lunes, 3 de enero de 2011

¿Es inevitable el “rescate” de España? ¿Hay alternativas? / Juan Torres López *

En dos artículos anteriores ( ¿A quién interesa y cómo sería el “rescate” de España? y ¿Qué medidas se tomarían para “rescatar” a España?) he tratado de analizar quién se beneficiaría de un eventual “rescate” de la economía española y en qué consistiría, para poner de manifiesto que en realidad sería un rescate de los acreedores de los bancos españoles aprovechado para imponer medidas de ajustes aún más severas en la línea de favorecer el poder y la distribución a favor de la banca y los grandes capitales.
Queda por plantear ahora si es inevitable que la economía española llegue a esa situación de insolvencia, inducida o no tal y como planteé en esos artículos.
Para argumentar que lo más seguro es que a corto plazo no se produzca hay, por un lado, una razón en estos momentos decisiva: en cierto modo, el rescate se ha producido ya, una vez que el Banco Central Europeo decidió comprar de forma sostenida una gran cantidad de bonos de los países de la periferia europea y entre ellos de España. 

De esa forma, no solo se ha producido un alivio importante de la presión de los mercados, sino que se ha reconociendo implícitamente que las autoridades europeas no están dispuestas a asumir, al menos de momento, el coste inmenso, financiero e institucional, que llevaría consigo una intervención “a la irlandesa”, por muy beneficiados que salieran de ella los acreedores centroeuropeos. 

Por otro lado, es cada vez más evidente que el gobierno español está dispuesto a poner en marcha sin timidez cualquier tipo de medida de ajuste, e incluso las que son tan duras que en otras condiciones (si gobernase la derecha y el partido socialista en lugar de aplicar las políticas neoliberales del gobierno contribuyera a que hubiera oposición, por ejemplo) solo serían concebibles en el marco excepcional de un “rescate”. 

Con un gobierno dispuesto a hacerse el harakiri electoral y a provocar la más que previsible debacle del partido que lo sostiene, es lógico que los grandes poderes empresariales y financieros apuesten también por esta vía anticipada que les proporciona los mismos dividendos pero evita los costes asociados al “rescate”.
Sin embargo, no creo que ni siquiera estas razones aseguren que España no se vea abocada a una situación en los próximos meses que haga que los acreedores y las autoridades europeas cambien de opinión.
Las circunstancias que creo que permitirían aventurar que es muy posible que el “rescate” se tenga que llevar finalmente a cabo son las siguientes.
En primer lugar, que lo que pueda ocurrir con la situación financiera de las distintas economías europeas no depende solo de cada una de ellas sino que hay una gran interrelación entre los problemas que les afectan. Es por ello que lo que pueda suceder con España no depende exclusivamente de nuestra deuda o de lo que haga nuestro gobierno sino que va a estar muy condicionado por el desarrollo de los acontecimientos en otros países. 

Si empeora la situación griega, irlandesa o la de Portugal, o incluso la de otros países como Italia o Francia, el riesgo de España aumentará por muy disciplinado que sea nuestro comportamiento. Y la realidad es que Europa no está siendo capaz de solventar adecuadamente los riesgos financieros, que las políticas que se vienen aplicando aumentan las asimetrías y que eso puede amplificar el peligro de nuevas reacciones en cadena.
En segundo lugar, no hay que olvidar que se sigue ocultando la situación real del sector financiero en España. La estrategia de disimular mientras se trata de resolver los problemas de la banca privada con la progresiva desaparición o bancarización de las cajas de ahorro está resultando más lenta de lo previsto y, a pesar del apoyo que se recibe del gobierno, tampoco se están logrando poner completamente a salvo los activos inmobiliarios de la banca.
En los primeros meses de 2011 quizá será inevitable hacer públicos datos más transparentes y es muy posible que ya no se pueda ocultar por más tiempo la enorme morosidad hasta ahora encubierta y el extraordinario quebranto que ha producido la crisis inmobiliaria.
Además, la nueva autoridad bancaria europea no hará la vista gorda con tanta facilidad como el Banco de España y ambas circunstancias pueden estar a un paso del afloramiento de la descapitalización real de los bancos españoles.
En tercer lugar, también hay que tener en cuenta que con las políticas de austeridad que se están imponiendo y sin reactivar la financiación a las empresas y consumidores va a ser muy difícil, por no decir imposible, que se recupere suficientemente la actividad económica, lo que puede dar lugar a nuevos problemas de endeudamiento al disminuir o no aumentar suficientemente los ingresos. 

Por eso tampoco se puede descartar que en los próximos meses se hagan necesarias reestructuraciones más o menos importantes de deuda, creándose así las situaciones que son más propicias para la presión especulativa de los mercados. 

A esto hay que añadir que, aunque se hayan registrado mejoras en la balanza de pagos, más bien debidas a la disminución de actividad y al contexto general, lo cierto es que la competitividad de la economía española no ha mejorado sustancialmente ni es posible que mejore mientras que no se avance decisivamente en el cambio de modelo productivo y eso va a seguir impidiendo que se disponga de resortes suficientemente fuertes como para generar empleo e ingreso.
Finalmente, y desde luego esto no es lo menos importante, resulta decisivo el hecho de que, salvo permitir la intervención comentada del Banco Central Europeo (que además se viene realizando de manera insuficiente, vergonzante y contraviniendo su propio estatuto puesto que lo que está haciendo no es ni más ni menos que financiar a estados) la Unión Europea no ha tomado medidas para impedir que siga produciéndose una permanente y desestabilizadora tensión especulativa en los mercados. 

Y mientras se siga dejando que los inversores especulativos impongan su lógica, como es de esperar que desgraciadamente ocurra, el peligro de una perturbación insistente que ponga en jaque a cualquier economía, como la española, o a varias de ellas, sigue en pie.
A corto plazo, España se encuentra, por tanto, en brazos de los especuladores y del Banco Central Europeo. Hacer los deberes neoliberales que le imponen los grandes poderes financieros no será suficiente. De hecho, complica aún más la situación si de esa manera no se consigue, como es lo más posible que ocurra, recuperar el ingreso. 

Y el problema añadido es que en Europa se está dando una combinación que es inevitablemente explosiva: las políticas de austeridad y la falta de estímulos efectivos para recuperar la actividad, el empleo y los ingresos unidas a la falta de decisión para evitar que la lógica especulativa marque la agenda de los mercados. 

Si no se acaba cuanto antes con esta combinación será prácticamente imposible evitar que se produzcan nuevos desenganches y hundimientos, además del continuo deterioro en las condiciones de vida de las clases trabajadoras y del pequeño y mediano empresariado que se viene produciendo.
Para salir de esta situación es imprescindible contemplar el mediano plazo y, sobre todo, tener en cuenta el factor principal que ha llevado a que los países de la Unión Europea se encuentren en la situación en la que están.
Este último no es otro que la imperfecta construcción de la unión monetaria, o mejor dicho, el hecho de que se haya realizado simplemente pensando en salvaguardar los intereses de las grandes empresas europeas y los de las economías más potentes. 

Eso es lo que, entre otras cosas, ha llevado a despreocuparse del desequilibrio estructural que necesariamente iba a provocar la aplicación de las políticas deflacionistas y la inexistencia de suficientes mecanismos de vertebración y coordinación. Algo que lógicamente se ha agudizado, como también era previsible y fue previsto por los economistas críticos, cuando se producen impactos asimétricos, es decir que afectan de modo muy desigual, como la crisis actual, a las diferentes economías.
La actual conformación imperfecta y neoliberal de la unión monetaria europea ha dado lugar a que España, como otros países, se vean condenados a desempeñar un papel acomodaticio, periférico y subordinado, como se ha demostrado, desde nuestra integración, con la venta masiva de nuestros activos y con la pérdida prácticamente total de capacidad para decidir con autonomía sobre nuestra economía o sobre nuestro tejido productivo. 

Sin posibilidad de competir en igualdad de condiciones, por nuestra desigual condición de partida, y sin poder disponer de los instrumentos que pudieran ponernos efectivamente en condición de hacerlo, porque eso estaría lógicamente en contra de los intereses que establecen las lógicas y las políticas dominantes, España no ha tenido ni tiene otra posibilidad que la de venderse al capital extranjero, especializarse, si acaso, en la producción de bienes y servicios de bajo valor añadido y tratar de ganar posiciones en los mercados manteniendo salarios más bajos.
Por mucho que se quiera ocultar, lo cierto es que con el actual entramado institucional del euro es imposible que la economía española pueda salir exitosamente de la situación en la que se encuentra o que pueda resolver los problemas estructurales que han llevado a ella. Las alternativas, por tanto, no son fáciles.
Es cierto que una salida del euro en estos momentos produciría posiblemente un desastre financiero, un “pánico bancario”, como ha señalado Barry Eichengreen (Prueba de tensión para el euro). Aunque, como ha puntualizado Paul Krugman, ¿qué decir cuando la crisis financiera y el pánico bancario se hubieran ya producido?
Pero eso es una cosa y otra no reconocer que el euro es causa de los problemas que estamos sufriendo y que tal y como está constituida la unión monetaria es imposible que los que tienen economías como la española se planteen y resuelvan de otro modo, porque la unión monetaria europea no dispone de instrumentos suficientes para afrontar, sin provocar males mayores, shocks externos o perturbaciones asimétricas como la que estamos viviendo.
Se suele afirmar que plantear la salida de España del euro para protegerse de los efectos tan negativos que produce una unidad monetaria tan imperfecta como la actual no es realista. Y seguramente sea cierto. Pero el problema es que a estas alturas resulta tan poco o menos realista aún creer que un país como España va a poder salir de la crisis dentro de una unión monetaria tan  deficientemente diseñada como la europea, sin hacienda, sin mecanismos de supervisión financiera, sin un prestamista en última instancia, sin auténtico gobierno y con una distribución muy asimétrica y poco democrática del poder y la toma de decisiones.

Alternativamente, cabe aguantar como está haciendo el gobierno, tratar de soportar la presión de los mercados y poner en marcha el ajuste que le demandan los grandes poderes empresariales y financieros. Es posible, aunque ni siquiera es seguro, como he señalado, que así se pudiera evitar un “rescate” aún más traumático. 


Tampoco así se logrará recuperar la actividad y el empleo y, sin embargo, las consecuencias no pueden ser otras que una mayor dependencia y sometimiento de nuestra economía a los capitales e intereses extranjeros, una gran pérdida de bienestar que tardará muchos años en recuperarse y, para colmo, una descomposición fatal y no menos perdurable de las fuerzas políticas y sindicales progresistas paralela al ascenso de la derecha más dura.
Ir a peor no puede ser una alternativa. Si de verdad se quiere salir de la situación en la que estamos no queda más remedio que repensar España y nuestro papel en el entorno, lo que equivale a rechazar lo que nos están queriendo imponer para tratar de cambiar, nuestro rumbo y también el de Europa.

(*) Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla

Secuencia / Santiago Niño Becerra *

Para muchos primer día efectivo del año. ¿Dónde estamos?, ¿adónde hemos llegado?, y ¿por qué?. Una exposición sintética de los hechos que han llevado a que las cosas estén siendo como son, de unos hechos que han determinado la evolución de esas cosas, podría ser la siguiente.

- En el 91, pero sobre todo en el 2001, se llega a una situación en la que para seguir creciendo hace falta aumentar masivamente el consumo. 

- Se da crédito a mansalva para que las personas: las físicas y las jurídicas, y los Estados y los Gobiernos locales consuman de todo (recuerden: la inversión también es consumo). 

- No se ponen restricciones al crédito, y para que no queden dudas se bajan los tipos de interés a tope. 

- Se ponen en marcha mecanismos para realizar negocio con esos enormes volúmenes de crédito -las titulaciones en cascada y los empaquetamientos, ¿los recuerdan?- y con sus coberturas: los CDSs. 

- Aumenta masivamente el consumo de todo y el endeudamiento de familias, empresas no financieras y entidades financieras, pero no sucede nada porque el crédito continúa fluyendo. El PIB, obviamente, experimenta un gran incremento. 

- Los Estados obtienen superávits o fuertes reducciones en sus défits debido al aumento de la recaudación fiscal producido por el aumento en la actividad económica. 

- Cuando la capacidad de endeudamiento empieza a venirse abajo la sistemática que inició el negocio comienza a hundirse -las subprime- y el proceso se va trasladando al resto de la operativa económica: el desempleo del factor trabajo empieza a aumentar. 

- Los Estados inician planes de estímulo, de ayuda, de rescate de entidades financieras, a fin de revertir el declive en el que se fue entrando, lo que hace que las cuentas públicas empeoren y la deuda pública se encarezca. Se produce un cambio de cromos: un menor decrecimiento, unas décimas de crecimiento por un aumento sin parangón del déficit; lo peor: a nadie se le dio a escoger. 

- Primeros síntomas de proteccionismo al intentar los países defender sus producciones y sus mercados. La actividad continúa cayendo u aumentando el desempleo. 

- Se va poniendo de manifiesto la precaria situación de las entidades financieras cargadas de activos contablemente sobrevalorados, de deudas propias a pagar con vencimientos definidos. 
 El recurso a la liquidez suministrada por los Bancos Centrales se hace creciente. 

- Rescates de Grecia e Irlanda y doble fenómeno puesto de manifiesto por diferentes instituciones internacionales: son indispensables recortes de gastos y aumentos de contribuciones fiscales a fin de enjugar los déficits y pagar los intereses de la deuda, y para dar confianza a los mercados: a quienes han comprado la deuda y se pretende que sigan comprándola, pero ello origina la caída en las posibilidades de crecimiento, lo que mina la confianza de los mercados en las posibilidades de crecimiento futuro. 

- La solución islandesa se obvia: que las entidades financieras se apañen con sus deudas y problemas. 

- Portugal y España empiezan a ser miradas mal; Italia y Bélgica empiezan a ser miradas de reojo; Francia empieza a ser observada. 

- Los inversores y las agencias de calificación desconfían de la capacidad de pago de quienes deben (debido a su deuda total aunque los Gobiernos sólo hablan de la pública), y exigen cada vez más para comprar la nueva deuda que los países van emitiendo y para la que van refinanciando. El precio de la deuda crece y crece, lo que aún dificulta más las posibilidades de remonte de los países. 

- Inexorablemente se va poniendo de manifiesto que hay que hacer lo que hay que hacer, lo que supone el abandono o la marginación de posturas individuales e incluso democráticas. 

- La foto fija que muestra el 31 de Diciembre del 2010 o el 1 de Enero del 2011, tanto da, es la de un colectivo económico -personas físicas, familias, empresas, Administraciones públicas- que en su mayoría cuenta con una capacidad de endeudamiento prácticamente nula; la de un conjunto de entidades financieras que continúan acumulando porquería: no sólo la misma porquería que acumulaban, sino más, porquería que irá aumentando a medida que esa porquería se vaya depreciando y a medida que más porquería se vaya añadiendo a la ya existente; la de unos entes estatales y locales hiperdeficitiados con un déficit disparado y/o con un nivel de deuda muy-difícilmente-pagable / no-pagable; y la de un entorno económico con un exceso de capacidad productiva de-todo que apunta a un exceso de oferta sobre la demanda no menor al 20%, y que hoy se manifiesta en stocks difícilmente vendibles o no vendibles en absoluto por todo lo anteriormente apuntado. 

La imagen del momento: me lo explicaron el Viernes pasado: piezas completamente nuevas procedentes del desguaces de automóviles nuevos comprados en lotes a bajos precios (y vendidos a esos bajos precios para darles salida) y vendidas en Inet con descuentos del 75% sobre los precios de catálogo del fabricante del automóvil en cuestión. Sí: ya hemos llegado aquí. 

¿España? Considerando un ingreso medio de mil euros / mes, una familia media mantiene una deuda media de entre 300 y 500 euros financiada con su tarjeta de crédito. De lo que compra, el (70 – 80)% es con cargo a una tarjeta de crédito y/o débito, y el 20% de los bienes de alimentación que adquiere son pagados con tarjeta. (Datos extraídos de un muy buen trabajo que El País del 24.12.2010 publicaba en sus Págs. 38 y 39). Eso, claro está, hay que considerarlo teniendo en cuenta cosas como la estructura del PIB español, el nivel de desempleo de la economía española, la renta media, … A esto añadan las subidas-de-todo ineludibles y decretadas por decreto (es una redundancia, ya sé). El desempleo al alza. La dependencia de la economía española. La deuda total acumulada, … 

¿El Gobierno?. ¿Los Gobiernos?. De lo que de verdad se puede culpabilizar al Gobierno nada se dice. A finales del 2007 ya se veía que la tendencia de las cosas no era la que hubiera debido ser; en el 2008 el hecho era evidente; clamoroso en el 2009, irrefutable en el 2010; pero el Gobierno, hasta finales del pasado Diciembre, continuó hablando del ‘próximo trimestre’, ahora está hablando del 2015. De eso, de la patada hacia adelante, es de lo que sí pude echársele la culpa al Gobierno, y a la oposición también. 

Hoy estamos aquí, mañana, pienso, estaremos peor. 

Lo dicho: un 2011 que sea lo-mejor-posible-que-pueda-ser. 

(*) Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

La banca culpable / Vicenç Navarro *

Dean Baker, codirector del Center for Economic and Policy Research de Washington, fue el primer economista que alertó de la existencia de una burbuja inmobiliaria en EEUU y de las consecuencias que el estallido de tal burbuja tendría para la economía estadounidense. 

El establishment económico (los economistas en puestos de dirección de la Administración Bush junior, así como las lumbreras del mundo académico universitario) ignoraron completamente tal aviso, reproduciendo una imagen de complacencia con la situación de la economía, a la vez que mantenían unos comportamientos cómplices con los grupos de presión responsables de la burbuja inmobiliaria (entre los cuales hay que destacar a la banca). 

En EEUU acaba de estrenarse el documental Inside Job que muestra la génesis de la crisis económica y financiera de EEUU, incluido el estallido de la burbuja inmobiliaria, señalando la gran responsabilidad que centros universitarios de formación y análisis económico tuvieron (a través de sus servicios de asesoría a la banca-Wall Street) en el desarrollo de tales crisis. Los guardianes de la “ortodoxia económica neoliberal”, que promocionaban la sabiduría convencional económica, marginaban y silenciaban las escasas voces críticas a tal pensamiento único. Voces críticas como las de Dean Baker eran ignoradas sistemáticamente.

La burbuja, sin embargo, estalló y creó una enorme recesión. Ninguna de las voces del establishment neoliberal admitió su error. En realidad, lo que Dean Baker estaba señalando era fácil de prever. 

Las prácticas especulativas del complejo bancario-inmobiliario estaban creando una situación explosiva que se basaba en unos precios exagerados e irracionales de las viviendas, muy por encima del nivel de los salarios que pudiera sostener el consumo de tales viviendas. 

El estallido inmobiliario se debía a esta enorme distancia entre el precio de la vivienda y el nivel salarial del pueblo estadounidense. La explosión de la burbuja significó el colapso del sector inmobiliario y la paralización de la construcción. Y consecuencia de la centralidad de tal sector en el crecimiento económico, el colapso significó la Gran Recesión de la economía.

La manera de salir de ella era mediante el aumento del gasto público, que cubriera, en parte, el vacío que había creado el colapso del mercado de la vivienda, estimulando así la economía. Y otra medida necesaria era la bajada muy significativa del precio de la vivienda, que se calculó estaba sobrevalorada en un 30% (en algunas partes del país, como California, incluso un 70%). Tal reducción era esencial para reavivar el sector de la vivienda. Dean Baker acaba de escribir otro libro, False Profits. Recovering the Bubble Economy, en el que indica que, a no ser que los precios de la vivienda bajen más, la economía estadounidense no saldrá de la Gran Recesión.

Lo que hace especialmente interesante la lectura del libro de Baker es que las semejanzas con la situación española son enormes, semejanzas que también acaban de señalarse en un artículo reciente de The New York Times (18-12-10). Como en EEUU, en España el complejo bancario-sector inmobiliario-industria de la construcción fue el eje del crecimiento económico. 

Y también, como en EEUU, la burbuja se basó en el comportamiento especulativo de la banca, que determinó, en consecuencia, unos precios artificialmente altos, muy por encima de la capacidad de compra de la población española, que se endeudó enormemente. Y de nuevo, como en EEUU, las autoridades públicas estimularon el comportamiento especulativo (mediante, entre otras medidas, la desregulación del suelo) del complejo bancario-inmobiliario. 

Y como en EEUU, el comportamiento del Banco Central fue de una enorme dejadez en su responsabilidad reguladora y supervisora. La responsabilidad del Banco de España y de su gobernador en el establecimiento de la burbuja y su explosión no ha sido menor. Su complicidad con la banca adquirió un nivel tal que debieran exigírsele responsabilidades.

Pero tal complicidad, según The New York Times (18-12-10), continúa en España. Así, no sólo Dean Baker sino muchos otros expertos internacionales señalan que el precio de la vivienda en España debiera bajar mucho más (un 30%) de lo que ha bajado (sólo un 12%). Si no se produce un mayor descenso, equilibrando el precio de la vivienda con el nivel adquisitivo de la población, no habrá reavivación del mercado inmobiliario y no habrá recuperación de la economía. 

Y aquí, de nuevo, el problema está en el excesivo poder de la banca española (hoy una de las mayores propietarias de viviendas vacías), que no quiere bajar más los precios a fin de no aumentar sus pérdidas y mantener su nivel de beneficios. Y, paradójica y sorprendentemente, las autoridades públicas no están interviniendo para forzar la venta de tales viviendas (prohibiendo, por ejemplo, que existan viviendas vacías) y con ello bajar el precio de la vivienda. 

En realidad, están haciendo todo lo contrario. Nada menos que la segunda autoridad económica del Gobierno Zapatero, José Manuel Campa, ha indicado que “el precio de la vivienda ha bajado ya suficientemente”, apoyando las declaraciones casi idénticas del gobernador del Banco de España que, como siempre, apoya a la banca a la cual debiera supervisar y regular. En realidad, el grado de complicidad entre el Banco de España y la banca explica la desconfianza que existe fuera de España hacia la tan promovida “salud del sistema bancario español”. 

Hoy, nadie conoce el grado de morosidad existente en España ni el porcentaje de viviendas vacías existente en el mercado español. Y esta falta de confianza es la que está retrasando la recuperación económica. Y, mientras, el gobernador del Banco de España está acusando a los sindicatos de ser responsables de la escasa recuperación económica por su defensa de los puestos de trabajo.

(*) Catedrático