miércoles, 22 de diciembre de 2010

¿Dónde está la izquierda? / Joaquim Sempere *

Durante decenios, el monopolio de la ideología neoliberal ha sido casi absoluto en los medios de difusión, pero después del estallido de la crisis económico-financiera iniciada en 2007 se han difundido diagnósticos y alternativas a la misma con una nitidez sorprendente. Hace tiempo que no se hablaba tan claro públicamente de estos asuntos. 

Los propios portavoces del neoliberalismo han optado por la discreción y el perfil bajo ante el fracaso de sus fórmulas y previsiones. Pero la claridad y difusión de los mensajes sobre la injusticia y la peligrosidad del capitalismo neoliberal no se traducen en iniciativa ideológica ni política.

Y mientras callan los portavoces del poder, los amos siguen con el business as usual [negociar por encima de todo], como lo ilustran los ataques especulativos contra países enteros y contra los derechos sociales y laborales de la ciudadanía, sobre todo al percatarse de que no hay apenas resistencia.

Los partidos llamados socialistas han seguido su tónica habitual de plegarse a las exigencias del gran capital internacional, tras haber contribuido con ahínco al desguace de los mecanismos políticos de intervención y reglamentación de la economía en todas partes, de modo que no queda más opción que girarse hacia la izquierda. Pero ¿qué se observa en este espacio político?

Por un lado, una escasa capacidad para atraer votos, unida en muchos casos a la fragmentación. Si se suman los votos de las fuerzas alternativas potenciales, no pasan normalmente del 10%. A los restos de pasadas divisiones (comunistas tradicionales, eurocomunistas, trostkistas), se suman fuerzas nuevas (Parti de Gauche y Gauche Unitaire en Francia, Die Linke en Alemania). En algunas de estas fuerzas nuevas, como en Die Linke, es importante la presencia de disidentes del partido socialista y de algunos sindicatos mayoritarios, con arraigo en sectores de trabajadores.

Se da, además, otra circunstancia grave: la convergencia de rojos y verdes, que pareció cristalizar años atrás, entró en crisis en muchos países. La expresión más visible de esta crisis fue el proceso degenerativo experimentado en Alemania por Die Grünen con motivo de su colaboración con el SPD en el Gobierno federal. 

Los partidos verdes realmente existentes, y no sólo en Alemania, son hoy una amalgama poco coherente, y en muchos casos no se puede dar por descontado que adopten posiciones sociales de izquierda en los conflictos por venir. El viraje a la derecha de las sociedades europeas no afecta sólo a los partidos socialistas, sino también a los verdes.

Hay, no obstante, un programa implícito que viene siendo formulado desde muchos lugares y que podría ser suscrito por un amplio sector de la opinión pública, en España y en la UE: eliminación de los paraísos fiscales, reforma fiscal hacia la progresividad perdida, tasa sobre las operaciones financieras contra la especulación, homologación de la presión fiscal y de la legislación laboral en toda la UE, intervención pública de los bancos para proteger los ahorros y facilitar créditos a la economía productiva, reducción del gasto en armamento, inversiones masivas en materia de sostenibilidad ambiental (lo que se llama New Deal verde: energías limpias y renovables y técnicas ecológicamente sostenibles), defensa de los derechos sociales y en particular del Estado del bienestar, igualdad de género, lucha masiva contra la pobreza y la exclusión, considerar la inmigración como una oportunidad y no una amenaza.

En torno a estos objetivos se pronuncian muchas voces, desde la izquierda radical hasta sectores de la socialdemocracia (como la Fundación Alternativas por boca de Nicolás Sartorius) y de los sindicatos mayoritarios, de tendencia moderada; desde viejos y nuevos comunistas hasta ecologistas.

En el Parlamento europeo están Los Verdes/Alianza Libre Europea, que agrupa hoy 32 partidos de 29 países, y la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, que agrupa 27 organizaciones de 21 países. En estos momentos, los Verdes tienen 55 diputados y la Izquierda, 35. Estos diputados, que representan el 12,2% del total, comparten los objetivos mencionados y podrían ser un referente importante en cada país para dar la batalla en toda Europa.

Pero, para que todo esto se plasme en iniciativa política, hace falta una voluntad unitaria que catalice la acción de los partidos y organizaciones políticas de cada país. Y no sólo esto: más allá de las organizaciones políticas representadas en las instituciones existe una izquierda social multifacética, en la que tenemos grupos políticos extraparlamentarios, sindicatos, asociaciones de vecinos, ateneos y centros culturales, así como redes asociativas varias, incluidas las redes virtuales. 

¿Cómo hacer para que toda esta galaxia luche unida contra el neoliberalismo y permita salir de la crisis con el menor daño posible para las clases populares?

Seguramente habría que ponerse de acuerdo en un programa de mínimos como el aquí esbozado y dejar aparcadas las diferencias, así como los prejuicios, las rivalidades, las desconfianzas, los personalismos y los dogmatismos. Si no se comprende que la izquierda verde está gravemente debilitada y acosada y que sin unión todo será en vano, se frustarán las aspiraciones de millones de ciudadanos europeos que vemos con impotencia la marcha hacia el desastre.

(*) Joaquim Sempere es profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona

La sumisión de las masas / José Manuel Naredo *

Cómo es que ha mudado en sumisión esa rebelión de las masas que dio título al libro más famoso de Ortega y Gasset, publicado hace 80 años? Lo ocurrido en los últimos tiempos parece confirmarlo otorgando actualidad a otro libro bastante más antiguo: Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de La Boétie.

En contra de lo que preveía nuestro insigne filósofo, no es esa “casta de hombres-masa-rebeldes” la que pone hoy en peligro los logros de la civilización. Como tampoco es el “advenimiento de las masas al pleno poderío social” la que acarrea la degradación cultural en curso. Frente al elitismo culturalista que asociaba la regresión a los fenómenos de masificación y empoderamiento de las masas, esta regresión viene asociada hoy al comportamiento de las propias elites político-empresariales y de las relaciones de dominación imperantes. 

Son estas elites, que deciden y hacen los grandes negocios de espaldas a la mayoría, las que orientan el panem circensis de la llamada sociedad de consumo y la selección social de las ideas acorde con sus intereses. Con la ventaja de que los productos culturales y de ocio, unidos a los artefactos de la sociedad de consumo, no sólo entretienen y adormecen a la gente, sino que espolean sus deseos y afanes de lucro y, con ello, ese individualismo insolidario asociado a una ideología económica servil al ciego instinto de promoción competitiva.

El predominio sobre lo político del actual discurso económico reduccionista, que aniquila la posibilidad de reconsiderar las metas de la sociedad y, por ende, de cambiarla, remata el desarme ideológico orientado a perpetuar el statu quo capitalista. En suma, que el gran engaño de nuestro tiempo estriba en hacer creer que las democracias de hoy día trabajan en favor de una sociedad de individuos libres e iguales, cuando de hecho promueven valores y relaciones sociales que arrojan el resultado contrario. 

Son precisamente los valores mezquinos y las relaciones desiguales y opresivas que imperan los que hacen que el comportamiento servil y el trabajo alienado sean la norma. Es el miedo a perder el empleo, el estatus o a verse discriminado lo que induce normalmente a las personas a someterse y censurarse “por su propio bien”, sin necesidad de represiones explícitas. Estas sólo aparecen cuando las excepciones rompen la regla, cuando los controladores aéreos se rebelan o cuando Wikileaks ilumina las vergüenzas del poder.

(*) José Manuel Naredo es economista y estadístico