglos XVI a XIX, Autoridad del Canal de Panamá, 2013
2O.H.K. Spate, The Spanish Lake, ANU E Press, 2010
3The Economist, “The Pacific Age”, Special Report. The Pacific, 15.XI.2014
4Ramón Tamames (Coord.), La economía internacional en el siglo XXI, Mediterráneo Económico, noviembre 2012

II 

Tras haber examinado previamente la creación de APEC y sus primeros avances, veremos las tres opciones que se abren para crear la gran zona de libre comercio del Pacífico, que será la mayor del mundo.

3. LAS OPCIONES PARA EL LIBRE COMERCIO EN EL PACÍFICO
Tras lo ya examinado sobre APEC, y considerado también el trasfondo global del Pacífico, subrayaremos que en estos momentos hay en liza en el área que nos ocupa tres proyectos diferentes de zonas de libre comercio, que se presentan con los siguientes nombres y contenidos1:

*TTP, según lo ya expuesto.
*FTAAP-21 (Free Trade Area Asia-Pacific, esto es, Área de Libre Comercio Asia-Pacífico), que es la iniciativa china planteada en Pekín, con ocasión del encuentro de APEC de noviembre de 2014.
*RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), proyecto que se relaciona con la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), en la idea unirse aduaneramente con Corea del Sur, Japón y China: ASEAN+3.

En el gráfico que figura a continuación, se ve como las tres áreas tienen zonas secantes, figurando en cada una de ellas los socios que ya son parte de las mismas, o que previsiblemente lo serán en el futuro.

De las tres fórmulas de áreas comerciales especificadas en el gráfico, la más avanzada es la TTP, a la que ya nos hemos referido; y que en cierto modo está copromovida por EE.UU. y Japón, y que incluye un total de doce países, que configuran un conjunto con el equivalente al 40 por 100 del PIB mundial.

Desde el TTP, se quiere atraer a China, en la idea muy ambiciosa de EE.UU. de que el conglomerado del Pacífico así configurado, se relacionaría con el esquema TAFTA (Trans Atlantic Free Trade Area, zona de libro comercio transatlántica), incluyendo, pues, todo el Pacífico más la Unión Europea.

En lo concerniente al FTAAP-21 es, con mucho, el más ambicioso propósito de los que estamos contemplando, pues incluiría a todos los países ribereños del Pacífico (23). Lo que haría del tratado resultante un acuerdo de gran envergadura: los doce Estados miembros del TTP, más cinco del RCEP. El acuerdo FTAAP-21 es por el momento una mera formulación china, que choca con el TTP de EE.UU./Japón. Siendo posible que a través de negociaciones, ambas áreas pasaran a ser una sola.


ACUERDOS COMERCIALES EN EL PACÍFICO


 (The Economist, “The Pacific Age”. Special Report, 15.XI.2014)

Por último, el RCEP, se corresponde, como ya se ha observado ante-riormente, con un planteamiento hecho por la ASEAN, abarcando sólo países asiáticos y del Pacífico Sur, pero no la orilla americana del gran océano. No obstante, el tratado que daría nacimiento a esta organización, está todavía por firmarse, tras las negociaciones iniciales de la ASEAN+3.

En cualquier caso, está claro que los países del Pacífico se encuentran ya en absoluta disposición para facilitar su intercambio recíproco, con medidas de supresión de barreras aduaneras, cualquier clase de impuestos a la exportación, limitaciones cuantitativas, etc. E incluso, en el caso del TTP, además del comercio de mercancías, se incluyen todos los demás temas de que se ocupa la Organización Mundial de Comercio, a través de sus diversas regulaciones vigentes: GATT (comercio de mercancías), GATS (comercio de servicios), TRIMS (movimiento de capitales), TRIPS (movimientos de propiedad intelectual), FS (servicios financieros) y TICs (telecomunicaciones e información).

En esa dirección de fusión TTP/FAAP-21, Obama instó a los líderes de la cuenca del Pacífico, en la reunión APEC de noviembre de 2014 en Pekín, a que ayuden a superar los obstáculos que quedan en la ruta que ha de llegar a un gran bloque comercial regional2.

Habrá, pues, una negociación entre los dos mayores proyectos antes examinados, incluso incluyendo el tercero. Para, a la postre, llegar a un acuerdo omnicomprensivo; que Obama ya tiene intención de relacionar con sus negociaciones por la TAFTA (Trans-Atlantic Free Trade Area), que abrirían una fase de intensificación comercial entre Europa y Norteamérica.

Y así termina el presente artículo, sobre lo que está sucediendo en el gran Océano Pacífico, a través del cual se mueve hoy el mayor tráfico económico de todas clases entre sus países ribereños. En lo que es un movimiento de gran interés, también político, que puede ayudar mucho a mitigar las tensiones manifiestas entre China y otras naciones asiáticas; y sobre todo con EE.UU.

1The Economist, “The Pacific Age”, Special Report. The Pacific, 15.XI.2014
2Shawn Donnan, “Obama urges Pacific Rim trade deal”, Financial Times, 11.XI.2014

(*) Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Autónoma de Madrid

domingo, 21 de septiembre de 2014

El reto de 'Podemos' / Ramón Cotarelo *

Twitter es parte decisiva del ágora pública digital. Una corrala tecnetrónica en donde las noticias se dan simultáneas a los hechos de que informan. Anoche saltó una: Pablo Iglesias retaba en directo en La Sexta a un debate cara a cara a Pedro Sánchez. Un terremoto. Los tuiteros se enzarzaron. Los socialistas estaban enconados; unos criticando que Podemos fuera la oposición de la oposición, lo cual favorece al gobierno; otros señalando que era el PSOE quien ya había retado a Podemos infructuosamente. Ignoro si Sánchez ha recogido el guante. Supongo que sí.

Iglesias es ante todo un animal mediático. Su capacidad para hacer política a través de los medios tiene al respetable maravillado. Si Guy Debord hubiera alcanzado a ver el auge de Podemos, se sentiría vindicado en su veredicto de la sociedad del espectáculo; y Baudrillard hubiera detectado de inmediato el simulacro. La política se hace valiéndose de los medios de comunicación. En ellos está la llave del poder. No el poder mismo. Con los medios se ganan las elecciones. En ese terreno es donde Pedro Sánchez ha salido también a la reconquista del electorado perdido. El nuevo secretario general del PSOE sigue de cerca a Iglesias, lo imita, al tiempo que lo distingue con sus críticas al populismo y, siguiendo su ejemplo, se multiplica en lo medios.

Casi suena a una historia para etólogos, con dos machos marcando territorio y luchando por la jefatura de la manada. O para politólogos, con dos líderes delimitando campos y compitiendo por la hegemonía sobre el electorado. El reto de Iglesias es el desafío a combate singular de los dos jefes por ver cuál señorea el campo mediático. Eso es lo que más irrita a los socialistas, el hecho de que, como buen táctico, el de Podemos escoja el momento y el lugar de la confrontación. De nada sirve recordarle que los socialistas lo habían retado antes o que el deber de la oposición es oponerse al gobierno y no a la oposición. Son consideraciones irrelevantes para el cálculo pragmático que late en el reto.

No estando en el Parlamento, Iglesias tiene escasa base para invitar a un debate televisado a Rajoy que, por otro lado solo se pone delante de una cámara cuando no hay nadie más en kilómetros a la redonda. Ese reto corresponde a Sánchez a quien, aun siendo parlamentario, no se le había ocurrido. O no lo tiene por necesario pues, en principio, ya se mide con Rajoy los miércoles en el Congreso. Aunque esto no sea en nada comparable a un debate de televisión.

El reto llega el mismo día en que, entre noticias contradictorias, parece fijo que Podemos concurrirá solo a las elecciones municipales, dejando las alianzas para después de la votación. En realidad, la organización/movimiento ha fagocitado a IU, pero no le interesa la fusión porque, procediendo de la misma cultura comunista en sentido genérico, no quiere que se la confunda con ella. Esta actitud pretende reproducir el ejemplo de la Syriza griega que, viniendo de la izquierda marxista, no es el partido comunista. Al plantear el reto al PSOE, Podemos ya da por amortizada IU, se sitúa a la par con el PSOE y le riñe el territorio. Convierte de esta forma en acción política los resultados de los últimos sondeos que dan a Podemos como segunda fuerza política en Madrid.

Así se muestra la  iniciativa política pero también se abre cierta paradoja. Iglesias aparece ahora como  el defensor de la plaza mediática frente al forastero que quiere entrar en ella. Justo lo que era él hace un par de años. Los dos están bastante nivelados en edad, formación, actividad política. Pero uno defiende las murallas y el otro las asalta. Son Eteocles y Polinices en la lucha por Tebas y por la herencia maldita de Edipo: el poder. Hay mucho de personal en este enfrentamiento. Pero discurrirá por los cauces dialécticos. Iglesias querrá dejar probado que el aparato del PSOE es pura casta, si bien no así su militancia, mientras que Sánchez probará el peligroso populismo de su adversario quien, por ganarse el favor de las mayorías, arruinará el país. 

Ese reto apunta a un debate con un significado que va mucho más allá de la circunstancia actual. Es un debate en el territorio de la ya casi ancestral división de la izquierda entre, para entendernos, socialistas y comunistas; un debate histórico, interno a la izquierda. Una pelea que los comunistas han perdido siempre cuando la competición era a través de elecciones democráticas. La tradición comunista, queriéndose pura y considerando traidora a la socialista, es la eterna derrotada. De ahí que Podemos, procedente de esa tradición pero con voluntad de triunfo y de representar algo nuevo, evite toda asociación con el comunismo; pero su objetivo principal sigue siendo la socialdemocracia. Pues la miel de la victoria solo se degusta cuando el adversario prueba la hiel de la derrota.

La diferencia entre este enésimo enfrentamiento y los anteriores es que los retadores tienen una voluntad deliberada de dar la batalla en el discurso. En lugar de enfrentarse a la socialdemocracia -a la que previamente relegan al campo de la derecha- mediante el radicalismo de la palabra, ahora se hace mediante un discurso templado, neutro, moderado, relativista para no asustar a nadie, pero con promesa de reformas de calado. Una versión actualizada del reformismo radical a que se apuntó la izquierda alemana posterior a los años sesenta. Si al poder solo se llega por vía electoral, hay que ganar el apoyo de la mayoría, cosa que se hace diciendo a esta lo que esta quiere oír; y oír a través de la televisión. Por eso es imprescindible cuidar el lenguaje, convertirlo en un telelenguaje, que no asuste, ni crispe, que invite a confiar. Un ejemplo llamativo: los marxistas de Podemos no hablan nunca de revolución, sino de cambio. El término con el que ganó las elecciones el PSOE en 1982 y el PP en 2011. La moderación y buenas formas del lenguaje tienen réditos electorales, aunque preanuncien un apocamiento de las intenciones.

Esa división de la izquierda beneficia a la derecha. Pero es inevitable. Y, además de inevitable, de consecuencias muy variadas. El reto a Sánchez se inscribe en la estrategia de lucha por la hegemonía de esta jurisdicción ideológica y trata de provocar una situación en que el enfrentamiento sea entre la derecha y Podemos, para lo cual este encaja al PSOE en el PP con el torniquete de la casta. A su vez, el PSOE puede revestirse de la autoridad que parece dar la moderación frente a los extremismos fáciles de esgrimir: el populismo de los neocomunistas, el neoliberalismo e inmovilismo de los nacionalcatólicos. La amenaza de polarización puede venir bien al PSOE, beneficiario del voto asustado por los radicalismos, para resucitar el centro de la UCD. 

De esas incertidumbres está hecha la política.
 
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED

sábado, 6 de septiembre de 2014

China y el fracaso de la 'Doctrina Kissinger' / Germán Gorráiz López *

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la producción de petróleo en Rusia alcanzó su máximo histórico (11,41 millones de barriles diarios) en el año 1988 cuando todavía formaba parte de la Unión Soviética, pero tras el declive provocado por la crisis económica del 2008, la producción ha ido in crescendo. Así, según el diario ruso Vedomosti, la producción petrolera rusa se incrementó un 1,3 % en el 2013 hasta alcanzar los 10,59 millones de barriles por día (bpd) y el principal motor para el alza fue el nuevo campo petrolero Vankor, que desarrolla Rosneft, la mayor productora petrolera del país.


Éste alcanzó una producción de 18,3 millones de toneladas en el 2013 y espera alcanzar los 25 millones de Tm en el 2014, lo que le convierte en la principal fuente de la exportación rusa por oleoducto a China (conexión Siberia Oriental-Océano Pacífico (ESPO) y asimismo, los suministros de crudo ruso, conocido en los mercados internacionales como ESPO, podrían convertirse en un referente de precios regionales (principalmente para China, Japón y Corea del Sur ) a partir de 2015 y pasar a ser el estándar absoluto del mercado mundial, sustituyendo a los actuales petróleos de referencia (Brent y Texas) así como la sustitución del dólar como patrón de referencia en las transacciones comerciales por el yuan.

Putin habría iniciado además una política de diversificación de las ventas energéticas para no depender en exclusiva de la UE, pues la estructura económica rusa controla solo 2,5% de las exportaciones mundiales y adolece de una excesiva dependencia de las exportaciones de gas y petróleo (el 70 % de los ingresos provienen de estas vías), la devaluación del rublo respecto al dólar ( un 20% desde que comenzara la crisis de Ucrania) , una inflación galopante (7% en marzo del 2014) y un severo recorte de los Superávits ( un exiguo 0,3% del PIB en el 2014) y la obsoleta planificación estatal, pues el complejo militar,los proyectos espaciales y las subvenciones a la agricultura siguen acaparando la mayoría del presupuesto ruso condenando a la inanición financiera a la industria ligera y la producción de alimentos.

Así, según la agencia Reuters, Rusia y China habrían sellado un estratosférico contrato petrolero que se convierte en uno de los mayores de la historia de la industria energética por el que la empresa rusa Rosneft, (la mayor petrolera del país), suministrará petróleo al gigante asiático durante 25 años por valor de 270.000 millones de dólares (unos 205.000 millones de euros) lo que aunado con el megacontrato gasístico firmado por la rusa Gazprom y la china CNPC por el que Rusia suministrará al país asiático 38.000 milones de metros cúbicos de gas natural por un monto aproximado de 400.000 millones de dólares y con una vigencia de 30 años a través del gaseoducto Sila Sibiri (La Fuerza de Siberia), sentaría las bases económicas de la futura Unión Euro-Asiática que iniciará su singladura el 1 de enero del 2015 como alternativa económica y militar al proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de EEUU en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico, aunado con una posible ofensiva ruso-china junto con los demás países BRICS para cambiar de patrón monetario mundial y sustituir el papel del dólar como moneda de referencia.

China, por su parte, habría asumido el reto de construir un nuevo canal en Nicaragua (Gran Canal Interoceánico) similar al canal del istmo de Kra que tiene proyectado entre Tailandia y Birmania para sortear el estrecho de Malaca, convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas e inauguró en el 2010el gasoducto que une a China con Turkmenistán y que rodea a Rusia para evitar su total rusodependencia energética al tiempo que diversifica sus compras. Así, México apuesta por duplicar sus exportaciones de petróleo hacia China y aumentar los embarques hacia la India en el 2014, y la petrolera estatal venezolana Pdvsa intenta redireccionar sus exportaciones hacia China e India para suplir la drástica reducción de ventas de crudo a EEUU. Así, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU, por lo que tras el golpe de mano del Ejército en Tailandia, asistiremos a sendos golpes de mano de la CIA en Venezuela y Nicaragua para defenestrar a Maduro y Ortega con el objetivo inequívoco de secar las fuentes energéticas de China, hecho que implicará el triunfo de las tesis de Brzezinski sobre la doctrina del G-2 de Kissinger.

La “doctrina Kissinger” abogaba por la implementación del G-2 (EEUU y China) como árbitros mundiales. Así, en un artículo publicado por el New York Times, titulado “La ocasión para un nuevo orden mundial”, Kissinger considera ya a China una gran potencia (felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China sobre la base del concepto de destino común,( siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial), con lo que asistiríamos a la entronización de la Ruta Pacífica (América-Asia) como primer eje comercial mundial en detrimento de la Ruta atlántica (América- Europa).

Sin embargo, el objetivo inequívoco de Brzezinski, ex-asesor de Carter y cerebro geopolítico de la Casa Blanca, sería la confrontación con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001 por los Cinco de Shanghai (China, Rusia, Kazajistán, Kirgistán, Tajikistán) más Uzbekistán y convertida junto con los países del ALBA e Irán en el núcleo duro de la resistencia a la hegemonía mundial de Estados Unidos y Gran Bretaña, teniendo a Xinjiang como escenarios para sus operaciones desestabilizadoras.

El Turquestán oriental o Xinjiang (“Nueva Frontera”), fue incorporado al imperio chino en el siglo XVIII y representa el 17% de la superficie terrestre del país y el 2% de su población) y la etnia uigur de Xinjiang (de origen turco-mongol y con un total de 8.5 millones de habitantes), conserva características étnicas e islámicas que les situarían muy próxima a sus parientes de Asia central y Turquía, por lo que sería el caldo de cultivo ideal para implementar la estrategia brzezinskiniana del “choque de civilizaciones”, consistente en lograr la balcanización de China y su confrontación con el Islam (cerca de 1.500 millones de seguidores) así como secar sus fuentes de petróleo de los países islámicos del Asia Central, pues varios de los más importantes gasoductos de China pasan por Xinjiang en procedencia de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán y Rusia, lo que explicaría la importancia estratégica de dicha provincia dentro de la estrategia brzezinskiniana de lograr la total rusodependencia energética china para en una fase posterior acabar enfrentándolas entre sí y finalmente someterlas e implementar el nuevo orden mundial bajo la égida anglo-judío-estadounidense. 

(*) Maestro de Enseñanza Primaria Pública en España

Nueva Guerra Fría / Serge Halimi *

En 1980, para resumir su visión de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Ronald Reagan usó esta expresión: “Nosotros ganamos; ellos pierden”. Doce años más tarde, su sucesor inmediato en la Casa Blanca, George Bush, se congratulaba por el camino recorrido: “Un mundo antes dividido entre dos campos armados reconoce que sólo hay una única superpotencia: Estados Unidos de América”. Fue el fin oficial de la Guerra Fría.

Este periodo, a su vez, ya es pasado. La hora de su muerte sonó el día en que Rusia se cansó de “perder” y estimó que su programado descenso nunca tocaría fondo, dado que cada uno de sus vecinos se veía sucesivamente atraído –o sobornado– por una alianza económica y militar dirigida contra ella. Por otra parte, el pasado marzo, en Bruselas, Barack Obama recordó: “Los aviones de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte] patrullan los cielos sobre el Báltico, hemos reforzado nuestra presencia en Polonia y estamos dispuestos a hacer más” (1). Frente al Parlamento ruso, Vladímir Putin asimiló tal disposición a la “infame política de la contención” que, según él, las potencias occidentales oponen a su país desde… el siglo XVIII (2).

Sin embargo, la nueva Guerra Fría será diferente a la anterior. Ya que, como ha señalado el Presidente de Estados Unidos, “a diferencia de la Unión Soviética, Rusia no lidera ningún bloque de naciones, no inspira ninguna ideología global”. La confrontación que se instala también ha dejado de oponer una superpotencia estadounidense que basa en su fe religiosa la seguridad imperial en un “destino manifiesto” a un “Imperio del Mal” que Ronald Reagan maldecía además por su ateísmo. En cambio, Vladímir Putin corteja –no sin éxito– a los cruzados del fundamentalismo cristiano. Y cuando se anexiona Crimea, recuerda de inmediato que es el lugar “donde fue bautizado San Vladímir (…), un bautismo ortodoxo que determinó los fundamentos básicos de la cultura, los valores y la civilización de los pueblos rusos, ucranianos y bielorrusos”.

Tanto como decir que Moscú no admitirá que Ucrania se convierta en la base de operaciones de sus adversarios. Candente por una propaganda nacionalista, que incluso excede el lavado de cerebro occidental, el pueblo ruso se opondría a ello. Ahora bien, en Estados Unidos y en Europa, los partidarios del gran rearme superan la apuesta: proclamaciones marciales, avalancha de sanciones heteróclitas que sólo fortalecen la determinación del campo contrario. “Quizás la nueva Guerra Fría será aún más peligrosa que la anterior –ya advirtió uno de los mejores expertos estadounidenses sobre Rusia, Stephen F. Cohen–, porque, contrariamente a su predecesora, no encuentra ninguna oposición –ni en la Administración, ni en el Congreso, ni en los medios de comunicación, las universidades, los think tanks (3)–”. La receta comprobada de todos los engranajes…

(*) Director de 'Le Monde Diplomatique'

(1) Discurso de Barack Obama en Bruselas, 26 de marzo de 2014.
(2) Discurso de Vladímir Putin en el Parlamento ruso, 18 de marzo de 2014.
(3) Pronunciada en la conferencia anual Rusia-Estados Unidos, Washington, 16 de junio de 2014. Retomada en The Nation, Nueva York, 12 de agosto de 2014.

Reflexión sobre Podemos / Ramón Cotarelo *

La fulgurante aparición de Podemos ha sembrado el desconcierto en el sistema político, lo cual es una muestra de lo lentos que somos en nuestras percepciones y nuestra poca capacidad para explicar las novedades. Hace lustros que se teoriza sobre la "sociedad de la información y la comunicación", la "sociedad mediática", las democracias de los medios. Pero seguimos sin entender cómo funcionan. Los partidos ya no se fundan en modestas tascas de barrio o en los mullidos despachos de abogados y banqueros y en relaciones personales. Surgen de una realidad abigarrada, fragmentada, que llamaría "postmoderna" si supiera qué quiere decir eso. De una comunicación que trasciende el orden personal, mediada por las TICs. Incluso algún adelantado del análisis político académico, como Rospir, propuso llamarlos media parties hace años. Podemos tiene algo de esto, pero no se agota en ello. Ni mucho menos.

Sentado, pues: la reacción mayoritaría del establishment político mediático ha sido hostil. Eso que antes se llamaba el sistema, un término similar al de casta de Podemos y también muy conveniente porque permite identificar un enemigo y hacerlo de un modo suficientemente vagaroso para incluir o excluir de él a quien nos parezca en cada momento. Ese pronombre "nos" es la clave del concepto, la clásica e implícita contraposición entre "nosotros " y "ellos". Aclaro que me refiero a la vieja idea de sistema. Esta reciente que se trasluce de las acusaciones de "antisistema" en boca de gentes conservadoras es un contrasentido que no cuaja, pues usan el término sistema como sinónimo de "orden constituido", el que las beneficia a ellas.

La reacción ha sido muy hostil. La derecha no ha parado en barras y tanto sus políticos, diputados como sus innúmeros portavoces en los medios y tertulias han ido al ataque en todos los frentes, político, ideológico, social, personal. Con tanta saña que algunos se preguntan si no se conseguirá el efecto contrario de ensalzar la formación a ojos de la opinión pública. Porque esa opinión es muy contundente. Pablo Iglesias es el líder mejor valorado en los sondeos; Mariano Rajoy, el peor. Ya no gana ni al socialista.

El PSOE ha sido más moderado, pero su reacción es igualmente hostil. Podemos es antisistema, populista y neobolchevique. Alfonso Guerra propone una alianza entre PP y PSOE frente al resurgir de neofascismos y neocomunismos. Es comedido. No menciona Podemos, pero no hace falta. Felipe González sí se desmelena más y compara Podemos con Chavez, Le Pen, Beppe Grillo y Syriza. Otro que tampoco entiende la sociedad mediática en la que vive y sobre la que teoriza. Si algo tienen en común Chavez, Le Pen, Beppe Grillo y Syriza es que salen por la tele. Pero eso le pasa a él también, así que habría que incluirlo en la lista de no ser porque esta lista es una tontería, con todos los respetos.

La reacción de IU es cautamente ambigua. Los resultados electorales recientes y el sentido común indican que la federación ha sido el principal caladero de votos de Podemos. De ahí esa actitud ambivalente de sí pero no, somos lo mismo pero no somos lo mismo y otros sofismas que no dejan mucha salida a ninguno de los dos porque tampoco Podemos puede permitirse ir a una alianza con una fuerza tradicionalmente perdedora y ahora debilitada precisamente por su presencia. Es una situación cruel, pero no tiene otra salida que la hegemonía de Podemos à tout hazard.

Porque, efectivamente, contra pronósticos, Podemos supone una alteración sustancial del sistema político. Al día siguiente de las elecciones europeas (que hicieron trizas la autoestima de los sondeos) hubo una cascada de dimisiones en otros partidos y fuerzas; hubo primarias, secundarias, terciarias y hasta tercianas. Incluso ha amanecido un proyecto de reforma de la Ley Electoral General, dentro de un plan pomposamente llamado de "regeneración democrática". Lo suficiente para que, al margen de consideraciones más o menos coyunturales, se intente un análisis, siempre provisional, pero imparcial del fenómeno. Confieso de antemano que mi imparcialidad es compatible con mi simpatía por el movimiento y sus dirigentes, a algunos de los cuales conozco personalmente y de los que me siento cercano, especialmente Iglesias, Errejón o Urbán.

Podemos tiene una faceta inmediata, práctica, contingente. A ocho años de una crisis sistémica, aguda y que parece no tener fin; a tres años de un gobierno especialmente antipopular, autoritario y corrupto de la derecha; con una sociedad civil desmoralizada, después de una experiencia de fracaso del último gobierno de Zapatero, el terreno estaba baldío pero en barbecho. La aparición de un movimiento nuevo, fresco, joven, sin vínculos con el oscuro pasado, dirigido por una personalidad fuertemente carismática, popularizada en los medios de comunicación, viralizada en las redes sociales, iconografiada ya hasta en videojuegos, tenía que despertar una oleada de simpatía popular, adhesión y, por supuesto, esperanza. Porque todo eso se da en un contexto social caracterizado por un paro juvenil masivo que hace hablar de una "juventud sin futuro", una contradicción en los términos porque la juventud es el futuro.

Pero Podemos tiene una faceta mediata, de más peso teórico, menos transitorio. Tiempo habrá de estudiar hasta qué punto el movimiento se fragua en las asambleas del 15-M, pero la relación entre ambos, 15-M y Podemos es evidente. Es más, hasta cabe decir que esta fuerza es la forma que adquiere el debate algo atascado en el 15-M, acerca de cómo alcanzar eficacia en la acción política, si manteniendo la asamblea u organizándose en partido. De ahí que Podemos tenga todavía pendiente esta cuestión organizativa, que ya se verá cómo se soluciona. 

Al margen de ello, sin embargo, sí parece claro que la organización de los círculos acepta el principio democrático de que al poder se llega ganando elecciones. Eso del neobolchevismo es un golpe bajo. Ahora bien, las elecciones tienen unas condiciones, unos requisitos, formales y materiales que, de siempre, han sido fuerte escollo para las aspiraciones de las izquierdas en todo el mundo. El primero de todos, dictado por la experiencia, es que en las sociedades occidentales (a falta de nombre mejor) la mayoría, que es lo que se precisa para ganar, es centrista. Las opciones, en consecuencia, moderan su lenguaje y sus programas para no verse arrinconadas. Ahí tiene poca cabida la disyuntiva crasa izquierda-derecha que, sin embargo, sigue siendo real, de forma que se multiplican las anfibologías, los eufemismos: clases medias, los de arriba y los de abajo, etc.

Hay más, mucho más en los procesos electorales (listas, escutinios, etc), pero nos quedamos con la cuestión esencial: cómo obtener la mayoría electoral para una opción de izquierda hoy. Hay dos pasos: a) coalición de la izquierda (preelectoral o postelectoral) en sentido estricto; b) coalición de la izquierda en sentido amplio. 

Respecto a a) no es exagerado decir que Podemos se perfila como el eje en torno al cual quizá pueda fraguar una unidad de la izquierda. Si frentista o no es cosa de terminología. El problema no es terminológico, sino de contenido. Se trata de saber si las demás izquierdas, IU y sus constelaciones, aceptarán formar parte de una alianza hegemonizada, quieran o no, por Podemos. Doy por supuesto que esta coalición por sí sola no daría el gobierno a esta unión de la izquierda. Si no fuera así y se la diera, podríamos ahorrarnos considerar el paso b).

Respecto a b) y en el supuesto de que a) salga adelante. Se trata de saber si en la coalición entra o no el PSOE y cómo. Cuestión la más peliaguda por las murallas de reticencias por todas partes. Según unos, es pronto para decidir y conviene esperar los resultados de las municipales de mayo de 2015 y ver cuáles son los del PSOE. Si este va en una senda de pasokización o si mantiene su segundo (y puede que hasta primero) puesto en la dualidad de partidos dinásticos. Desde luego, las proporciones que se decanten serán decisivas para las opciones que adopten los dirigentes. Y es probable que, al final, la decisión recaiga sobre Podemos y el PSOE ex-aequo.  

Y aquí es donde hay que pensar si la sociedad española se merece otros cuatro años de gobierno de esta derecha.
 
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED

domingo, 24 de agosto de 2014

¿Rebota de nuevo la crisis global? / Francisco Poveda *

Un ingeniero valenciano de 62 años formado en la Universidad Politécnica de Madrid, Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España, ex consejero del FMI, ex miembro del Grupo de los 30, del Comité de Basilea y actual director general del Banco de Pagos Internacionales acaba de advertir de un rebrote de la actual o de la más que probable llegada de otra gran crisis global de base financiera cuando el Mundo conoce una situación pre bélica en Europa y Oriente Medio.

Caruana comanda hasta 2017 el banco central de 58 bancos centrales nacionales y se le supone lógicamente uno de los dirigentes más y mejor informados de nuestro planeta puesto que el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea, es pilar fundamental del sistema económico unificado mundial, diseñado por la élite global, que hoy representa el 75% de la actual producción económica mundial hasta llegar a alcanzar los 51 billones de dólares anuales.

Pues bien, este miembro de la clase dirigente planetaria piensa que el sistema financiero mundial es ahora más frágil que antes de la crisis iniciada en 2007 puesto que el ratio de endeudamiento es un 20% mayor en las economías más desarrolladas, hasta alcanzar el 275% del PIB. 

También piensa que los desequilibrios financieros masivos que trajeron esa crisis de 2007 han ido a más. Y lo peor de todo: que el actual divorcio entre la pujanza de los mercados financieros y la evolución económica mundial llevará pronto a una corrección masiva.

Existe seria preocupación, si seguimos escuchando a Caruana, por el aumento del nivel de deuda y de euforia de los mercados financieros - "el inversor ignora el riesgo cegado por su búsqueda voraz de rendimiento"- tras un aumento del 40% de deuda pública global, que sólamente en Estados Unidos ha crecido hasta los 17'5 billones de dólares y hasta los 710 la burbuja mundial de productos derivados. Como consecuencia inmediata, los grandes bancos, esos que no podemos permitir que quiebren para evitar una eclosión de todo el sistema, han crecido un 37% desde el inicio de la reciente crisis económica mundial.

Pero Caruana no es el único que sabe la que se avecina de no reaccionar con suma urgencia. El director del Banco de la Reserva de la India, uno de los actuales grandes países emergentes, y ex directivo del FMI, Raghuran Rajan, advierte, igualmente, de una nueva crisis financiera global por las débiles políticas monetarias de los países más desarrollados. Ello se traduce, a su experto juicio, en una gran vulnerabilidad de los mercados financieros por trufados de acciones y activos inflados. "El Mundo está ahora menos capacitado que en 2007 para resistir su coste", ha concluido Raghuran.

Por algo la consultora internacional KPMG ha pedido recientemente a la banca europea medidas preventivas, previas a las pruebas de estrés del próximo otoño, para demostrar su fortaleza y consistentes en establecer una relación sutil entre capital, activos y apalancamiento.

Finalmente, un analista norteamericano de renombre y autor de varios libros de predicción económica, Harry Dent, ha calificado de lamentable el estado de la economía estadounidense que, a su juicio, acabará estallando como una burbuja y llevará a una confrontación inevitable entre los ciudadanos de a pie y la élite, no solo en EE.UU. sino en todo Occidente.

Las manipulaciones de los bancos y los esfuerzos por aplazar una crisis financiera de una manera artificial, han distorsionado el ciclo natural económico, lo que desembocará en la ruina del mundo occidental, predice Dent.

La burbuja extendida de la economía de EE.UU. ya se ha hinchado tanto como podía y está a punto de estallar, lo que evidencia la vuelta de la desigualdad extrema en los ingresos de la llamada clase media y la élite norteamericana. 

"Nos estamos acercando rápidamente al punto en que, a menos que algo cambie, las personas corrientes iniciarán una revuelta", asegura este analista de largo recorrido.

Dent supone que debido al descontento de la mayoría de la población por las ganancias extremas de la clase alta, EE.UU. no será el único país en vivir "la rebelión de las masas", sino que "la gente común empezará a rebelarse en todos los países desarrollados", piensa él. 

"Sin duda, la próxima revolución occidental no será agradable, pero va a marcar el comienzo del próximo gran resurgimiento de la clase media en los países desarrollados y acelerará la nueva oleada de clase media en los países emergentes", concluye el analista.

No anda desencaminado Dent puesto que Estados Unidos, que dice crecer ya al 3% anual, no logra embridar el desempleo, hasta el punto de que se llega a hablar de un 21% de tasa real pese a que el presidente Obama revelase hace unos días que su país había creado diez millones de empleos en los dos últimos años.

La Eurozona no le anda a la zaga. El presidente electo de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker acaba de reconocer que no se ha superado la crisis porque  falta crecimiento y empleo en una Unión Europea donde, oficialmente, el 11,5% de su población activa se encuentra de brazos cruzados en espera de una recuperación, ahora ralentizada por las crisis geopolíticas de Ucrania y Oriente Medio, y que también afecta en su retardo indirectamente a Estados Unidos como principal socio comercial de los europeos y por constituir, además, un riesgo añadido para la recuperación global.

Tanto el Banco Central Europeo como el Bundesbank alemán coinciden en que la Eurozona en particular y la Unión Europea en general están soportando los riesgos inherentes a esas tensiones geoestratégicas, que llevan a una lenta recuperación del empleo y que también se traduce en una menor demanda externa por parte de China y Estados Unidos, lo que todavía no impide un superávit comercial en la Eurozona pese a las añadidas sanciones rusas que tanto afectan a Alemania y a la Europa del Este.

Curiosamente, por primera vez el mercado del petróleo no se muestra sensible para peor ante el presente escenario mundial ya que ha vuelto el rango de unos 100 dólares el barril. Parece también cansado de las crisis además de sufrir mucha menor especulación financiera y una coyuntura económica débil, que acusa su demanda ante una política de oferta estructuralmente distinta al superar ya la producción de Estados Unidos a la de Rusia y Arabia Saudí.

Como colofón, el millonario norteamericano Donald Trump se apunta al grupo de los pesimistas y se suma a Caruana, Rajan y Dent en las predicciones sobre lo que puede pasar si el rumbo no se corrige con premura.

A su juicio, la economía de EE.UU. está a punto de alcanzar la ruina financiera. Y así asegura que los inmensos niveles de deuda, la alta tasa de desempleo y la inevitable reducción de la calificación crediticia son todos los ingredientes necesarios para que eso llegue de un momento a otro.

"Cuando no eres rico, tienes que salir a pedir dinero prestado. Estamos pidiéndoles prestado a los chinos y a otros. Muy pronto nuestra deuda será de  más de 18 billones", afirma.

 Trump sostiene que la tasa de desempleo real en EE UU es más del doble de lo que se informa en este momento, y señala que la cifra de desempleo del 8,2% "no es un número real". La tasa verdadera ha ascendido al 16%, e incluso algunos creen que es tan alta como un 21%, revela el multimillonario.

(*) Periodista y profesor

domingo, 17 de agosto de 2014

La casta se resiste a la inevitable catarsis regeneracionista / Francisco Poveda *

Una práctica demoscópica tan simple como auscultar la intención de voto directo de los ciudadanos en una democracia occidental ha puesto de los nervios a la actual clase política dirigente y despertado los deseos de regeneración y cambio, casi radical, de buena parte de la sociedad española, que ya no puede más con un estado de corrupción estructural que le impide avanzar ante la ausencia de una masiva inversión extranjera, en tiempos de tanta rentabilidad local, y la consiguiente creación de empleo estable; aspectos ambos que, desde la alarma en las cancillerías de nuestros principales aliados europeos, provocaron la súbita abdicación de nuestro anterior monarca junto a otras cuestiones más domésticas aunque no menos determinantes para su apartamiento, previo a la inevitable catarsis, para intentar a la desesperada, y no sin cierta improvisación, reformar el sistema desde dentro y evitar así que emerja un populismo de corte republicano.

La indecisión en su voto de unos diez millones de españoles es lo que realmente ha encendido las alarmas de la casta, o nomenklatura en argot soviético, si a eso se le suma una cifra disparada de abstencionistas que, en primera instancia, pueden ver en 'Podemos' ocasión para su 'venganza' con una clase política absolutamente insensible con los sectores sociales que más laceradamente están sufriendo en nuestro país los peores efectos de una crisis económica, que no remite por mucha propaganda que se empeñen en destilar quienes no están gobernando para la mayoría, ni siquiera de sus votantes y/o afiliados de clase media, más bien en su contra, con el peligro populista de derechas que eso conlleva para la democracia.

Esa alarma en la llamada casta se ha terminado de agravar con el cierre en falso de una más que precipitada intención de renovar el PSOE y la manifiesta incapacidad del PP de hacer ya mismo lo propio pese a contar en teoría con el banquillo de gente más preparada para, desde la moderación, presentar alternativas democráticas creíbles a un cuerpo electoral muy castigado desde La Moncloa por una intencionada estrategia de confusión en su mensaje y con la mentira vergonzante más burda desde Génova 13. Y que ha pillado a la autoritaria IU, por aquello del centralismo democrático, con el pié cambiado en cuanto a liderazgo y estrategia, precisamente cuando parecía haber vuelto su nueva gran oportunidad de no haber surgido 'Podemos' y el 15-M en su ámbito.

Si aceptamos que el 15-M catalizó un estado creciente de descontento y que 'Podemos' puede ser su primera expresión política y herramienta útil más a mano para hacer posible el cambio regeneracionista, en la clásica línea de Joaquín Costa, que ya no admite más espera por una pura cuestión de supervivencia para España, se podría concluir que la catarsis es inevitable ante el abuso de poder de las élites políticas surgidas de la Constitución de 1978, hasta el límite de 'expulsar' al extranjero a un gran número de jóvenes universitarios y profesionales, con la más absoluta falta de tacto y por unos intereses personales y de casta, que chocan frontalmente con los estratégicos del país al mermar seriamente lo mejor de nuestro recurso humano, en el que tanto dinero público se ha invertido por la sociedad en general, e hipotecar así un futuro de bienestar para todos.

Esa también falta de sensibilidad real, incluso desde La Zarzuela, es lo que da paso a un proceso natural de sustitución del modelo político -tan estudiado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense (UCM), de donde surge precisamente 'Podemos'-, cuyo primer chispazo vimos hace más de tres años en la Puerta del Sol con el 15-M y que, a las primeras de cambio electoral, como los recientes comicios al Parlamento Europero, ya aparece con cierta forma y capaz de iniciar su andadura, por exigencia generacional primero y de toda la sociedad por inducción más adelante, con urgencia inmediata de reemplazos en las administraciones públicas y activación de la Justicia, ante la que dar cuenta inexcusable quienes han forzosamente de marcharse tras explicar su gestión.

Los líderes de 'Podemos', alguno destacado con tentaciones populistas de izquierda, pero surgidos todos de un área de conocimiento social como la política y la sociología a nivel teórico, saben perfectamente las fases y tiempos de ese proceso natural y, por ahora en solitario, avanzan en terreno más que propicio hacia un cambio pedido a gritos y que no puede esperar ante la paralización democrática de los grandes partidos en presencia por mor de unos intereses personales imbricados con la corrupción y que solamente sirven ya a sus fariseos porque ni siquiera a sus amos y patrocinadores, que ahora miran muy inquietos hacia otro lado en busca del recambio inaplazable como deja meridianamente claro el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre intención directa de voto de los españoles.

Los que desean el cambio regeneracionista ya aparecen como mayoría en progresión entre todos los estratos sociales, hasta el punto de que el PP (12,8% en intención de voto) sólo está a menos de un punto de 'Podemos' (11,9%), teniendo en cuenta que el CIS está en manos del Gobierno y que la realidad aún puede ser más ventajosa de lo que se refleja, luego de 'ajustes técnicos' convenientes para no alarmar demasiado cuando, al menos, las clases urbanas no se recatan en privado de decir que en las próximas elecciones votarán por el cambio del viejo al nuevo régimen que nos proponen, de forma única por ahora, estos jóvenes progresistas a falta de otras alternativas a la vista.

Lo que indica una tendencia irreversible hacia ese cambio, o inevitable catarsis, es el hundimiento del PSOE (10,6% a estas alturas) e IU (6,2%) así como el estancamiento-retroceso de UPyD (3,5%), lo que evidencia bien interpretado el dato que toca pasar página y jubilar de inmediato a la clase política de los últimos cuarenta años, tal como indica el relevo de Juan Carlos I por Felipe VI y de Rubalcaba, más que precipitadamente, por el profesor de Economía, Pedro Sánchez, al ser Susana Díaz consciente de sus muchas y propias limitaciones; no así Cayo Lara o Valderas respecto del joven Alberto Garzón, también surgido del 15-M aunque ahora tenga el corazón partido con 'Podemos'.

Porque son precisamente jóvenes muy preparados en la Universidad, como los nuevos líderes Garzón e Iglesias en la izquierda y no sabemos todavía quien o quienes en el centro y la derecha, y en expectativa todavía sobre las demostraciones pendientes de la persona que ahora ocupa el Trono, los que piden paso para el protagonismo político de su generación, incluidos los forzados a emigrar, junto a su conocimiento y destrezas, en perjuicio de España. 

Es 'Podemos' el primer instrumento de cambio de lo viejo por lo nuevo pero ni será, ni debe ser, el único para evitar que muera de éxito si se encuentra prácticamente en solitario con los mandos del Estado desde una nula experiencia de gobierno por el enorme riesgo de reacción que eso entraña y unas prematuras decantaciones internas imprevisibles a que se pueda dar lugar mucho antes de lo esperado por presiones externas sobre la dinámica interna.

No obstante lo anterior y pese a su claro perfil de izquierda, 'Podemos' parece tener ya el 8,3 del voto centrista frente al que tienen el PSOE (9,9%) y UPyD (9,1%). Ganaría paradójicamente entre las clases altas y medias-altas (13,2%) frente al PP (12,3%), IU (6,2%), UPyD (5,7%), PSOE (5,1%) y ERC (4,8%). Pero es que empata con el PP entre los empresarios, altos funcionarios, altos ejecutivos y profesionales liberales, hasta ganar (13,3% en intención de voto) entre profesionales por cuenta ajena, cuadros medios, desempleados y estudiantes.

Los jóvenes desean votar más a 'Podemos' mientras los mayores de 54 años lo harían más por el PP y el PSOE, igual que los obreros no cualificados se inclinan más por el PSOE (20,6%) y PP (10,7%) aunque no tanto por 'Podemos' (8,3%), único segmento en el que por ahora esta formación no llega al 10% en intención de voto directo. Igual pasa con los analfabetos, inclinados más por el PSOE (22,4%) y el PP (14,9%). Y las clases medias empobrecidas PP (22%), PSOE (9,3%) aunque lógicamente aquí si se decante ya por 'Podemos' un 11%.

Por el contrario, los votantes con estudios de Enseñanza Secundaria (13,8%), Formación Profesional (16,1%) y Universitaria (14,4%) se inclinan por votar a 'Podemos' mientras recoge votantes fugados de otras formaciones políticas en los siguientes porcentajes: de IU (27,8%), PSOE (16,9%) y UPyD (16,1%), aparte de la abstención y los descontentos con un PP como partido en el Gobierno.

En principio puede parecer así que el supuesto ascenso de 'Podemos' no lo es a costa alguna del votante activo del PP aunque sí lo sea claramente de su fugado hacia la abstención en pasados comicios y por el desgaste lógico que supone gobernar en tiempos como los que sufrimos.

Las próximas elecciones municipales de la primavera de 2015, si antes no se adelantan las elecciones generales por el PP y PSOE visto lo visto, y las autonómicas simultáneas pueden revelar lo consolidado del estado del proceso de cambio y si, desde la madurez y la responsabilidad, las nuevas formaciones regeneracionistas son capaces de presentar candidatos solventes sobre la base de programas realistas aunque no estén exentos de atrevimiento y radicalidad con la corrupción, los escandalosos excesos y privilegios acumulados de todo tipo. 

En ese ajuste fino entre lo urgente y lo importante puede estar la clave para que no se malogre lo que exige el clamor de los sectores más capaces y activos de la sociedad española, en un último intento de evitar la hecatombe de la democracia por larvados nuevos populismos en ascenso. El sondeo del CIS es mucho más que elocuente sobre un sentimiento que se propaga y expande mucho más cada día pero que conviene cuente con varias alternativas posibles y en la misma línea de radicalidad contra todo lo que conlleve sojuzgar cualquier posibilidad de un regenerado futuro para los nuevos españoles.

(*) Periodista, profesor, y ex alumno de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense

jueves, 19 de junio de 2014

Hay que recordar lo mejor del reinado de Juan Carlos / Francisco Poveda *

Por mucho que se empeñen algunos, Juan Carlos I no ha sido un rey franquista porque pronto desarmó la estructura de aquel régimen dictatorial y autoritario para dar paso a una monarquía parlamentaria que trajese de inmediato la democracia a nuestro país. Quienes no viviesen aquello de cerca no pueden pontificar ahora en la Universidad española que lo que luego han conocido era una continuación de lo anterior, que tampoco vivieron. 
No, definitivamente no, porque medió un referéndum que legitimó la reforma política y aprobó una Constitución en 1978 por abrumadora mayoría, que lleva vigente casi 40 años. Como no hubo ruptura puede parecer que a Juan Carlos lo puso Franco y aquí sigue hasta ayer. La Monarquía actual es una consecuencia directa de la reforma pactada por todas las fuerzas políticas y los autonomistas catalanes, vascos y gallegos con la bendición de los poderes fácticos de la época. No hay otra verdad.

En varias ocasiones se le ha oido decir al monarca que su objetivo prioritario conseguido era ése y la restauración monárquica. Y por eso su padre renunció a la Corona y trasmitió al hijo su legitimidad dinástica, recibida en su día, a su vez, por el conde de Barcelona, un patriota de verdad, de quien fué el rey Alfonso XIII. De lo contrario, de no haber sido refrendada implícitamente la monarquía al aprobar la Constitución los españoles de entónces, el no reinante rey Juan no hubiese dado nunca ese paso con su renuncia pública al trono de España en favor de Juan Carlos.

El nuevo rey hizo pronto sus deberes de libertad, convivencia y diálogo dentro del pluralismo tras liquidar el franquismo por consejo de su padre y el grupo de monárquicos del interior ajenos al círculo de Estoril, lleno de personajes recalcitrantes con la vuelta a Madrid de don Juan para reinar después de Franco. El deseo de fondo no confeso del joven monarca era, mediante una amnistía, acabar con las dos Españas y ser el rey de todos los españoles pese a las resistencias de los generales provenientes de la Guerra Civil, a cual más cerril e inculto, cuando todavía la democracia era incipiente pero no vacilante. El Rey reconoce que, en todos estos años, nunca se ha olvidado de ni una sola de las víctimas del terrorismo.
El 23-F no fue otra cosa que una calculada vacuna contra esos generales tras casi obligar al rey-militar a prescindir como presidente del Gobierno de un ya muy gastado Adolfo Suárez. Le sucedió un monárquico acreditado como era Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, a mitad de camino entre tecnócrata y político, como mejor salida para poder continuar la Transición aunque más pausadamente y de forma más hábil, hasta conseguir el consolidador turno político, una vez lograda en su día la legalización de todos los partidos políticos. 

Juan Carlos fue siempre el verdadero motor del cambio y todos los demás elementos en presencia, ejecutores de las órdenes del rey como buen militar de carrera que era, hasta sacrificar en el trance a los generales monárquicos Milans del Bosch y Alfonso Armada, que nunca se hubiesen levantado contra él.

Visto en perspectiva y sin los condicionamiento de los efectos de la actual crisis económica, el resultado final no ha sido malo porque España es ahora el país más moderno de Europa y la gran esperanza de este continente porque será en los próximos años el de más y mejores oportunidades de inversión y creación de empleo, según coinciden todos los laboratorios de la City y Wall Street. El último gran servicio de Juan Carlos al país que tanto quiere, España, ha sido su abdicación de ayer para que pueda afrontar esa nueva etapa con su hijo Felipe VI al frente.
Las elección de Suárez, Calvo-Sotelo y Torcuato Fernández-Miranda primero y Felipe González después, para correr los riesgos inherentes al desarrollo del proceso político democrático, reconoce el monarca que fue un acierto cuando tanta Cancillería occidental no creía que pudiese darse el turno político y acceder al Gobierno un partido republicano como el PSOE. A partir de ese momento y, tras un largo período de gobiernos socialdemócratras, la democracia en España quedó plenamente asentada con el Estado de las Autonomías para dar oportunidades a otras sociedades de fuera de Madrid y de territorios periféricos, peninsulares e insulares.
Atendiendo a los consejos de su padre, Juan Carlos I ha sido, según sus propias palabras, un nómada en su país al jactarse de conocer las ciudades y todos los pueblos más importantes de España y haber saludado personalmente a miles de españoles. El rey ha tratado siempre de estar cerca de la gente para conocerla y tener la experiencia de escucharla para aprender de ella con sus expresadas ideas ante él. Y todo por su interés de servir al pueblo y hacer útil la monarquía.  

La primera utilidad fué conseguir en 1986 la entrada de la siempre europea España en el núcleo de decisiones de la Comunidad Económica continental tras hablar con muchos gobiernos y periodistas internacionales sobre lo que se había hecho en nuestro país durante los diez años anteriores y lo que quedaba por hacer pese a las dudas de algunos de esos interlocutores. 
Y dentro de ese esfuerzo de abrir puertas a España y destilar credibilidad democrática, Juan Carlos fue el primer rey español en viajar a Iberoamérica; lo hizo todos los años y el resultado ha sido lograr una comunidad de intereses con los países que fueron, excepto Brasil, nuestras antiguas colonias. Por eso se vanagloria de haber acercado aquellas jóvenes repúblicas a la hoy Unión Europea. También ha logrado una sincera relación fraterna con Portugal, donde residió de joven, y con Italia, donde nació por el exilio de su abuelo y de sus padres.

Insiste siempre, y no hay por qué dudarlo, en su amor y lealtad a España inculcados por su padre porque un exiliado lleva a España mucho más en su corazón, como ahora ha expresado su intención Juan Carlos al abdicar la corona, y se precia además de haber unido a todos los españoles para recuperar la democracia por la acción de la monarquía refrendada en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Por eso habla siempre de haber sentido en todo momento el apoyo general del pueblo en sus esfuerzos de normalización y modernidad, reconociendo que queda aún pendiente lograr una España más igualitaria y más justa.

Juan Carlos tuvo como rey la humildad de pedir perdón recientemente a los españoles por sus errores. Y consecuente con esa actitud ha terminado abdicando cuando lo ha creído oportuno tras escuchar a quienes ahora tienen más conocimientos, percepción y elementos de juicio para ver lo más conveniente para España y la Monarquía en un contexto europeo y occidental.

Por todo lo anterior le deben estar agradecidos hasta quienes en libertad siguen pidiendo que venga una república y exigiendo que se celebre un referéndum para ver si una mayoría de españoles abomina de esta Corona que ahora desea continuar y que, por edad, bastantes no refrendaron en su día dentro de una Constitución, que eso sí, pocos dudan que se ha quedado obsoleta y sólo sirve, al final, a los intereses de unos cuantos.

(*) Periodista y profesor

lunes, 16 de junio de 2014

La monarquía de Felipe VI será 'republicana' o no será / Francisco Poveda *

Esta misma semana las Cortes Generales, Congreso y Senado, proclamarán rey al Príncipe, previsiblemente con el nombre de Felipe VI, y España introducirá así un elemento básico de tranquilidad en la Unión Europea, donde existen otras seis monarquías constitucionales o parlamentarias en espera de no perder cuota institucional en el Continente ni que muy cerca se sienten precedentes adversos. 

Bruselas oficiosamente se inclina, pues, por la continuidad de la Monarquía en nuestro país y semanas atrás ha propiciado, con la máxima discreción, la necesaria y urgente abdicación del padre, azuzada por la católica Bélgica y la protestante Holanda con especial ahínco.

También se es consciente en el resto de Europa, donde existen tres monarquías más, Noruega, Liechtenstein y Mónaco, que la forma republicana no ha tenido una buena experiencia histórica entre nosotros, sobre todo, en un siglo XIX tormentoso, aunque los amplios sectores identificados con ella no afloren ahora del todo todavía al relacionarse, intencionadamente por cierta propaganda ideológica, la II República como algo que larvó la Guerra Civil a comienzos del siglo XX. 

(Por cierto, que sería bueno sustituir en parte la actual bodeguilla del pabellón del príncipe por una biblioteca básica de ensayo para estar en poco tiempo intelectualmente por encima de la media de un país con demasiados analfabetos funcionales en este momento, sin criterio fundamentado y sobre los que va a reinar igualmente Felipe VI, más de los que parece 'ninis' y 'frikis').

 Sin embargo, el encaje de bolillos ahora es diseñar y realizar una segunda transición, con el motor de la Corona, desde la regeneración del sistema, con la voladura controlada del régimen de 1978 y la eliminación sin más de la indeseable casta generada al objeto de obtener una rápida y actual credibilidad democrática frente a unas nuevas generaciones ilustradas y decididas a opinar y ser activas sobre su propio destino individual y colectivo. Porque la inevitable Monarquía federal de Felipe VI será ya 'republicana', o no será en el tiempo, si se quiere de verdad conjurar una estructural inestabilidad institucional a la belga y un final casi seguro fatal.

La primera meta a alcanzar debe ser revaluar la Corona. Sería bueno que en La Zarzuela sólo viviera un rey y en Marivent, si acaso, una sola reina.  La imagen pública percibida y la forma transmitida van a ser claves a partir de ahora en la imprescindible, por estratégica, excelente comunicación institucional, a la par formal y no verbal, a emitir desde palacio y para la que no valdrán voluntarios aficionados en vez de profesionales experimentados y acreditados para dirigirla, por el bien de la Casa Real en primer lugar.

(Especial atención se debe prestar a Internet y la generación digital que tiene tras la suya Felipe VI, cuya aristocracia intelectual es hoy la principal fuerza social en acción en el Reino).

Es por eso que el entorno funcional heredado de la época de príncipe por la precipitación abdicadora, se ha de ir renovando gradualmente pero sin dilación antes de final de año por el nuevo monarca, quien para evitar más desaciertos ha de huir, diplomáticamente pero de forma resuelta, de ciertas amistades bien identificadas y de cortesanos espontáneos en busca de presumir en sociedad, privada o públicamente, de influencia neta en Zarzuela, hasta llegar a alimentar el ¡Hola! cuando no estamos tratando de un 'cuento de hadas' ni de una Corte al uso.

Porque de lo que sí se trata, dentro de un inaplazable cambio de estilo, es de ser útil al país, ganar autoridad moral y ser el líder de esa monarquía 'republicana' que catalice todas las sensibilidades en presencia, para quienes Zarzuela siempre debe 'estar de guardia' porque no se debe limitar a arbitrar y verlas pasar sino animar a la acción desde su influencia institucional. Eso no está reñido con la imprescindible sobriedad y ejemplaridad que se esperan dentro de una exteriorización no excesiva de privilegios. El nuevo rey no debe dejar que le induzcan a error ni repetir errores cometidos por otros. Yo le diría que no haga nada que no pueda hacer la mayoría de españoles, comenzando por renunciar como gesto a la inviolabilidad no política.

Uno de esos errores de bulto podría ser repetir esquemas superados, por experimentados años atrás, de marketing institucional que se identifican con el pasado. El contacto callejero con el pueblo no debe ser programado para la propaganda sin más recorrido sino que debe responder a circunstancias espontáneas como demuestra, una y otra vez, la longeva reina de Inglaterra, quien tampoco suele visitar ni alternar con monarcas autoritarios o recibir en Londres a dirigentes muy contestados por la opinión pública internacional. Y, mucha atención, que sólo viste su uniforme cuando el contacto es exclusivamente con militares. El mensaje es claro por parte del antiguo y sabio Imperio Británico.

El acento se ha de poner ahora, más que nada, en recibir y conocer semanalmente a nuevos representantes de la sociedad civil española y ser sugerente con ellos sin llegar a ser 'colega'. Todavía existen en nuestro país muchos más indiferentes que monárquicos declarados y republicanos recalcitrantes juntos, al igual que ocurre con los católicos de abrumadora mayoría confesa. El nuevo monarca, del que tanto espera Europa aunque no Estados Unidos, debe ser un 'republicano' y para ello se debe fijar muy bien en los modos y maneras de El Elíseo pero también tener la humildad de escuchar al rey padre de los belgas por aquello de su experiencia en templar los ánimos de valones y flamencos cada día que amanece.

Felipe VI tiene la obligación de legitimarse 'per se' y demostrar no querer ser una herencia del franquismo por una sobrevenida legalidad de dudosa legitimidad. A partir de aquí nada se debe cerrar en falso ni autoengañarse. Lo que viviremos esta semana tan solo es una forma de continuidad que exige luego varias reválidas en tiempo y forma. Los mimbres viejos hay que quemarlos, de entrada, en la chimenea de la Historia. Todo lo que, al final, ha resultado contra el pueblo no debe coexistir con el nuevo monarca por su propia trascendencia de futuro y la de su dinastia.

Así como en 1977 las Cortes franquistas fueron volatilizadas por la ley de reforma política de Adolfo Suárez, la nueva monarquía federal que ahora se necesita para preservar la unidad de España debe prescindir, a la mayor brevedad, de los viejos partidos que han venido sustentado el sistema devenido en corrupto, inviable y sin salida y, por supuesto, de los politicastros que nos han conducido a un desastre aún mayor que el de 1898, incluidos sin excepción Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy por resultar los principales. El nuevo monarca debe alejarse lo más posible de los cuatro al estar desahuciados por la sociedad española en su conjunto. Lo nuevo no debe ser viejo, como encerraba el mensaje implícito de la portada no nata de la revista satírica catalana 'El Jueves'.

Regeneración y nueva Constitución, porque la del 78 se ha utilizado finalmente contra los españoles en favor de unos pocos, deben ser los ejes para asentar la nueva monarquía federal, que ha de pivotar sobre una Justicia renovada muy a fondo, tras no haber hecho bien su trabajo durante todos estos años, para poder poner frente a esa otra judicatura más independiente a los 5.000 miembros responsables directos del hundimiento de España y la ruina de su clase media, y sacudirse así de lo peor de la actual clase política para que sus 'saurios' no arrastren al nuevo monarca en su inevitable derrota.

No debe olvidar nunca Felipe VI que la Dictadura engendra Monarquía pero que ésta debe engendrar Democracia, con riesgo de advenimiento republicano sino se profundiza en ella. Así de simple y de complejo es el proceso que se nos presenta. 

(*) Periodista y profesor