sábado, 6 de septiembre de 2014

China y el fracaso de la 'Doctrina Kissinger' / Germán Gorráiz López *

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la producción de petróleo en Rusia alcanzó su máximo histórico (11,41 millones de barriles diarios) en el año 1988 cuando todavía formaba parte de la Unión Soviética, pero tras el declive provocado por la crisis económica del 2008, la producción ha ido in crescendo. Así, según el diario ruso Vedomosti, la producción petrolera rusa se incrementó un 1,3 % en el 2013 hasta alcanzar los 10,59 millones de barriles por día (bpd) y el principal motor para el alza fue el nuevo campo petrolero Vankor, que desarrolla Rosneft, la mayor productora petrolera del país.


Éste alcanzó una producción de 18,3 millones de toneladas en el 2013 y espera alcanzar los 25 millones de Tm en el 2014, lo que le convierte en la principal fuente de la exportación rusa por oleoducto a China (conexión Siberia Oriental-Océano Pacífico (ESPO) y asimismo, los suministros de crudo ruso, conocido en los mercados internacionales como ESPO, podrían convertirse en un referente de precios regionales (principalmente para China, Japón y Corea del Sur ) a partir de 2015 y pasar a ser el estándar absoluto del mercado mundial, sustituyendo a los actuales petróleos de referencia (Brent y Texas) así como la sustitución del dólar como patrón de referencia en las transacciones comerciales por el yuan.

Putin habría iniciado además una política de diversificación de las ventas energéticas para no depender en exclusiva de la UE, pues la estructura económica rusa controla solo 2,5% de las exportaciones mundiales y adolece de una excesiva dependencia de las exportaciones de gas y petróleo (el 70 % de los ingresos provienen de estas vías), la devaluación del rublo respecto al dólar ( un 20% desde que comenzara la crisis de Ucrania) , una inflación galopante (7% en marzo del 2014) y un severo recorte de los Superávits ( un exiguo 0,3% del PIB en el 2014) y la obsoleta planificación estatal, pues el complejo militar,los proyectos espaciales y las subvenciones a la agricultura siguen acaparando la mayoría del presupuesto ruso condenando a la inanición financiera a la industria ligera y la producción de alimentos.

Así, según la agencia Reuters, Rusia y China habrían sellado un estratosférico contrato petrolero que se convierte en uno de los mayores de la historia de la industria energética por el que la empresa rusa Rosneft, (la mayor petrolera del país), suministrará petróleo al gigante asiático durante 25 años por valor de 270.000 millones de dólares (unos 205.000 millones de euros) lo que aunado con el megacontrato gasístico firmado por la rusa Gazprom y la china CNPC por el que Rusia suministrará al país asiático 38.000 milones de metros cúbicos de gas natural por un monto aproximado de 400.000 millones de dólares y con una vigencia de 30 años a través del gaseoducto Sila Sibiri (La Fuerza de Siberia), sentaría las bases económicas de la futura Unión Euro-Asiática que iniciará su singladura el 1 de enero del 2015 como alternativa económica y militar al proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de EEUU en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico, aunado con una posible ofensiva ruso-china junto con los demás países BRICS para cambiar de patrón monetario mundial y sustituir el papel del dólar como moneda de referencia.

China, por su parte, habría asumido el reto de construir un nuevo canal en Nicaragua (Gran Canal Interoceánico) similar al canal del istmo de Kra que tiene proyectado entre Tailandia y Birmania para sortear el estrecho de Malaca, convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas e inauguró en el 2010el gasoducto que une a China con Turkmenistán y que rodea a Rusia para evitar su total rusodependencia energética al tiempo que diversifica sus compras. Así, México apuesta por duplicar sus exportaciones de petróleo hacia China y aumentar los embarques hacia la India en el 2014, y la petrolera estatal venezolana Pdvsa intenta redireccionar sus exportaciones hacia China e India para suplir la drástica reducción de ventas de crudo a EEUU. Así, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU, por lo que tras el golpe de mano del Ejército en Tailandia, asistiremos a sendos golpes de mano de la CIA en Venezuela y Nicaragua para defenestrar a Maduro y Ortega con el objetivo inequívoco de secar las fuentes energéticas de China, hecho que implicará el triunfo de las tesis de Brzezinski sobre la doctrina del G-2 de Kissinger.

La “doctrina Kissinger” abogaba por la implementación del G-2 (EEUU y China) como árbitros mundiales. Así, en un artículo publicado por el New York Times, titulado “La ocasión para un nuevo orden mundial”, Kissinger considera ya a China una gran potencia (felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China sobre la base del concepto de destino común,( siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial), con lo que asistiríamos a la entronización de la Ruta Pacífica (América-Asia) como primer eje comercial mundial en detrimento de la Ruta atlántica (América- Europa).

Sin embargo, el objetivo inequívoco de Brzezinski, ex-asesor de Carter y cerebro geopolítico de la Casa Blanca, sería la confrontación con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001 por los Cinco de Shanghai (China, Rusia, Kazajistán, Kirgistán, Tajikistán) más Uzbekistán y convertida junto con los países del ALBA e Irán en el núcleo duro de la resistencia a la hegemonía mundial de Estados Unidos y Gran Bretaña, teniendo a Xinjiang como escenarios para sus operaciones desestabilizadoras.

El Turquestán oriental o Xinjiang (“Nueva Frontera”), fue incorporado al imperio chino en el siglo XVIII y representa el 17% de la superficie terrestre del país y el 2% de su población) y la etnia uigur de Xinjiang (de origen turco-mongol y con un total de 8.5 millones de habitantes), conserva características étnicas e islámicas que les situarían muy próxima a sus parientes de Asia central y Turquía, por lo que sería el caldo de cultivo ideal para implementar la estrategia brzezinskiniana del “choque de civilizaciones”, consistente en lograr la balcanización de China y su confrontación con el Islam (cerca de 1.500 millones de seguidores) así como secar sus fuentes de petróleo de los países islámicos del Asia Central, pues varios de los más importantes gasoductos de China pasan por Xinjiang en procedencia de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán y Rusia, lo que explicaría la importancia estratégica de dicha provincia dentro de la estrategia brzezinskiniana de lograr la total rusodependencia energética china para en una fase posterior acabar enfrentándolas entre sí y finalmente someterlas e implementar el nuevo orden mundial bajo la égida anglo-judío-estadounidense. 

(*) Maestro de Enseñanza Primaria Pública en España

Nueva Guerra Fría / Serge Halimi *

En 1980, para resumir su visión de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Ronald Reagan usó esta expresión: “Nosotros ganamos; ellos pierden”. Doce años más tarde, su sucesor inmediato en la Casa Blanca, George Bush, se congratulaba por el camino recorrido: “Un mundo antes dividido entre dos campos armados reconoce que sólo hay una única superpotencia: Estados Unidos de América”. Fue el fin oficial de la Guerra Fría.

Este periodo, a su vez, ya es pasado. La hora de su muerte sonó el día en que Rusia se cansó de “perder” y estimó que su programado descenso nunca tocaría fondo, dado que cada uno de sus vecinos se veía sucesivamente atraído –o sobornado– por una alianza económica y militar dirigida contra ella. Por otra parte, el pasado marzo, en Bruselas, Barack Obama recordó: “Los aviones de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte] patrullan los cielos sobre el Báltico, hemos reforzado nuestra presencia en Polonia y estamos dispuestos a hacer más” (1). Frente al Parlamento ruso, Vladímir Putin asimiló tal disposición a la “infame política de la contención” que, según él, las potencias occidentales oponen a su país desde… el siglo XVIII (2).

Sin embargo, la nueva Guerra Fría será diferente a la anterior. Ya que, como ha señalado el Presidente de Estados Unidos, “a diferencia de la Unión Soviética, Rusia no lidera ningún bloque de naciones, no inspira ninguna ideología global”. La confrontación que se instala también ha dejado de oponer una superpotencia estadounidense que basa en su fe religiosa la seguridad imperial en un “destino manifiesto” a un “Imperio del Mal” que Ronald Reagan maldecía además por su ateísmo. En cambio, Vladímir Putin corteja –no sin éxito– a los cruzados del fundamentalismo cristiano. Y cuando se anexiona Crimea, recuerda de inmediato que es el lugar “donde fue bautizado San Vladímir (…), un bautismo ortodoxo que determinó los fundamentos básicos de la cultura, los valores y la civilización de los pueblos rusos, ucranianos y bielorrusos”.

Tanto como decir que Moscú no admitirá que Ucrania se convierta en la base de operaciones de sus adversarios. Candente por una propaganda nacionalista, que incluso excede el lavado de cerebro occidental, el pueblo ruso se opondría a ello. Ahora bien, en Estados Unidos y en Europa, los partidarios del gran rearme superan la apuesta: proclamaciones marciales, avalancha de sanciones heteróclitas que sólo fortalecen la determinación del campo contrario. “Quizás la nueva Guerra Fría será aún más peligrosa que la anterior –ya advirtió uno de los mejores expertos estadounidenses sobre Rusia, Stephen F. Cohen–, porque, contrariamente a su predecesora, no encuentra ninguna oposición –ni en la Administración, ni en el Congreso, ni en los medios de comunicación, las universidades, los think tanks (3)–”. La receta comprobada de todos los engranajes…

(*) Director de 'Le Monde Diplomatique'

(1) Discurso de Barack Obama en Bruselas, 26 de marzo de 2014.
(2) Discurso de Vladímir Putin en el Parlamento ruso, 18 de marzo de 2014.
(3) Pronunciada en la conferencia anual Rusia-Estados Unidos, Washington, 16 de junio de 2014. Retomada en The Nation, Nueva York, 12 de agosto de 2014.

Reflexión sobre Podemos / Ramón Cotarelo *

La fulgurante aparición de Podemos ha sembrado el desconcierto en el sistema político, lo cual es una muestra de lo lentos que somos en nuestras percepciones y nuestra poca capacidad para explicar las novedades. Hace lustros que se teoriza sobre la "sociedad de la información y la comunicación", la "sociedad mediática", las democracias de los medios. Pero seguimos sin entender cómo funcionan. Los partidos ya no se fundan en modestas tascas de barrio o en los mullidos despachos de abogados y banqueros y en relaciones personales. Surgen de una realidad abigarrada, fragmentada, que llamaría "postmoderna" si supiera qué quiere decir eso. De una comunicación que trasciende el orden personal, mediada por las TICs. Incluso algún adelantado del análisis político académico, como Rospir, propuso llamarlos media parties hace años. Podemos tiene algo de esto, pero no se agota en ello. Ni mucho menos.

Sentado, pues: la reacción mayoritaría del establishment político mediático ha sido hostil. Eso que antes se llamaba el sistema, un término similar al de casta de Podemos y también muy conveniente porque permite identificar un enemigo y hacerlo de un modo suficientemente vagaroso para incluir o excluir de él a quien nos parezca en cada momento. Ese pronombre "nos" es la clave del concepto, la clásica e implícita contraposición entre "nosotros " y "ellos". Aclaro que me refiero a la vieja idea de sistema. Esta reciente que se trasluce de las acusaciones de "antisistema" en boca de gentes conservadoras es un contrasentido que no cuaja, pues usan el término sistema como sinónimo de "orden constituido", el que las beneficia a ellas.

La reacción ha sido muy hostil. La derecha no ha parado en barras y tanto sus políticos, diputados como sus innúmeros portavoces en los medios y tertulias han ido al ataque en todos los frentes, político, ideológico, social, personal. Con tanta saña que algunos se preguntan si no se conseguirá el efecto contrario de ensalzar la formación a ojos de la opinión pública. Porque esa opinión es muy contundente. Pablo Iglesias es el líder mejor valorado en los sondeos; Mariano Rajoy, el peor. Ya no gana ni al socialista.

El PSOE ha sido más moderado, pero su reacción es igualmente hostil. Podemos es antisistema, populista y neobolchevique. Alfonso Guerra propone una alianza entre PP y PSOE frente al resurgir de neofascismos y neocomunismos. Es comedido. No menciona Podemos, pero no hace falta. Felipe González sí se desmelena más y compara Podemos con Chavez, Le Pen, Beppe Grillo y Syriza. Otro que tampoco entiende la sociedad mediática en la que vive y sobre la que teoriza. Si algo tienen en común Chavez, Le Pen, Beppe Grillo y Syriza es que salen por la tele. Pero eso le pasa a él también, así que habría que incluirlo en la lista de no ser porque esta lista es una tontería, con todos los respetos.

La reacción de IU es cautamente ambigua. Los resultados electorales recientes y el sentido común indican que la federación ha sido el principal caladero de votos de Podemos. De ahí esa actitud ambivalente de sí pero no, somos lo mismo pero no somos lo mismo y otros sofismas que no dejan mucha salida a ninguno de los dos porque tampoco Podemos puede permitirse ir a una alianza con una fuerza tradicionalmente perdedora y ahora debilitada precisamente por su presencia. Es una situación cruel, pero no tiene otra salida que la hegemonía de Podemos à tout hazard.

Porque, efectivamente, contra pronósticos, Podemos supone una alteración sustancial del sistema político. Al día siguiente de las elecciones europeas (que hicieron trizas la autoestima de los sondeos) hubo una cascada de dimisiones en otros partidos y fuerzas; hubo primarias, secundarias, terciarias y hasta tercianas. Incluso ha amanecido un proyecto de reforma de la Ley Electoral General, dentro de un plan pomposamente llamado de "regeneración democrática". Lo suficiente para que, al margen de consideraciones más o menos coyunturales, se intente un análisis, siempre provisional, pero imparcial del fenómeno. Confieso de antemano que mi imparcialidad es compatible con mi simpatía por el movimiento y sus dirigentes, a algunos de los cuales conozco personalmente y de los que me siento cercano, especialmente Iglesias, Errejón o Urbán.

Podemos tiene una faceta inmediata, práctica, contingente. A ocho años de una crisis sistémica, aguda y que parece no tener fin; a tres años de un gobierno especialmente antipopular, autoritario y corrupto de la derecha; con una sociedad civil desmoralizada, después de una experiencia de fracaso del último gobierno de Zapatero, el terreno estaba baldío pero en barbecho. La aparición de un movimiento nuevo, fresco, joven, sin vínculos con el oscuro pasado, dirigido por una personalidad fuertemente carismática, popularizada en los medios de comunicación, viralizada en las redes sociales, iconografiada ya hasta en videojuegos, tenía que despertar una oleada de simpatía popular, adhesión y, por supuesto, esperanza. Porque todo eso se da en un contexto social caracterizado por un paro juvenil masivo que hace hablar de una "juventud sin futuro", una contradicción en los términos porque la juventud es el futuro.

Pero Podemos tiene una faceta mediata, de más peso teórico, menos transitorio. Tiempo habrá de estudiar hasta qué punto el movimiento se fragua en las asambleas del 15-M, pero la relación entre ambos, 15-M y Podemos es evidente. Es más, hasta cabe decir que esta fuerza es la forma que adquiere el debate algo atascado en el 15-M, acerca de cómo alcanzar eficacia en la acción política, si manteniendo la asamblea u organizándose en partido. De ahí que Podemos tenga todavía pendiente esta cuestión organizativa, que ya se verá cómo se soluciona. 

Al margen de ello, sin embargo, sí parece claro que la organización de los círculos acepta el principio democrático de que al poder se llega ganando elecciones. Eso del neobolchevismo es un golpe bajo. Ahora bien, las elecciones tienen unas condiciones, unos requisitos, formales y materiales que, de siempre, han sido fuerte escollo para las aspiraciones de las izquierdas en todo el mundo. El primero de todos, dictado por la experiencia, es que en las sociedades occidentales (a falta de nombre mejor) la mayoría, que es lo que se precisa para ganar, es centrista. Las opciones, en consecuencia, moderan su lenguaje y sus programas para no verse arrinconadas. Ahí tiene poca cabida la disyuntiva crasa izquierda-derecha que, sin embargo, sigue siendo real, de forma que se multiplican las anfibologías, los eufemismos: clases medias, los de arriba y los de abajo, etc.

Hay más, mucho más en los procesos electorales (listas, escutinios, etc), pero nos quedamos con la cuestión esencial: cómo obtener la mayoría electoral para una opción de izquierda hoy. Hay dos pasos: a) coalición de la izquierda (preelectoral o postelectoral) en sentido estricto; b) coalición de la izquierda en sentido amplio. 

Respecto a a) no es exagerado decir que Podemos se perfila como el eje en torno al cual quizá pueda fraguar una unidad de la izquierda. Si frentista o no es cosa de terminología. El problema no es terminológico, sino de contenido. Se trata de saber si las demás izquierdas, IU y sus constelaciones, aceptarán formar parte de una alianza hegemonizada, quieran o no, por Podemos. Doy por supuesto que esta coalición por sí sola no daría el gobierno a esta unión de la izquierda. Si no fuera así y se la diera, podríamos ahorrarnos considerar el paso b).

Respecto a b) y en el supuesto de que a) salga adelante. Se trata de saber si en la coalición entra o no el PSOE y cómo. Cuestión la más peliaguda por las murallas de reticencias por todas partes. Según unos, es pronto para decidir y conviene esperar los resultados de las municipales de mayo de 2015 y ver cuáles son los del PSOE. Si este va en una senda de pasokización o si mantiene su segundo (y puede que hasta primero) puesto en la dualidad de partidos dinásticos. Desde luego, las proporciones que se decanten serán decisivas para las opciones que adopten los dirigentes. Y es probable que, al final, la decisión recaiga sobre Podemos y el PSOE ex-aequo.  

Y aquí es donde hay que pensar si la sociedad española se merece otros cuatro años de gobierno de esta derecha.
 
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED

domingo, 24 de agosto de 2014

¿Rebota de nuevo la crisis global? / Francisco Poveda *

Un ingeniero valenciano de 62 años formado en la Universidad Politécnica de Madrid, Jaime Caruana, ex gobernador del Banco de España, ex consejero del FMI, ex miembro del Grupo de los 30, del Comité de Basilea y actual director general del Banco de Pagos Internacionales acaba de advertir de un rebrote de la actual o de la más que probable llegada de otra gran crisis global de base financiera cuando el Mundo conoce una situación pre bélica en Europa y Oriente Medio.

Caruana comanda hasta 2017 el banco central de 58 bancos centrales nacionales y se le supone lógicamente uno de los dirigentes más y mejor informados de nuestro planeta puesto que el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea, es pilar fundamental del sistema económico unificado mundial, diseñado por la élite global, que hoy representa el 75% de la actual producción económica mundial hasta llegar a alcanzar los 51 billones de dólares anuales.

Pues bien, este miembro de la clase dirigente planetaria piensa que el sistema financiero mundial es ahora más frágil que antes de la crisis iniciada en 2007 puesto que el ratio de endeudamiento es un 20% mayor en las economías más desarrolladas, hasta alcanzar el 275% del PIB. 

También piensa que los desequilibrios financieros masivos que trajeron esa crisis de 2007 han ido a más. Y lo peor de todo: que el actual divorcio entre la pujanza de los mercados financieros y la evolución económica mundial llevará pronto a una corrección masiva.

Existe seria preocupación, si seguimos escuchando a Caruana, por el aumento del nivel de deuda y de euforia de los mercados financieros - "el inversor ignora el riesgo cegado por su búsqueda voraz de rendimiento"- tras un aumento del 40% de deuda pública global, que sólamente en Estados Unidos ha crecido hasta los 17'5 billones de dólares y hasta los 710 la burbuja mundial de productos derivados. Como consecuencia inmediata, los grandes bancos, esos que no podemos permitir que quiebren para evitar una eclosión de todo el sistema, han crecido un 37% desde el inicio de la reciente crisis económica mundial.

Pero Caruana no es el único que sabe la que se avecina de no reaccionar con suma urgencia. El director del Banco de la Reserva de la India, uno de los actuales grandes países emergentes, y ex directivo del FMI, Raghuran Rajan, advierte, igualmente, de una nueva crisis financiera global por las débiles políticas monetarias de los países más desarrollados. Ello se traduce, a su experto juicio, en una gran vulnerabilidad de los mercados financieros por trufados de acciones y activos inflados. "El Mundo está ahora menos capacitado que en 2007 para resistir su coste", ha concluido Raghuran.

Por algo la consultora internacional KPMG ha pedido recientemente a la banca europea medidas preventivas, previas a las pruebas de estrés del próximo otoño, para demostrar su fortaleza y consistentes en establecer una relación sutil entre capital, activos y apalancamiento.

Finalmente, un analista norteamericano de renombre y autor de varios libros de predicción económica, Harry Dent, ha calificado de lamentable el estado de la economía estadounidense que, a su juicio, acabará estallando como una burbuja y llevará a una confrontación inevitable entre los ciudadanos de a pie y la élite, no solo en EE.UU. sino en todo Occidente.

Las manipulaciones de los bancos y los esfuerzos por aplazar una crisis financiera de una manera artificial, han distorsionado el ciclo natural económico, lo que desembocará en la ruina del mundo occidental, predice Dent.

La burbuja extendida de la economía de EE.UU. ya se ha hinchado tanto como podía y está a punto de estallar, lo que evidencia la vuelta de la desigualdad extrema en los ingresos de la llamada clase media y la élite norteamericana. 

"Nos estamos acercando rápidamente al punto en que, a menos que algo cambie, las personas corrientes iniciarán una revuelta", asegura este analista de largo recorrido.

Dent supone que debido al descontento de la mayoría de la población por las ganancias extremas de la clase alta, EE.UU. no será el único país en vivir "la rebelión de las masas", sino que "la gente común empezará a rebelarse en todos los países desarrollados", piensa él. 

"Sin duda, la próxima revolución occidental no será agradable, pero va a marcar el comienzo del próximo gran resurgimiento de la clase media en los países desarrollados y acelerará la nueva oleada de clase media en los países emergentes", concluye el analista.

No anda desencaminado Dent puesto que Estados Unidos, que dice crecer ya al 3% anual, no logra embridar el desempleo, hasta el punto de que se llega a hablar de un 21% de tasa real pese a que el presidente Obama revelase hace unos días que su país había creado diez millones de empleos en los dos últimos años.

La Eurozona no le anda a la zaga. El presidente electo de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker acaba de reconocer que no se ha superado la crisis porque  falta crecimiento y empleo en una Unión Europea donde, oficialmente, el 11,5% de su población activa se encuentra de brazos cruzados en espera de una recuperación, ahora ralentizada por las crisis geopolíticas de Ucrania y Oriente Medio, y que también afecta en su retardo indirectamente a Estados Unidos como principal socio comercial de los europeos y por constituir, además, un riesgo añadido para la recuperación global.

Tanto el Banco Central Europeo como el Bundesbank alemán coinciden en que la Eurozona en particular y la Unión Europea en general están soportando los riesgos inherentes a esas tensiones geoestratégicas, que llevan a una lenta recuperación del empleo y que también se traduce en una menor demanda externa por parte de China y Estados Unidos, lo que todavía no impide un superávit comercial en la Eurozona pese a las añadidas sanciones rusas que tanto afectan a Alemania y a la Europa del Este.

Curiosamente, por primera vez el mercado del petróleo no se muestra sensible para peor ante el presente escenario mundial ya que ha vuelto el rango de unos 100 dólares el barril. Parece también cansado de las crisis además de sufrir mucha menor especulación financiera y una coyuntura económica débil, que acusa su demanda ante una política de oferta estructuralmente distinta al superar ya la producción de Estados Unidos a la de Rusia y Arabia Saudí.

Como colofón, el millonario norteamericano Donald Trump se apunta al grupo de los pesimistas y se suma a Caruana, Rajan y Dent en las predicciones sobre lo que puede pasar si el rumbo no se corrige con premura.

A su juicio, la economía de EE.UU. está a punto de alcanzar la ruina financiera. Y así asegura que los inmensos niveles de deuda, la alta tasa de desempleo y la inevitable reducción de la calificación crediticia son todos los ingredientes necesarios para que eso llegue de un momento a otro.

"Cuando no eres rico, tienes que salir a pedir dinero prestado. Estamos pidiéndoles prestado a los chinos y a otros. Muy pronto nuestra deuda será de  más de 18 billones", afirma.

 Trump sostiene que la tasa de desempleo real en EE UU es más del doble de lo que se informa en este momento, y señala que la cifra de desempleo del 8,2% "no es un número real". La tasa verdadera ha ascendido al 16%, e incluso algunos creen que es tan alta como un 21%, revela el multimillonario.

(*) Periodista y profesor

domingo, 17 de agosto de 2014

La casta se resiste a la inevitable catarsis regeneracionista / Francisco Poveda *

Una práctica demoscópica tan simple como auscultar la intención de voto directo de los ciudadanos en una democracia occidental ha puesto de los nervios a la actual clase política dirigente y despertado los deseos de regeneración y cambio, casi radical, de buena parte de la sociedad española, que ya no puede más con un estado de corrupción estructural que le impide avanzar ante la ausencia de una masiva inversión extranjera, en tiempos de tanta rentabilidad local, y la consiguiente creación de empleo estable; aspectos ambos que, desde la alarma en las cancillerías de nuestros principales aliados europeos, provocaron la súbita abdicación de nuestro anterior monarca junto a otras cuestiones más domésticas aunque no menos determinantes para su apartamiento, previo a la inevitable catarsis, para intentar a la desesperada, y no sin cierta improvisación, reformar el sistema desde dentro y evitar así que emerja un populismo de corte republicano.

La indecisión en su voto de unos diez millones de españoles es lo que realmente ha encendido las alarmas de la casta, o nomenklatura en argot soviético, si a eso se le suma una cifra disparada de abstencionistas que, en primera instancia, pueden ver en 'Podemos' ocasión para su 'venganza' con una clase política absolutamente insensible con los sectores sociales que más laceradamente están sufriendo en nuestro país los peores efectos de una crisis económica, que no remite por mucha propaganda que se empeñen en destilar quienes no están gobernando para la mayoría, ni siquiera de sus votantes y/o afiliados de clase media, más bien en su contra, con el peligro populista de derechas que eso conlleva para la democracia.

Esa alarma en la llamada casta se ha terminado de agravar con el cierre en falso de una más que precipitada intención de renovar el PSOE y la manifiesta incapacidad del PP de hacer ya mismo lo propio pese a contar en teoría con el banquillo de gente más preparada para, desde la moderación, presentar alternativas democráticas creíbles a un cuerpo electoral muy castigado desde La Moncloa por una intencionada estrategia de confusión en su mensaje y con la mentira vergonzante más burda desde Génova 13. Y que ha pillado a la autoritaria IU, por aquello del centralismo democrático, con el pié cambiado en cuanto a liderazgo y estrategia, precisamente cuando parecía haber vuelto su nueva gran oportunidad de no haber surgido 'Podemos' y el 15-M en su ámbito.

Si aceptamos que el 15-M catalizó un estado creciente de descontento y que 'Podemos' puede ser su primera expresión política y herramienta útil más a mano para hacer posible el cambio regeneracionista, en la clásica línea de Joaquín Costa, que ya no admite más espera por una pura cuestión de supervivencia para España, se podría concluir que la catarsis es inevitable ante el abuso de poder de las élites políticas surgidas de la Constitución de 1978, hasta el límite de 'expulsar' al extranjero a un gran número de jóvenes universitarios y profesionales, con la más absoluta falta de tacto y por unos intereses personales y de casta, que chocan frontalmente con los estratégicos del país al mermar seriamente lo mejor de nuestro recurso humano, en el que tanto dinero público se ha invertido por la sociedad en general, e hipotecar así un futuro de bienestar para todos.

Esa también falta de sensibilidad real, incluso desde La Zarzuela, es lo que da paso a un proceso natural de sustitución del modelo político -tan estudiado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense (UCM), de donde surge precisamente 'Podemos'-, cuyo primer chispazo vimos hace más de tres años en la Puerta del Sol con el 15-M y que, a las primeras de cambio electoral, como los recientes comicios al Parlamento Europero, ya aparece con cierta forma y capaz de iniciar su andadura, por exigencia generacional primero y de toda la sociedad por inducción más adelante, con urgencia inmediata de reemplazos en las administraciones públicas y activación de la Justicia, ante la que dar cuenta inexcusable quienes han forzosamente de marcharse tras explicar su gestión.

Los líderes de 'Podemos', alguno destacado con tentaciones populistas de izquierda, pero surgidos todos de un área de conocimiento social como la política y la sociología a nivel teórico, saben perfectamente las fases y tiempos de ese proceso natural y, por ahora en solitario, avanzan en terreno más que propicio hacia un cambio pedido a gritos y que no puede esperar ante la paralización democrática de los grandes partidos en presencia por mor de unos intereses personales imbricados con la corrupción y que solamente sirven ya a sus fariseos porque ni siquiera a sus amos y patrocinadores, que ahora miran muy inquietos hacia otro lado en busca del recambio inaplazable como deja meridianamente claro el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre intención directa de voto de los españoles.

Los que desean el cambio regeneracionista ya aparecen como mayoría en progresión entre todos los estratos sociales, hasta el punto de que el PP (12,8% en intención de voto) sólo está a menos de un punto de 'Podemos' (11,9%), teniendo en cuenta que el CIS está en manos del Gobierno y que la realidad aún puede ser más ventajosa de lo que se refleja, luego de 'ajustes técnicos' convenientes para no alarmar demasiado cuando, al menos, las clases urbanas no se recatan en privado de decir que en las próximas elecciones votarán por el cambio del viejo al nuevo régimen que nos proponen, de forma única por ahora, estos jóvenes progresistas a falta de otras alternativas a la vista.

Lo que indica una tendencia irreversible hacia ese cambio, o inevitable catarsis, es el hundimiento del PSOE (10,6% a estas alturas) e IU (6,2%) así como el estancamiento-retroceso de UPyD (3,5%), lo que evidencia bien interpretado el dato que toca pasar página y jubilar de inmediato a la clase política de los últimos cuarenta años, tal como indica el relevo de Juan Carlos I por Felipe VI y de Rubalcaba, más que precipitadamente, por el profesor de Economía, Pedro Sánchez, al ser Susana Díaz consciente de sus muchas y propias limitaciones; no así Cayo Lara o Valderas respecto del joven Alberto Garzón, también surgido del 15-M aunque ahora tenga el corazón partido con 'Podemos'.

Porque son precisamente jóvenes muy preparados en la Universidad, como los nuevos líderes Garzón e Iglesias en la izquierda y no sabemos todavía quien o quienes en el centro y la derecha, y en expectativa todavía sobre las demostraciones pendientes de la persona que ahora ocupa el Trono, los que piden paso para el protagonismo político de su generación, incluidos los forzados a emigrar, junto a su conocimiento y destrezas, en perjuicio de España. 

Es 'Podemos' el primer instrumento de cambio de lo viejo por lo nuevo pero ni será, ni debe ser, el único para evitar que muera de éxito si se encuentra prácticamente en solitario con los mandos del Estado desde una nula experiencia de gobierno por el enorme riesgo de reacción que eso entraña y unas prematuras decantaciones internas imprevisibles a que se pueda dar lugar mucho antes de lo esperado por presiones externas sobre la dinámica interna.

No obstante lo anterior y pese a su claro perfil de izquierda, 'Podemos' parece tener ya el 8,3 del voto centrista frente al que tienen el PSOE (9,9%) y UPyD (9,1%). Ganaría paradójicamente entre las clases altas y medias-altas (13,2%) frente al PP (12,3%), IU (6,2%), UPyD (5,7%), PSOE (5,1%) y ERC (4,8%). Pero es que empata con el PP entre los empresarios, altos funcionarios, altos ejecutivos y profesionales liberales, hasta ganar (13,3% en intención de voto) entre profesionales por cuenta ajena, cuadros medios, desempleados y estudiantes.

Los jóvenes desean votar más a 'Podemos' mientras los mayores de 54 años lo harían más por el PP y el PSOE, igual que los obreros no cualificados se inclinan más por el PSOE (20,6%) y PP (10,7%) aunque no tanto por 'Podemos' (8,3%), único segmento en el que por ahora esta formación no llega al 10% en intención de voto directo. Igual pasa con los analfabetos, inclinados más por el PSOE (22,4%) y el PP (14,9%). Y las clases medias empobrecidas PP (22%), PSOE (9,3%) aunque lógicamente aquí si se decante ya por 'Podemos' un 11%.

Por el contrario, los votantes con estudios de Enseñanza Secundaria (13,8%), Formación Profesional (16,1%) y Universitaria (14,4%) se inclinan por votar a 'Podemos' mientras recoge votantes fugados de otras formaciones políticas en los siguientes porcentajes: de IU (27,8%), PSOE (16,9%) y UPyD (16,1%), aparte de la abstención y los descontentos con un PP como partido en el Gobierno.

En principio puede parecer así que el supuesto ascenso de 'Podemos' no lo es a costa alguna del votante activo del PP aunque sí lo sea claramente de su fugado hacia la abstención en pasados comicios y por el desgaste lógico que supone gobernar en tiempos como los que sufrimos.

Las próximas elecciones municipales de la primavera de 2015, si antes no se adelantan las elecciones generales por el PP y PSOE visto lo visto, y las autonómicas simultáneas pueden revelar lo consolidado del estado del proceso de cambio y si, desde la madurez y la responsabilidad, las nuevas formaciones regeneracionistas son capaces de presentar candidatos solventes sobre la base de programas realistas aunque no estén exentos de atrevimiento y radicalidad con la corrupción, los escandalosos excesos y privilegios acumulados de todo tipo. 

En ese ajuste fino entre lo urgente y lo importante puede estar la clave para que no se malogre lo que exige el clamor de los sectores más capaces y activos de la sociedad española, en un último intento de evitar la hecatombe de la democracia por larvados nuevos populismos en ascenso. El sondeo del CIS es mucho más que elocuente sobre un sentimiento que se propaga y expande mucho más cada día pero que conviene cuente con varias alternativas posibles y en la misma línea de radicalidad contra todo lo que conlleve sojuzgar cualquier posibilidad de un regenerado futuro para los nuevos españoles.

(*) Periodista, profesor, y ex alumno de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense

jueves, 19 de junio de 2014

Hay que recordar lo mejor del reinado de Juan Carlos / Francisco Poveda *

Por mucho que se empeñen algunos, Juan Carlos I no ha sido un rey franquista porque pronto desarmó la estructura de aquel régimen dictatorial y autoritario para dar paso a una monarquía parlamentaria que trajese de inmediato la democracia a nuestro país. Quienes no viviesen aquello de cerca no pueden pontificar ahora en la Universidad española que lo que luego han conocido era una continuación de lo anterior, que tampoco vivieron. 
No, definitivamente no, porque medió un referéndum que legitimó la reforma política y aprobó una Constitución en 1978 por abrumadora mayoría, que lleva vigente casi 40 años. Como no hubo ruptura puede parecer que a Juan Carlos lo puso Franco y aquí sigue hasta ayer. La Monarquía actual es una consecuencia directa de la reforma pactada por todas las fuerzas políticas y los autonomistas catalanes, vascos y gallegos con la bendición de los poderes fácticos de la época. No hay otra verdad.

En varias ocasiones se le ha oido decir al monarca que su objetivo prioritario conseguido era ése y la restauración monárquica. Y por eso su padre renunció a la Corona y trasmitió al hijo su legitimidad dinástica, recibida en su día, a su vez, por el conde de Barcelona, un patriota de verdad, de quien fué el rey Alfonso XIII. De lo contrario, de no haber sido refrendada implícitamente la monarquía al aprobar la Constitución los españoles de entónces, el no reinante rey Juan no hubiese dado nunca ese paso con su renuncia pública al trono de España en favor de Juan Carlos.

El nuevo rey hizo pronto sus deberes de libertad, convivencia y diálogo dentro del pluralismo tras liquidar el franquismo por consejo de su padre y el grupo de monárquicos del interior ajenos al círculo de Estoril, lleno de personajes recalcitrantes con la vuelta a Madrid de don Juan para reinar después de Franco. El deseo de fondo no confeso del joven monarca era, mediante una amnistía, acabar con las dos Españas y ser el rey de todos los españoles pese a las resistencias de los generales provenientes de la Guerra Civil, a cual más cerril e inculto, cuando todavía la democracia era incipiente pero no vacilante. El Rey reconoce que, en todos estos años, nunca se ha olvidado de ni una sola de las víctimas del terrorismo.
El 23-F no fue otra cosa que una calculada vacuna contra esos generales tras casi obligar al rey-militar a prescindir como presidente del Gobierno de un ya muy gastado Adolfo Suárez. Le sucedió un monárquico acreditado como era Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, a mitad de camino entre tecnócrata y político, como mejor salida para poder continuar la Transición aunque más pausadamente y de forma más hábil, hasta conseguir el consolidador turno político, una vez lograda en su día la legalización de todos los partidos políticos. 

Juan Carlos fue siempre el verdadero motor del cambio y todos los demás elementos en presencia, ejecutores de las órdenes del rey como buen militar de carrera que era, hasta sacrificar en el trance a los generales monárquicos Milans del Bosch y Alfonso Armada, que nunca se hubiesen levantado contra él.

Visto en perspectiva y sin los condicionamiento de los efectos de la actual crisis económica, el resultado final no ha sido malo porque España es ahora el país más moderno de Europa y la gran esperanza de este continente porque será en los próximos años el de más y mejores oportunidades de inversión y creación de empleo, según coinciden todos los laboratorios de la City y Wall Street. El último gran servicio de Juan Carlos al país que tanto quiere, España, ha sido su abdicación de ayer para que pueda afrontar esa nueva etapa con su hijo Felipe VI al frente.
Las elección de Suárez, Calvo-Sotelo y Torcuato Fernández-Miranda primero y Felipe González después, para correr los riesgos inherentes al desarrollo del proceso político democrático, reconoce el monarca que fue un acierto cuando tanta Cancillería occidental no creía que pudiese darse el turno político y acceder al Gobierno un partido republicano como el PSOE. A partir de ese momento y, tras un largo período de gobiernos socialdemócratras, la democracia en España quedó plenamente asentada con el Estado de las Autonomías para dar oportunidades a otras sociedades de fuera de Madrid y de territorios periféricos, peninsulares e insulares.
Atendiendo a los consejos de su padre, Juan Carlos I ha sido, según sus propias palabras, un nómada en su país al jactarse de conocer las ciudades y todos los pueblos más importantes de España y haber saludado personalmente a miles de españoles. El rey ha tratado siempre de estar cerca de la gente para conocerla y tener la experiencia de escucharla para aprender de ella con sus expresadas ideas ante él. Y todo por su interés de servir al pueblo y hacer útil la monarquía.  

La primera utilidad fué conseguir en 1986 la entrada de la siempre europea España en el núcleo de decisiones de la Comunidad Económica continental tras hablar con muchos gobiernos y periodistas internacionales sobre lo que se había hecho en nuestro país durante los diez años anteriores y lo que quedaba por hacer pese a las dudas de algunos de esos interlocutores. 
Y dentro de ese esfuerzo de abrir puertas a España y destilar credibilidad democrática, Juan Carlos fue el primer rey español en viajar a Iberoamérica; lo hizo todos los años y el resultado ha sido lograr una comunidad de intereses con los países que fueron, excepto Brasil, nuestras antiguas colonias. Por eso se vanagloria de haber acercado aquellas jóvenes repúblicas a la hoy Unión Europea. También ha logrado una sincera relación fraterna con Portugal, donde residió de joven, y con Italia, donde nació por el exilio de su abuelo y de sus padres.

Insiste siempre, y no hay por qué dudarlo, en su amor y lealtad a España inculcados por su padre porque un exiliado lleva a España mucho más en su corazón, como ahora ha expresado su intención Juan Carlos al abdicar la corona, y se precia además de haber unido a todos los españoles para recuperar la democracia por la acción de la monarquía refrendada en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Por eso habla siempre de haber sentido en todo momento el apoyo general del pueblo en sus esfuerzos de normalización y modernidad, reconociendo que queda aún pendiente lograr una España más igualitaria y más justa.

Juan Carlos tuvo como rey la humildad de pedir perdón recientemente a los españoles por sus errores. Y consecuente con esa actitud ha terminado abdicando cuando lo ha creído oportuno tras escuchar a quienes ahora tienen más conocimientos, percepción y elementos de juicio para ver lo más conveniente para España y la Monarquía en un contexto europeo y occidental.

Por todo lo anterior le deben estar agradecidos hasta quienes en libertad siguen pidiendo que venga una república y exigiendo que se celebre un referéndum para ver si una mayoría de españoles abomina de esta Corona que ahora desea continuar y que, por edad, bastantes no refrendaron en su día dentro de una Constitución, que eso sí, pocos dudan que se ha quedado obsoleta y sólo sirve, al final, a los intereses de unos cuantos.

(*) Periodista y profesor

lunes, 16 de junio de 2014

La monarquía de Felipe VI será 'republicana' o no será / Francisco Poveda *

Esta misma semana las Cortes Generales, Congreso y Senado, proclamarán rey al Príncipe, previsiblemente con el nombre de Felipe VI, y España introducirá así un elemento básico de tranquilidad en la Unión Europea, donde existen otras seis monarquías constitucionales o parlamentarias en espera de no perder cuota institucional en el Continente ni que muy cerca se sienten precedentes adversos. 

Bruselas oficiosamente se inclina, pues, por la continuidad de la Monarquía en nuestro país y semanas atrás ha propiciado, con la máxima discreción, la necesaria y urgente abdicación del padre, azuzada por la católica Bélgica y la protestante Holanda con especial ahínco.

También se es consciente en el resto de Europa, donde existen tres monarquías más, Noruega, Liechtenstein y Mónaco, que la forma republicana no ha tenido una buena experiencia histórica entre nosotros, sobre todo, en un siglo XIX tormentoso, aunque los amplios sectores identificados con ella no afloren ahora del todo todavía al relacionarse, intencionadamente por cierta propaganda ideológica, la II República como algo que larvó la Guerra Civil a comienzos del siglo XX. 

(Por cierto, que sería bueno sustituir en parte la actual bodeguilla del pabellón del príncipe por una biblioteca básica de ensayo para estar en poco tiempo intelectualmente por encima de la media de un país con demasiados analfabetos funcionales en este momento, sin criterio fundamentado y sobre los que va a reinar igualmente Felipe VI, más de los que parece 'ninis' y 'frikis').

 Sin embargo, el encaje de bolillos ahora es diseñar y realizar una segunda transición, con el motor de la Corona, desde la regeneración del sistema, con la voladura controlada del régimen de 1978 y la eliminación sin más de la indeseable casta generada al objeto de obtener una rápida y actual credibilidad democrática frente a unas nuevas generaciones ilustradas y decididas a opinar y ser activas sobre su propio destino individual y colectivo. Porque la inevitable Monarquía federal de Felipe VI será ya 'republicana', o no será en el tiempo, si se quiere de verdad conjurar una estructural inestabilidad institucional a la belga y un final casi seguro fatal.

La primera meta a alcanzar debe ser revaluar la Corona. Sería bueno que en La Zarzuela sólo viviera un rey y en Marivent, si acaso, una sola reina.  La imagen pública percibida y la forma transmitida van a ser claves a partir de ahora en la imprescindible, por estratégica, excelente comunicación institucional, a la par formal y no verbal, a emitir desde palacio y para la que no valdrán voluntarios aficionados en vez de profesionales experimentados y acreditados para dirigirla, por el bien de la Casa Real en primer lugar.

(Especial atención se debe prestar a Internet y la generación digital que tiene tras la suya Felipe VI, cuya aristocracia intelectual es hoy la principal fuerza social en acción en el Reino).

Es por eso que el entorno funcional heredado de la época de príncipe por la precipitación abdicadora, se ha de ir renovando gradualmente pero sin dilación antes de final de año por el nuevo monarca, quien para evitar más desaciertos ha de huir, diplomáticamente pero de forma resuelta, de ciertas amistades bien identificadas y de cortesanos espontáneos en busca de presumir en sociedad, privada o públicamente, de influencia neta en Zarzuela, hasta llegar a alimentar el ¡Hola! cuando no estamos tratando de un 'cuento de hadas' ni de una Corte al uso.

Porque de lo que sí se trata, dentro de un inaplazable cambio de estilo, es de ser útil al país, ganar autoridad moral y ser el líder de esa monarquía 'republicana' que catalice todas las sensibilidades en presencia, para quienes Zarzuela siempre debe 'estar de guardia' porque no se debe limitar a arbitrar y verlas pasar sino animar a la acción desde su influencia institucional. Eso no está reñido con la imprescindible sobriedad y ejemplaridad que se esperan dentro de una exteriorización no excesiva de privilegios. El nuevo rey no debe dejar que le induzcan a error ni repetir errores cometidos por otros. Yo le diría que no haga nada que no pueda hacer la mayoría de españoles, comenzando por renunciar como gesto a la inviolabilidad no política.

Uno de esos errores de bulto podría ser repetir esquemas superados, por experimentados años atrás, de marketing institucional que se identifican con el pasado. El contacto callejero con el pueblo no debe ser programado para la propaganda sin más recorrido sino que debe responder a circunstancias espontáneas como demuestra, una y otra vez, la longeva reina de Inglaterra, quien tampoco suele visitar ni alternar con monarcas autoritarios o recibir en Londres a dirigentes muy contestados por la opinión pública internacional. Y, mucha atención, que sólo viste su uniforme cuando el contacto es exclusivamente con militares. El mensaje es claro por parte del antiguo y sabio Imperio Británico.

El acento se ha de poner ahora, más que nada, en recibir y conocer semanalmente a nuevos representantes de la sociedad civil española y ser sugerente con ellos sin llegar a ser 'colega'. Todavía existen en nuestro país muchos más indiferentes que monárquicos declarados y republicanos recalcitrantes juntos, al igual que ocurre con los católicos de abrumadora mayoría confesa. El nuevo monarca, del que tanto espera Europa aunque no Estados Unidos, debe ser un 'republicano' y para ello se debe fijar muy bien en los modos y maneras de El Elíseo pero también tener la humildad de escuchar al rey padre de los belgas por aquello de su experiencia en templar los ánimos de valones y flamencos cada día que amanece.

Felipe VI tiene la obligación de legitimarse 'per se' y demostrar no querer ser una herencia del franquismo por una sobrevenida legalidad de dudosa legitimidad. A partir de aquí nada se debe cerrar en falso ni autoengañarse. Lo que viviremos esta semana tan solo es una forma de continuidad que exige luego varias reválidas en tiempo y forma. Los mimbres viejos hay que quemarlos, de entrada, en la chimenea de la Historia. Todo lo que, al final, ha resultado contra el pueblo no debe coexistir con el nuevo monarca por su propia trascendencia de futuro y la de su dinastia.

Así como en 1977 las Cortes franquistas fueron volatilizadas por la ley de reforma política de Adolfo Suárez, la nueva monarquía federal que ahora se necesita para preservar la unidad de España debe prescindir, a la mayor brevedad, de los viejos partidos que han venido sustentado el sistema devenido en corrupto, inviable y sin salida y, por supuesto, de los politicastros que nos han conducido a un desastre aún mayor que el de 1898, incluidos sin excepción Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy por resultar los principales. El nuevo monarca debe alejarse lo más posible de los cuatro al estar desahuciados por la sociedad española en su conjunto. Lo nuevo no debe ser viejo, como encerraba el mensaje implícito de la portada no nata de la revista satírica catalana 'El Jueves'.

Regeneración y nueva Constitución, porque la del 78 se ha utilizado finalmente contra los españoles en favor de unos pocos, deben ser los ejes para asentar la nueva monarquía federal, que ha de pivotar sobre una Justicia renovada muy a fondo, tras no haber hecho bien su trabajo durante todos estos años, para poder poner frente a esa otra judicatura más independiente a los 5.000 miembros responsables directos del hundimiento de España y la ruina de su clase media, y sacudirse así de lo peor de la actual clase política para que sus 'saurios' no arrastren al nuevo monarca en su inevitable derrota.

No debe olvidar nunca Felipe VI que la Dictadura engendra Monarquía pero que ésta debe engendrar Democracia, con riesgo de advenimiento republicano sino se profundiza en ella. Así de simple y de complejo es el proceso que se nos presenta. 

(*) Periodista y profesor

sábado, 7 de junio de 2014

Podemos elegir la audacia / Andrés Pedreño *

El campo político español, tal y como se reconstruye a partir de 1978, delimitó una férrea frontera entre los ´profesionales de la política´ y ´los profanos´. Los profesionales hicieron de determinados lenguajes, rituales y recompensas las señas distintivas entre quienes estaban legítimamente dentro del campo político y quienes quedaban fuera. Los profanos fueron progresivamente excluidos de la política legítima, aunque convocados periódicamente a las urnas para votar. La movilización del 15M impugnó fuertemente este campo político, cuando miles y miles de profanos gritaron «no nos representan» en nombre de la democracia. La frontera que los profesionales habían levantado frente a los profanos quedó cuestionada como síntoma de desdemocratización. 

Aquí también los ´sin papeles´, esto es, los excluidos de la política legítima, reivindicaron su lugar en el mundo político. Sabiéndose los perdedores de una crisis económica que cortaba radicalmente las trayectorias sociales ascendentes construidas laboriosamente por sus padres, los jóvenes de los sectores medios y populares urbanos, contando con la solidaridad intergeneracional de los más mayores, utilizaron muchas de sus formas de expresión específicas (la interacción grupal, la acampada, la política del placer, etc.) para reinventar un mundo político posible, pero radicalmente democrático.

La plaza pública y la asamblea representaron una apertura de la política deseada para que los profanos expresaran su malestar y su potencia. El 15M lo cambió todo. Nada podía ser igual. A los profesionales de la política a partir de entonces se les empezó a pensar como una ´casta´. A la asamblea se le concibió como el escenario ideal para la expresividad de una nueva práctica política protagonizada por ´profanos´.

La iniciativa política Podemos, que irrumpe con cinco europarlamentarios en las pasadas elecciones del 25 de mayo, nace de una lectura y de unas hipótesis sobre lo que significó el 15M. Como no se cansan de repetir Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, por citar dos de las voces más significativas de la iniciativa, no se trata tanto de ´representar´ al 15M (algo imposible dada su heterogeneidad) como de ´interpretar´ qué fue tan excepcional acontecimiento. De esa lectura del 15M nace un espíritu y una metodología para la acción política que se ha propuesto llegar a gobernar este país. El 15M rechazó la entrada en el campo institucional pero alimentó un ciclo de movilizaciones inédito (anti-desahucios, mareas, etc.). Podemos recoge ese espíritu de la política hecha por profanos pero plantea como necesidad la entrada en el campo institucional: «Nos han tenido mucho tiempo fuera, ahora nos van a tener dentro».

Este gesto, provocador e insólito, se hace sobre la base de procedimientos y metodologías que ya estuvieron presentes en el 15M: la base asamblearia y la plaza pública (los Círculos en Podemos) donde los profanos se expresan por encima de las divisiones trazadas por los partidos políticos; el rechazo a las mediaciones burocratizadas propias de los partidos; la apuesta por formas de elección y de toma de decisiones radicalmente democráticas (primarias abiertas para confeccionar las listas electorales, lo cual impugna la lógica de la ´selección de élites´ mediante el aparato de partido; construcción del programa electoral mediante discusión colectiva horizontal en la que todos se reconocen como ´expertos´, etc.).

Podemos aspira a la construcción y movilización de un pueblo que considera unido por unas similares condiciones materiales de vida modeladas por el trauma de la crisis (empobrecimiento vital y desposesión de sus propiedades sociales) y para ello reivindica y elogia una política hecha por profanos. Esta demanda de una política profana se entronca con toda una tradición política de reivindicación de una democracia digna de su significado: «Ahí donde cada hombre tome parte en la dirección de su república de distrito, o de algunas de las de nivel superior, y sienta que es partícipe del gobierno de las cosas no solamente un día de elecciones al año, sino cada día; cuando no haya ni un hombre en el Estado que no sea un miembro de sus consejos, mayores o menores, antes se dejará arrancar el corazón del cuerpo que dejarse arrebatar el poder por un César o un Bonaparte», escribió el que fuera autor de la Declaración de Independencia americana, Thomas Jefferson, allá por 1824. En definitiva, una exigencia de democracia para hacer saltar en pedazos el muro defensivo que los profesionales levantaron alrededor del campo político para mantener a raya y sin papeles a los profanos. Cuando Teresa Rodríguez dice aquello de «tener un pie en las instituciones y mil en las calles» o cuando Pablo Iglesias arenga con eso de que «si los ciudadanos no hacen política vendrá alguien a hacerla por ti», ambos están revitalizando el ideal de un poder del pueblo para el pueblo.

Si los profesionales de la política se encastillan en los lenguajes, juegos y recompensas propias del campo político, imponen la tendencia a su cierre progresivo. Y devienen ´casta´. El insigne sociólogo estadounidense C. Wright Mills habló de las élites de poder para denunciar la degradación de la democracia de su país por parte de un entretejido denso entre intereses políticos, económicos y militares de una minoría con cada vez mayor poder acumulado. El término de ´casta´, profusamente utilizado en la terminología de Podemos, recoge una definición muy similar a la de Mills, pues denuncia la connivencia interesada entre poder político, económico y financiero (´las puertas giratorias´). 

En definitiva, la casta es ese capitalismo de ´amigantes´ (amigos+mangantes) que según el filósofo Emilio Lledó caracteriza al meridional capitalismo español.

Se equivocan los que han visto en Podemos un fenómeno de ´antipolítica´. La antipolítica, tal y como Noam Chomsky la conceptualizó, es esa representación de las cosas que viene a decir que «los políticos tienen la culpa de todo», que «la política es el problema» o que afirma «yo no voy a votar, todos son iguales, corruptos e indecentes». Esta representación de la realidad oculta la responsabilidad de las grandes corporaciones empresariales en lo que está pasando. La antipolítica es una forma de ceguera promovida de forma interesada para que los lobbies capitalistas sigan moviéndose en las sombras y haciendo la política realmente existente. La antipolítica es la política del neoliberalismo. 

Por ello, Podemos reivindica la política e insiste en arrebatarle el monopolio de la política a los profesionales pues en sus manos degenera en ´antipolítica´.

El 25M Podemos lanzó una hipótesis política que recoge la transversalidad social del acontecimiento del 15M. Por encima de las diferencias de partido que dividen (y fragmentan políticamente) a la ciudadanía es posible constituir un contrapoder del 99% para gobernar este país y revitalizar la capacidad constituyente de la sociedad. Esa hipótesis llama a la audacia de los que quieren revertir la actual desdemocratización del Estado español y seguramente de Europa. 
(*)  Profesor titular de Sociología en la Universidad de Murcia

jueves, 5 de junio de 2014

Hipótesis de coyuntura sobre la Corona / Francisco Poveda *

El conflicto en Ucrania está a punto de dar paso a una nueva geografía económica mundial en el siglo XXI y eso, que puede desencadenar a corto plazo un conflicto bélico global y que hace discrepar a los europeos de los norteamericanos sobre su tratamiento, es el telón de fondo que condiciona, desde la guerra en Siria hasta la precipitada e inesperada abdicación del rey de España el pasado lunes tras la 62ª reunión anual del Club Bilderberg, celebrada el pasado fín de semana en un hotel del centro de Copenhague.

Ese gran club trasatlántico, el más grande y sintético 'think tank' planetario, pretende sino gobernar el mundo -que no puede, que se sepa- al menos conjurar y provocar, desde cierta planificación estratégica continuada, hechos que al gran público parecen naturales y espontáneos. Kissinger, Lagarde, Monti, Beatríz de Holanda... son algunos de sus miembros fijos al igual que la reina de España o el periodista Juan Luis Cebrián, presidente del grupo mediático 'Prisa'.

Para esta ocasión también han asistido el nuevo rey de los belgas y por España su ministro de Asuntos Exteriores, García-Margallo acompañado de una sobrina de Mariano Rajoy diplomática de profesión, y el director general de 'La Caixa', Juan María Nin, dentro del grupo no permanente de nuestro país.

Los temas en agenda eran la política y economía de China tras el acuerdo energético con la Rusia de Putin; el futuro de la Democracia; la sostenibilidad de la recuperación económica; el intercambio de información reservada y sensible entre los servicios secretos occidentales y de sus aliados con activa presencia esta vez de la CIA y el MI6 británico, y como tema estrella y telón de fondo, la crisis de Ucrania. Y todo a puerta cerrada y sin documentos escritos de lo tratado de forma no oficial hasta consensuar las acciones a recomendar a quienes han de ejecutarlas para blindar un gran bloque de poder ante la reestructuración militar, económica y comercial que se aventa en el mundo.

Políticos experimentados, financieros, hombres de negocios internacionales, grandes empresarios de multinacionales, dirigentes de las estructuras líderes de Internet, aristócratas, altos mandos militares, académicos y periodistas relevantes de nuestro hemisferio, hasta 150 personas de elite, se han encerrado durante tres dias en el 'Marriot' danés para abordar, analizar, concluir y proponer. Y de ahí parece haber salido la urgencia de arreglar el patio trasero de Europa de pequeños desajustes pendientes de afinamiento dada la velocidad y el calado de potenciales o previsibles acontecimientos de alcance mundial, con riesgo grueso para el todavía poderoso Occidente. 

Por esta vez, el tema de España ha ocupado, dentro de ese marco, cierta atención de los asistentes debido a la situación sobrevenida por la corrupción estructural y la inestabilidad institucional que puede provocar a medio plazo de consolidarse las tendencias electorales que arrojaban las encuestas del CIS, confirmadas luego por el resultado de unos comicios europeos de escasa participación y el auge de las propuestas ideológicas de las opciones más declaradamente republicanas y de izquierda, tras alguna de las cuales se adivina la mano de Putin a través de terceros. Tras otras, con mucha menos suerte, casi podría afirmarse que está apresuradamente Washington, en alerta siempre sobre la Península Ibérica.

Teniendo en cuenta que Europa tiene contenido el aliento ante la situación española desde hace muchos meses por lo que considera un coágulo dentro del continente y que los Estados Unidos no terminan de realizar grandes inversiones en nuestro país, en un momento para grandes oportunidades de negocio,  ante el clima generalizado de descomposición institucional, no es de extrañar que el sábado por la noche ya se supiera en algunos círculos de Madrid, incluso periodísticos de alguna provincia mediterránea, que la abdicación de Juan Carlos I esta vez no era un bulo.

El pasado domingo pasaron muchas cosas en Zarzuela a la vuelta de Copenhague de la expedición española. El ministro y la sobrinisima debieron pasar primero por Moncloa y desde allí tuvieron que llamar a Rubalcaba. Doña Sofía tuvo que ser quien le diera el primer mensaje al monarca. En escena pudieron aparecer luego, quizás, Felipe González y Cebrián, que llevaba tiempo en ello. Y cabe imaginar que no resultó fácil convencer al rey de que su permanencia hasta la muerte iba a ser que no y rápido. Seguro que el Rey puso algunas condiciones, al final poco convencido. Eso explica que Rajoy anunciase a primera hora del lunes públicamente el trance para evitar una marcha atrás de persona tan testaruda como don Juan Carlos y que el Príncipe tuviese que regresar a toda prisa de El Salvador en un viejo avión susceptible de tener que aterrizar en Canarias por avería tras el acelerón a que fue sometido.

También se puede imaginar a don Felipe hablando por teléfono desde América Central con su madre y con doña Letizia ante tal precipitación de acontecimientos  inesperados. Y con su padre, por supuesto, ya que ha respetado siempre los tiempos que él ha marcado. La vuelta a España sobre el Atlántico tuvo que ser de infarto y vigilia para don Felipe ante la que se le viene encima de repente. La prueba es que se ha tenido casi que improvisar el procedimiento urgente para una legislación 'ad hoc' inexistente porque no se veía en el previsible horizonte su necesidad.

La Unión Europea está por la monarquía en España si garantiza estabilidad ante potenciales eventualidades en el exterior de nuestras fronteras. Aunque Estados Unidos no le hace ascos a una República a su medida. Pero, además, se están renovando todas las cúpulas nacionales de poder de cara a una nueva etapa de la Historia y ahora le tocaba a la de nuestro país pese a la resistencia de don Juan Carlos estos meses mientras ahormaba sin mucha prisa los apoyos a su heredero.

Entremedio, el viaje de repúblicanos moderados a Estados Unidos tras las elecciones europeas, división de opiniones al respecto en el seno de un PSOE sin nuevos líderes de peso, un Partido Popular hundido por los escándalos aunque con el mejor banquillo para el relevo y una Corona corcomida por los desaciertos, cierta descomposición interna y un relativo fracaso comercial de los apresurados y secuenciales viajes políticos del Rey el mes pasado a cinco de las monarquías del Golfo Pérsico, con la suspensión del viaje a Qatar, que era la sexta.

El libro de Pilar Urbano tras la muerte de Suárez, el final de la instrucción judicial del caso Urdangarín con la esperada imputación de la infanta Cristina y los inquietantes informes del CNI -trufado de militares de Inteligencia- sobre el avance de las opciones republicanas ante la depresión de la Monarquía por cierta desconexión con un pueblo sufriente por la crisis económica, aumentada por la tolerada corrupción desde la cúpula del Estado hasta el último municipio, encendió todas las alarmas en el cuartel general de la OTAN en Bruselas mientras Putin le echaba en Ucrania un gran pulso a Londres, Berlín y Washington. 

Y se detecta a círculos próximos al ex presidente Aznar -¿el tapado del conservador Tea Party norteamericano?- pensando ya en la República, cuando aparece en escena un oportuno y desconocido juez de primera instancia e instrucción de Madrid, Elpidio Silva, dando certero golpe de gracia a las presuntas finanzas de una supuesta operación de altura para ocupar el hueco que pudiera dejar un derribo o abandono de la monarquía por imposibilidad de continuar... porque ya se sabe que monarquía engendra república, y ésta anarquía cuando esa anarquía luego conduce a dictadura, según el clásico axioma de la ciencia política más elemental.

Por cierto, que Bilderberg, como gran grupo de presión occidental, parece tener muchas esperanzas puestas en Eduardo Madina para que lidere el PSOE en la próxima década coincidiendo con Felipe VI en el trono. La gran jugada de ajedrez sobre nuestro país parece que sólo acaba de comenzar.

(*) Periodista y profesor

domingo, 11 de mayo de 2014

¿Por qué sube la extrema derecha en Europa? / Ignacio Ramonet

Una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y por la incorporación al Parlamento Europeo de un número considerable de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, estos se concentran en dos grupos: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaños (1). ¿Cuántos serán después del 25 de mayo? ¿El doble? ¿Suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unión Europea (UE)? (2).
 
Lo cierto es que, desde hace varios años y en particular desde que se agudizaron la crisis de la democracia participativa, el desastre social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en una irresistible subida de las extremas derechas. Las recientes encuestas de opinión confirman que, en los comicios europeos que se avecinan, podría aumentar considerablemente el número de los representantes de los partidos ultras: Partido por la Independencia del Reino Unido, UKIP (Reino Unido) (3); Partido de la Libertad, FPÖ (Austria); Jobbik (Hungría); Amanecer Dorado (Grecia); Liga Norte (Italia); Verdaderos Finlandeses (Finlandia); Vlaams Belang (Bélgica); Partido de la Libertad, PVV (Países Bajos); Partido del Pueblo Danés, DF (Dinamarca); Demócratas de Suecia, DS (Suecia); Partido Nacional Eslovaco, SNS (Eslovaquia); Partido del Orden y la Justicia, TT (Lituania); Ataka (Bulgaria); Partido de la Gran Rumanía, PRM (Rumanía); y Partido Nacional-Demócrata, NPD (Alemania).
 
En España, donde la extrema derecha estuvo en el poder más tiempo que en ningún otro país europeo (de 1939 a 1975), esta corriente tiene hoy poca representatividad. En las elecciones de 2009 al Parlamento Europeo sólo obtuvo 69.164 votos (0,43% de los sufragios válidos). Aunque, normalmente, alrededor del 2% de los españoles se declara de extrema derecha, lo cual equivale a unos 650.000 ciudadanos. En enero pasado, unos disidentes del Partido Popular (PP, conservador) fundaron Vox, un partido situado a “la derecha de la derecha” que, con jerga franquista, rechaza el “Estado partitocrático”, defiende el patriotismo y exige “el fin del Estado de las autonomías” y la prohibición del aborto.
 
Herederas de la extrema derecha tradicional, cuatro otras formaciones ultras –Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota Español– reunidas en la plataforma “La España en Marcha”, firmaron un acuerdo, en diciembre de 2013, para presentarse a las elecciones europeas. Aspiran a conseguir un eurodiputado.
 
Pero el movimiento de extrema derecha más importante de España es Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 67 concejales. Su líder, Josep Anglada, define a PxC como “un partido identitario, transversal y de fuerte ­contenido social” pero con una dura posición antiinmigrantes: “En España –afirma Anglada– aumenta día a día la inseguridad ciudadana, y gran parte de ese aumento de la inseguridad y del crimen es culpa de los inmigrantes. Defendemos que cada pueblo tiene el derecho a vivir según sus costumbres e identidad en sus propios países. Precisamente por eso, nos oponemos a la llegada de inmigración islámica o de cualquier otro lugar extraeuropeo.”
 
En cuanto a Francia, en los comicios municipales de marzo pasado, el Frente Nacional (FN), presidido por Marine Le Pen, ganó las alcadías de una docena de grandes ciudades (entre ellas Béziers, Hénin-Beaumont y Fréjus). Y, a escala nacional, consiguió más de 1.600 escaños de concejales. Un hecho sin precedentes. Aunque lo más insólito está quizás por venir. Las encuestas indican que, en los comicios del 25 de mayo, el FN obtendría entre el 20% y el 25% de los votos (4). Lo cual, de confirmarse, lo convertiría en el primer partido de Francia, por delante de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), y muy por delante del Partido Socialista del presidente François Hollande. Una auténtica bomba.
 
El rechazo de la UE y la salida del euro son dos de los grandes temas comunes de las extremas derechas europeas. Y, en este momento, encuentran un eco muy favorable en el ánimo de tantos europeos violentamente golpeados por la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el Pacto de Estabilidad (5) y sus crueles políticas de austeridad y de recortes, causa de enormes desastres sociales. Hay 26 millones de desempleados, y el porcentaje de jóvenes de menos de 25 años en paro alcanza cifras espeluznantes (61,5% en Grecia, 56% en España, 52% en Portugal). Exasperados, muchos ciudadanos repudian la UE (6). Crece el euroescepticismo, la eurofobia. Y eso conduce en muchos casos a la convergencia con los partidos ultras.
 
Pero hay que decir también que la extrema derecha europea ha cambiado. Durante mucho tiempo se prevalió de las ideologías nazi-fascistas de los años 1930, con su parafernalia nostálgica y siniestra (uniformes paramilitares, saludo romano, odio antisemita, violencia racista...). Esos aspectos –que aún persisten, por ejemplo, en el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego– han ido desapareciendo progresivamente. En su lugar han ido surgiendo movimientos menos “infrecuentables” porque han aprendido a disimular esas facetas detestables, responsables de sus constantes fracasos electorales. Atrás quedó el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, los nuevos ultras han puesto el énfasis en la cultura, la identidad y los valores, de cara al incremento de la inmigración y la “amenaza” percibida del islam.
 
Con la intención de “desdiabolizar” su imagen, ahora abandonan también la ideo logía del odio y adoptan un discurso variopinto y radical de rechazo del sistema, de crítica (más o menos) argumentada de la inmigración (en particular musulmana y rumano-gitana) y de defensa de los “blancos  pobres”. Su objetivo declarado es alcanzar el poder. Usan intensivamente Internet y las redes sociales para convocar manifestaciones y reclutar nuevos miembros. Y sus argumentos, como hemos dicho, cada vez encuentran mayor eco en los millones de europeos destrozados por el paro masivo y las políticas de austeridad.
 
En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier dirigente político de la izquierda al “capitalismo salvaje”, a la “Europa ultraliberal”, a los “destrozos de la globalización” y al “imperialismo económico de Estados Unidos” (7). Sus discursos seducen a amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrialización y las deslocalizaciones, que aplauden a la líder del FN cuando declara, citando a un ex secretario general del Partido Comunista francés, que “hay que detener la inmigración; si no, se condenará a más trabajadores al paro”. O cuando defiende el “proteccionismo selectivo” y exige que se ponga freno al libre cambio porque este “obliga a competir a los trabajadores franceses con todos los trabajadores del planeta”. O cuando reclama la “pertenencia nacional” en materia de acceso a los servicios de la seguridad social que, según ella, “deben estar reservados a las familias en las cuales por lo menos uno de los padres sea francés o europeo”. Todos estos argumentos encuentran apoyo y simpatía en las áreas sociales más castigadas por el desastre industrial, donde durante decenios el voto a las izquierdas era la norma (8).
 
Pero el nuevo discurso de la extrema derecha tiene un alcance que va más allá de las víctimas directas de la crisis. Toca de alguna manera ese “desarraigo identitario” que muchos europeos sienten confusamente. Responde al sentimiento de “desestabilización existencial” de innumerables ciudadanos golpeados por el doble mazazo de la globalización y de una UE que no cesa de ampliarse.
 
Tantas certidumbres (en materia de familia, de sociedad, de nación, de religión, de trabajo) han vacilado estos últimos tiempos, que mucha gente pierde pie. En particular las clases medias, garantes hasta ahora del equilibrio político de las sociedades europeas, las cuales están viendo cómo su situación se desmorona sin remedio. Corren peligro de desclasamiento. De caer en el tobogán que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (por el credo en el Progreso) haber salido para siempre. Viven en estado de pánico.
 
Ni la derecha liberal ni las izquierdas han sabido responder a todas estas nuevas angustias. Y el vacío lo han llenado las extremas derechas. Como afirma Dominique Reynié, especialista de los nuevos populismos en Europa: “Las extremas derechas han sido las únicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –paro, poder adquisitivo– y de su patrimonio inmaterial, es decir su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea” (9).
 
Mientras las izquierdas europeas consagraban, en los últimos dos decenios, toda su atención y su energía a –legítimas– cuestiones societales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos de los inmigrantes, ecología), al mismo tiempo unas capas de la población trabajadora y campesina eran abandonadas a su –mala– suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasión. Sacrificadas en nombre de los “imperativos” de la construcción europea y de la globalización. A esas capas huérfanas, la extrema derecha ha sabido hablarles, identificar sus desdichas y prometerles soluciones. No sin demagogia. Pero con eficacia.
 
Consecuencia: la Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar?


(1) En las elecciones europeas de 2009, los partidos de extrema derecha obtuvieron el 6,6% de los votos.
(2) Las encuestas más serias indican que, después del 25 de mayo, el número de eurodiputados de extrema derecha pasaría de 47 a 71. Léase “Élections européennes 2014: vers ??une?? extrême droite européenne?”, Fundación Robert Schuman, http://www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0309-elections-europeennes-2014-vers-une-extreme-droite-europeenne
(3) Un sondeo realizado por la firma YouGov el 6 de abril de 2014 en el Reino Unido le atribuye al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) un 40% de las intenciones de voto y al menos 20 diputados europeos.
(4) Según un barómetro de imagen del FN realizado en febrero de 2014 por el Instituto TNS Sofres, el número de franceses que se adhieren a las ideas del FN es del 34%.
(5) El Pacto de Estabilidad y de Crecimiento prohíbe a los gobiernos europeos de la zona euro realizar un déficit presupuestario superior al 3% del PIB.
(6) El último estudio Eurobarómetro, publicado en diciembre de 2013, revela que sólo el 31% de los europeos tiene una imagen positiva de la UE (frente al 48% en marzo de 2008).
(7) Léase “Nouveaux visages des extrêmes droites”, Manière de voir, n.°134, París, abril-mayo de 2014.
(8) Según un sondeo publicado por el diario Le Monde, la imagen de la presidenta del FN recibe cada vez más opiniones favorables: el 56% de los encuestados cree que “entiende los problemas cotidianos de los franceses” y el 40%, que "tiene nuevas ideas para resolver los problemas de Francia".
(9) Dominique Reynié, Populismes: la pente fatale, Plon, París, 2011.