lunes, 23 de enero de 2012

¿Adónde van los 'indignados'? / Manuel Castells *

El movimiento de indignados surgido en el 2011 en España, Europa y Estados Unidos es una bocanada de aire fresco en un mundo que huele a podrido. Plantearon en redes sociales y en acampadas lo que muchos piensan: que la crisis la crearon bancos y gobiernos y la sufre la gente, que los políticos sólo se representan a sí mismos, que los medios de comunicación están condicionados y que no hay vías para que la protesta social se traduzca en verdaderos cambios porque en la política está todo atado y bien atado para que sigan pagando los de siempre y cobrando los de siempre. 
 
Por eso durante meses decenas de miles de personas participaron en asambleas y manifestaciones y por eso la mayoría de la ciudadanía (hasta el 73% en España) compartió sus críticas. Y todo ello de forma pacífica, excepto la violencia resultante de cargas policiales excesivas, que han llevado a sus responsables ante el juez. El movimiento tuvo la madurez de levantar las acampadas cuando sintió que las ocupaciones se cocían en su propia salsa y que a las asambleas diarias sólo asistían los activistas.
 
Pero no desapareció el movimiento, sino que se difundió por el tejido social, con asambleas de barrio, acciones de defensa contra injusticias, como la oposición a desalojos de familias, y extensión de prácticas económicas alternativas tales como cooperativas de consumo, banca ética, redes de intercambio y otras tantas formas de vivir diferente para vivir con sentido.

Aun así, el acoso mediático, policial y político que ha sufrido el movimiento, que en algún momento llegó a asustar a las élites dirigentes por su posibilidad de contagio, ha conseguido crear la impresión de que el movimiento ha quedado limitado a algunos jóvenes idealistas o unos pocos exaltados. Basta con cerrarse en banda y dejar que se cansen. Los partidos de izquierda pensaron pescar en río revuelto para realimentar sus menguantes huestes, pero lo dejaron al ver que los nuevos rebeldes ya tienen claro que por ahí no va el cambio por el que luchan. 

Pese a la hostilidad de los poderes fácticos, el movimiento ha continuado, ha mantenido su deliberación en asambleas, comisiones y por internet, y sigue contando con respaldo popular cuando surgen iniciativas concretas donde sale a la superficie el trabajo cotidiano de quienes no se resignan a que todo siga igual.

Aun así, la determinación de crear nuevas formas de acción transformadora sin liderazgo formal y sin organizaciones burocráticas conlleva dificultades considerables en el desarrollo del movimiento. Por un lado, no valía la pena llegar hasta aquí para volver a reproducir un modelo de activismo que ya ha fracasado repetidamente. Por otro lado, lo esencial es un vínculo entre la deliberación y acción en el movimiento y la conexión al 99% que el movimiento quiere representar. 

Buscando nuevas vías, en el 15-M se está planteando un debate en profundidad sobre cómo mantener a la vez la acción y la innovación de formas de organización y elaboración estratégica del propio movimiento. El 19 de diciembre pasado, tras una discusión en asamblea, la Comisión de Extensión Internacional de la Puerta del Sol de Madrid decidió suspender su actividad y declararse en reflexión activa indefinida. "El espacio público que habíamos redescubierto ha vuelto a ser sustituido por una suma de espacios privados... 

El éxito del movimiento depende de que seamos de nuevo el 99%. Aunque no tengamos la respuesta de qué tiene que venir después, qué forma puede tomar el reinicio que necesitamos, entendemos que el primer paso para escapar de una dinámica equivocada es romper con ella: parar, detenerse y tomar perspectiva", fue la argumentación.

Aunque esta actitud no necesariamente refleja el sentir de otras asambleas y comisiones del 15-M, es significativa porque evidencia la capacidad de autocrítica y autorreflexión que caracteriza este movimiento. Sólo así puede construirse un nuevo proceso de cambio que no desnaturalice sus objetivos de democracia real en las formas de su existencia. Porque adónde se llega depende de cómo se hace para llegar, cualesquiera que sean las intenciones. Si la cuestión es cómo se conecta con el 99%, ¿cómo se opera esa conexión? 

Lo esencial en todo movimiento social es la transformación mental de las personas. El poder imaginar otras formas de vida, el romper la subordinación a la manipulación mediática, el sentir que muchos piensan como uno mismo y en perder el miedo a afirmar sus derechos y sus opiniones. En ese sentido, hay múltiples indicaciones de que la gente está cambiando, de que el 15-M hizo visible la indignación y alimentó la esperanza, y que aunque haya menos participación en las asambleas de activistas, muchas personas en su ámbito están ocupando su espacio cotidiano y tratando de buscar vínculos con otras experiencias similares. Tienen claro que el cambio no pasa por elecciones como estas. El triunfo del PP, magnificado por una ley electoral no representativa del voto, no fue tal (400.000 votos más que en el 2008), sino una debacle socialista que ejemplifica el hastío con los supuestos representantes de intereses de los de abajo. 

Y también se tiene claro que la crisis va a peor sin que nadie sepa gestionarla. Frente a eso, la gente busca sus propias soluciones. Contando con redes de solidaridad cada vez más numerosas. Y apoyando acciones reivindicativas allá donde surgen. Esa transformación mental y esos múltiples cambios cotidianos pueden activarse a niveles más amplios, en formas todavía por descubrir, conforme se vaya quebrando la normalidad. No se trata del viejo mito comunista del súbito desplome del capitalismo, sino simplemente de saber que la economía europea se hunde en la recesión, que la cobertura social se diluye, que la política se enroca y que los ciudadanos siguen indignados y son cada vez más conscientes.

El 15-M existe en esa conciencia. Y, como el agua, irá encontrando sus propias vías hasta hacerse torrente conforme la situación se haga crítica. Afortunadamente, porque la alternativa a esa protesta pacífica y constructiva es una explosión violenta y destructiva.

(*) Sociólogo y profesor universitario

lunes, 16 de enero de 2012

Cómo se forma la “opinión pública” / Pierre Bourdieu *

Un hombre oficial es un ventrílocuo que habla en nombre del Estado: toma una postura oficial –habría que describir la puesta en escena de lo oficial–, habla a favor y en nombre del grupo al que se dirige, habla por y en nombre de todos, habla en tanto representante de lo universal. Aquí llegamos a la noción moderna de opinión pública. 

¿Qué es esta opinión pública que invocan los creadores de derecho de las sociedades modernas, sociedades en las cuales el Derecho existe? Tácitamente, es la opinión de todos, de la mayoría o de aquellos que cuentan, de aquellos que son dignos de tener una opinión. Pienso que la definición patente en una sociedad que se dice democrática, es decir donde la opinión oficial es la opinión de todos, oculta una definición latente, a saber, que la opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión. Hay una especie de definición censitaria de la opinión pública como opinión ilustrada, como opinión digna de ese nombre. La lógica de las comisiones oficiales es crear un grupo así constituido que exhiba todos los signos exteriores, socialmente reconocidos y reconocibles, de la capacidad de expresar la opinión digna de ser expresada, y en las formas establecidas. Uno de los criterios tácitos más importantes para seleccionar a los miembros de la comisión, en especial a su presidente, es la intuición que tiene la gente encargada de componer la comisión de que la persona considerada conoce las reglas tácitas del universo burocrático y las reconoce: en otras palabras, alguien que sabe jugar el juego de la comisión de manera legítima, que va más allá de las reglas del juego, que legitima el juego; nunca se está más en el juego que cuando se va más allá del juego. En todo juego existen las reglas y el fair-play. 

A propósito del hombre kabil (1), o del mundo intelectual, yo había empleado la fórmula: la excelencia, en la mayoría de las sociedades, es el arte de jugar con la regla del juego, haciendo de ese juego con la regla del juego un supremo homenaje al juego. El transgresor controlado se opone completamente al herético. El grupo dominante coopta miembros a partir de índices mínimos de comportamiento, que son el arte de respetar la regla del juego hasta en las transgresiones reguladas de la regla del juego: el decoro, la compostura. Es la célebre frase de Chamfort: “El Gran Vicario puede sonreír sobre un tema contra la Religión, el Obispo reír con ganas, el Cardenal agregar lo que tenga que decir” (2). Cuanto más se asciende en la jerarquía de las excelencias, más se puede jugar con la regla del juego, pero ex officio, a partir de una posición que no admita ninguna duda. El humor anticlerical del cardenal es supremamente clerical.

La verdad de todos


La opinión pública siempre es una especie de doble realidad. Es lo que no puede dejarse de invocar cuando se quiere legislar sobre terrenos no constituidos. Cuando se dice “Hay un vacío jurídico” (expresión extraordinaria) a propósito de la eutanasia o de los bebés de probeta, se convoca a gente que trabajará aplicando toda su autoridad. Dominique Memmi (3) describe un comité de ética [sobre la procreación artificial], compuesto por personas disímiles –psicólogos, sociólogos, mujeres, feministas, arzobispos, rabinos, eruditos, etc.– cuyo objetivo es transformar una suma de idiolectos (4) éticos en un discurso universal que llene un vacío jurídico, es decir que aporte una solución oficial a un problema difícil que trastorna a la sociedad –legalizar el alquiler de vientres, por ejemplo–. Si se trabaja en ese tipo de situación, debe invocarse una opinión pública. 


En ese contexto, resulta muy clara la función impartida a las encuestas. Decir “las encuestas están de nuestra parte”, equivale a decir “Dios está de nuestra parte”, en otro contexto. Pero el tema de las encuestas es engorroso, porque a veces la opinión ilustrada está contra la pena de muerte, mientras que los sondeos están más bien a favor. ¿Qué hacer? Se forma una comisión. La comisión constituye una opinión pública esclarecida que instituirá la opinión ilustrada como opinión legítima en nombre de la opinión pública –que, por otra parte, dice lo contrario o no piensa nada (lo que suele ocurrir a propósito de muchos temas)–. Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. No es cuestión de sesgos en la construcción de las muestras, es el hecho de imponer a todo el mundo preguntas que se le formulan a la opinión ilustrada y, por este hecho, producir respuestas de todos sobre problemas que se plantean sólo algunos; por lo tanto dar respuestas ilustradas, puesto que han sido producidas por la pregunta: se han creado para la gente preguntas que no existían para ella, cuando lo que realmente le importaba, era la cuestión en sí. 

Voy a traducirles sobre la marcha un texto de Alexander Mackinnon de 1828 extraído de un libro de Peel sobre Herbert Spencer (5). Mackinnon define la opinión pública; da la definición que sería oficial si no fuera inconfesable en una sociedad democrática. Cuando se habla de opinión pública, siempre se juega un doble juego entre la definición confesable (la opinión de todos) y la opinión autorizada y eficiente que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública democráticamente definida: “Es ese sentimiento sobre cualquier tema que es cultivado, producido por las personas más informadas, más inteligentes y más morales de la comunidad. Esta opinión se extiende gradualmente y es adoptada por todas las personas con alguna educación y sentimiento que conviene a un Estado civilizado”. La verdad de los dominantes deviene la de todos.

Cómo legitimar un discurso


En los años 1880, en la Asamblea Nacional se decía abiertamente lo que la sociología tuvo que redescubrir, es decir, que el sistema escolar debía eliminar a los niños de las clases más desfavorecidas. Al principio se planteaba la cuestión, pero luego fue totalmente reprimida ya que, sin que se lo pidiera, el sistema escolar se puso a hacer lo que se esperaba de él. Entonces, no hubo necesidad de hablar sobre el tema. El interés del retorno sobre la génesis es muy importante, porque en los comienzos hay debates donde se dicen con todas las letras cosas que, después, aparecen como provocadoras revelaciones de los sociólogos. El reproductor de lo oficial sabe producir –en el sentido etimológico del término: producere significa “hacer avanzar”–, teatralizándolo, algo que no existe (en el sentido de lo sensible, visible), y en nombre de lo cual habla. Debe producir eso en nombre de lo que tiene el derecho de producir. No puede no teatralizar, ni dar forma, ni hacer milagros. Para un creador verbal, el milagro más común es el milagro verbal, el éxito retórico; debe producir la puesta en escena de lo que autoriza su decir, dicho de otra manera, de la autoridad en nombre de la cual está autorizado a hablar. Encuentro la definición de la prosopopeya que estaba buscando: “Figura retórica por la cual se hace hablar y actuar a una persona que es evocada, a un ausente, a un muerto, un animal, una cosa personificada”. 


Y en el diccionario, que siempre es un formidable instrumento, se encuentra esta frase de Baudelaire hablando de la poesía: “Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria”. Los letrados, los que manipulan una lengua erudita –como los juristas y los poetas–, tienen que poner en escena el referente imaginario en nombre del cual hablan y que ellos producen hablando en las formas; tienen que hacer existir eso que expresan y aquello en nombre de lo cual se expresan. Deben simultáneamente producir un discurso y producir la creencia en la universalidad de su discurso mediante la producción sensible (en el sentido de evocar los espíritus, los fantasmas –el Estado es un fantasma…–) de esa cosa que garantizará lo que ellos hacen: “la nación”, “los trabajadores”, “el pueblo”, “el secreto de Estado”, “la seguridad nacional”, “la demanda social”, etc. Percy Schramm mostró cómo las ceremonias de coronación eran la transferencia, en el orden político, de ceremonias religiosas (6). Si el ceremonial religioso puede transferirse tan fácilmente a las ceremonias políticas mediante la ceremonia de la coronación, es porque en ambos casos se trata de hacer creer que hay un fundamento del discurso que sólo aparece como auto-fundador, legítimo, universal porque hay teatralización –en el sentido de evocación mágica, de brujería– del grupo unido y que consiente el discurso que lo une. De allí el ceremonial jurídico. El historiador inglés E. P. Thompson insistió en el rol de la teatralización jurídica en el siglo XVIII inglés –las pelucas, etc.–, que no puede comprenderse en su totalidad si no se considera que no es un simple artefacto, en el sentido de Pascal, que vendría a agregarse: es constitutiva del acto jurídico (7). Impartir justicia en un traje convencional es arriesgado: se corre el riesgo de perder la pompa del discurso. Siempre se habla de reformar el lenguaje jurídico sin nunca hacerlo, porque es la última de las vestiduras: los reyes desnudos ya no son carismáticos.

Puro teatro


Una de las dimensiones más importantes de la teatralización es la teatralización del interés por el interés general; es la teatralización de la convicción del interés por lo universal, del desinterés del hombre político –teatralización de la creencia del sacerdote, de la convicción del hombre político, de su fe en lo que hace–. Si la teatralización de la convicción forma parte de las condiciones tácitas del ejercicio de la profesión del clérigo –si un profesor de filosofía tiene que aparentar creer en la filosofía–, es porque ello constituye el homenaje esencial del oficial-hombre a lo oficial; es lo que hay que agregarle a lo oficial para ser un oficial: hay que agregar el desinterés, la fe en lo oficial, para ser un verdadero oficial. El desinterés no es una virtud secundaria: es la virtud política de todos los mandatarios. Las locuras de los curas, los escándalos políticos, son el desmoronamiento de esta especie de creencia política en la cual todo el mundo actúa de mala fe, ya que la creencia es una suerte de mala fe colectiva, en el sentido sartreano: un juego en el cual todo el mundo se miente y miente a los otros sabiendo que se mienten. Esto es lo oficial…


1. Alusión a un estudio etnológico que Bourdieu realizó sobre los beréberes kabiles. 2. Nicolas de Chamfort, Maximes et pensées, París, 1795. 3. Dominique Memmi, “Savants et maîtres à penser. La fabrication d’une morale de la procréation artificielle”, Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 76-77, 1989, p. 82-103. 4. Del griego idios, “particular”: discurso particular. 5. John David Yeadon Peel, Herbert Spencer. The Evolution of a Sociologist, Londres, Heinemann, 1971. William Alexander Mackinnon (1789-1870) tuvo una larga carrera como miembro del Parlamento británico. 6. Percy Ernst Schramm, Der König von Frankreich. Das Wesen der Monarchie von 9 zum 16. Jahrhundert. Ein Kapital aus Geschichter des abendlischen Staates (dos volúmenes), H. Böhlaus Nachf, Weimar, 1939. 7. Edward Palmer Thompson, “Patrician society, plebeian culture”, Journal of Social History, vol. 7, Nº 4, Berkeley, 1976, p. 382-405. 

(*) Sociólogo (1930-2002). 

(Este texto se extrajo de Sur l’Etat. Cours au collège de France 1989-1992, Raisons d’Agir – Le Seuil, París, que apareció el 5 de enero).

jueves, 12 de enero de 2012

¿Crecimiento sin ciencia? / Federico Mayor Zaragoza *

“No hay ciencia aplicada si no hay ciencia que aplicar”.
(Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina, 1947).

Se ha deslocalizado exclusivamente la producción. Además, después –en algunos casos muy relevantes- se venden insolidariamente los productos a través de paraísos fiscales.

No se ha conseguido disponer, en la eurozona, de fondos para obras públicas ni de incentivos para las empresas, sobre todo las PYMES, cuando en el Reino Unido se han “emitido” 75.000 millones de libras esterlinas y 300.000 millones de dólares en los Estados Unidos, donde, por cierto, ya se ha iniciado un claro y sostenido “repunte” en crecimiento y empleo. El euro quiere mantenerse sólo a base de recortes y de reducir el déficit rápidamente, atendiendo exquisitamente a los mismos que, en buena medida, son responsables de la grave crisis sistémica que sufre occidente.

Y en España, la más apremiada para crecer y crear empleo, porque fue donde el disparate de la “burbuja” inmobiliaria alcanzó mayor volumen y tuvo mayor impacto, se adopta la infausta decisión de recortar los créditos para la I+D+i. En los últimos años, hasta 2008, se había realizado un esfuerzo apreciable tanto en España como en Europa, donde se consiguió destinar importantes fondos adicionales -1.500 millones de euros al año- para la investigación básica a través del ERC (European Research Council) que, desde enero de 2007, fecha en que se inició el séptimo Programa Marco, ha representado un impulso considerable a la aún rezagada ciencia europea. Tuve el honor de presidir el grupo (ERCEG) que, representando a la comunidad científica europea, presentó el proyecto al Euro-parlamento y logró la unánime aprobación por el mismo y por la Comisión.

Por ello lamento especialmente la inesperada medida de reducción adoptada, al tiempo que se da un tratamiento estrictamente económico a la investigación científica, en virtud de su adscripción ministerial, incluyendo a los centros universitarios y del CSIC, mixtos, parques científicos y tecnológicos… , algunos de ellos excelentes tanto a escala europea como mundial, en un ámbito y función que no les corresponde. Son semilleros de emprendedores, imprescindibles para el crecimiento y el progreso, pero debe quedar muy claro que, como se indica en la frase que inicia estos comentarios, “no hay aplicaciones de la ciencia si no hay ciencia que aplicar”. Es la producción de nuevos conocimientos lo que importa. Y, de todos los éxodos imaginables, el que tiene un impacto más negativo en la vida de las naciones es el del talento.

Creo que sería muy conveniente y urgente que un grupo de parlamentarios relacionados con esta importantísima cuestión visitaran algunos de las instituciones de mayor relieve en I+D+i. ¿Conocen, por ejemplo, el campus de la Universidad Autónoma de Madrid o de la Universidad Politécnica de Catalunya, o el Parque de Salud de la Universidad de Granada o al Parque Tecnológico de Andalucía de Málaga? ¿Han visitado el CNIO o el Centro de Regulación Genómica de Barcelona? Son sólo, quiero dejarlo muy claro, algunos de los muchos ejemplos que conviene conocer antes de manifestar opiniones y tomar decisiones, con frecuencia indebidas e injustas, sobre la ciencia en España.

En resumen, el anuncio de la reducción en I+D+i en España debería corregirse rápidamente. Háganlo.

De otro modo, los horizontes serán todavía más sombríos.

(*) Ex secretario general de la UNESCO y catedrático de Bioquímica de la Universidad de Barcelona

El estado del bienestar no peligra por el paro, sino por los financieros / Carlos Berzosa *

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, ha dicho que son las cifras del paro las que cuestionan el Estado del bienestar. Después de decir esto seguramente se ha quedado tan tranquilo. El paro es resultado de una crisis económica, que ha sido provocada por los excesos financieros, permitidos, eso sí, por los poderes políticos que han favorecido la liberalización y desregulación de los flujos monetarios, y los teóricos, que han dado soporte a todo esto, habiendo insistido hasta la saciedad en la eficiencia de los mercados.

La fase del capitalismo actual se ha caracterizado por la hegemonía de las finanzas que se ha impuesto sobre la actividad productiva, la innovación de productos y procesos de producción, la investigación y la innovación. La codicia, la obtención de ganancias rápidas y fáciles, la especulación, se han convertido en norma de comportamiento entre las elites económicas. Hemos pasado a estar gobernados por los señores de las finanzas, que ya no se conforman con ejercer como grupo de presión a los gobiernos, sino que ahora quieren llevar ellos mismos el timón de la economía internacional. Los ejecutivos bancarios ocupan puestos de responsabilidad política y se encuentran al frente de Bancos centrales.

La cantera mayor la proporciona Goldman Sachs, sobre cuyas actuaciones y formas de funcionamiento acaba de publicar un libro Marc Roche, “El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo” (ediciones Deusto, 2011). El autor es corresponsal en Londres de “Le Monde”, pero también escribe para otros prestigiosos diarios. La idea de este libro germinó, como el mismo dice, en la crisis financiera del otoño de 2008, aunque el proyecto está ligado a su trabajo profesional. La obra resulta interesante, y además, como el autor señala: “He querido a todo precio evitar el clásico cuento moralizante sobre la lucha entre el bien y el mal. También me he resistido a caer en el enfoque sesgado consistente en atribuir poderes maléficos a los que consiguen el éxito eminentemente a fuerza de trabajo. El Banco no es ni la encarnación del bien sobre la Tierra ni la potencia diabólica que muchos describen”.

No obstante, hay que subrayar que si bien ese enfoque no conspirativo es acertado, el mundo de las finanzas ha creado un desaguisado de tal naturaleza, que resulta a todas luces muy difícil deshacerlo y esto hace más complicado aún encontrar vías de salida a la crisis actual. La opacidad que rodea a las finanzas, la ingeniería financiera practicada, la emisión de derivados tóxicos, la utilización de los paraísos fiscales, entre otras cosas, así como el uso de prácticas irregulares, les hace responsables de una crisis de la que, sin embargo, salvo algún caso que otro, se están marchando de rositas.

No solamente estos bancarios y banqueros han desencadenado esta crisis, sino que encima se les premia dándoles responsabilidades de gobierno. Se han utilizado cuantiosos recursos públicos para salvarles de la bancarrota, y gran parte del déficit público se debe a ello. No se les ha exigido nada a cambio, y no solamente eso sino que han vuelto por sus fueros dando elevados bonus a sus ejecutivos, como premio sin duda por habernos llevado al borde del abismo. Pero si la caída al abismo no se ha producido ha sido por las intervenciones públicas. Habría que exigir responsabilidades políticas y penales por el daño causado, y esto no se está haciendo. A más de uno habría que quitarle la licencia como banquero, o inhabilitarle como alto ejecutivo.

El nuevo ministro de economía ha sido un alto ejecutivo de Lehman Brothers, el banco que al caer arrastró a todos hacia un posible desastre si no se hubiera actuado con rapidez por parte de los diferentes gobiernos, pero que ha tenido elevados costes. Al nuevo ministro, por si no se ha enterado de lo que pasó en su propio Banco, le recomiendo la película Margin call, que nos ayuda a comprender qué es lo que pasó en 24 horas en una institución financiera, que puede ser precisamente la suya. Por supuesto, a todos se la recomiendo, así como el documental Inside Job. Películas que ayudan a entender más que muchos libros de economía opacos y confusos.

Dicho todo esto, poco se puede esperar de este Gobierno del PP, y que ya con las primeras medidas tomadas ha dado claras muestras de por donde van a ir los tiros. No se trata de insistir en los efectos perversos que tienen las medidas de ajuste, de lo que ya hemos escrito en varias ocasiones, pero sí manifestar una y otra vez de que faltan remedios que vayan a la esencia de las causas y no a los efectos. Algunas de las causas las hemos mencionado en este artículo, pero habría que añadir la burbuja inmobiliaria, en la que las finanzas también desempeñan una elevada responsabilidad, y a la que se quiere volver, tal vez como añoranza de un pasado en el que se suponía que España iba bien, mientras se estaban sembrando las semillas de la destrucción económica y de empleo. Además, de la desigualdad que se ha ido dando en los años de bonanza y que se encuentra tras las razones de por qué ha surgido esta crisis.

Las medidas tomadas, con el fin de resolver el tan denostado déficit público, y que seguramente nos conducirán a más paro y a una recesión, supondrán un deterioro del Estado del bienestar, la investigación, la ciencia, el medio ambiente, la atención a los mayores, y en definitiva, acabarán con lo que ha sido un progreso significativo, aunque no suficiente, de la sociedad española.

(*) Catedrático de Economía en la UCM, Madrid.

¿Salirse del euro ? / Vicenç Navarro *

Estamos viendo durante estos años de crisis el intento más intenso y masivo por parte de las autoridades de la eurozona –Banco Central Europeo (BCE), Consejo Europeo y Comisión Europea– así como del Fondo Monetario Internacional (FMI) de debilitar, en cada país de la zona euro, el mundo del trabajo, la protección social y el Estado del bienestar. La evidencia de ello es contundente. Recortes de derechos laborales y sociales y de gasto público social están ocurriendo a lo largo de los países de la eurozona, dándose con especial intensidad en los países de la periferia de la eurozona, conocidos como los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). No pasa día sin que noticias sobre recortes y reducción de derechos golpeen las páginas de los rotativos de mayor difusión. La generalización de tales medidas en la mayoría de países de la eurozona se presenta como un indicador de su inevitabilidad, es decir, de la necesidad de que se lleven a cabo para salir de la crisis.

La evidencia que se ha ido acumulando muestra, sin embargo, que tales medidas no sólo no están contribuyendo a la salida de la crisis y de la recesión, sino que la están empeorando. Los datos reflejan claramente que tales políticas están reduciendo todavía más la demanda necesaria para estimular la economía. Y puesto que la demanda generada en el sector privado está estancada (resultado en España del enorme agujero creado en la economía por el estallido de la burbuja inmobiliaria), el único sector que podría estimular la economía es el sector y el gasto público. De ahí que la reducción de tal gasto público sea un gran error, pues imposibilita la salida de la crisis. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Sólo los economistas y políticos neoliberales, que dominan los medios de mayor difusión, continúan repitiendo el dogma neoliberal que está ya profundamente desacreditado empíricamente.

¿Por qué entonces se están imponiendo tales políticas? Es más que dudoso que las autoridades de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional no conozcan la abrumadora evidencia que muestra el fracaso de tales políticas. El hecho de que, a pesar de ser conscientes del daño de tales políticas al bienestar de la mayoría de la ciudadanía y a la propia economía, continúen imponiéndolas se debe a que están utilizando esta situación de enorme crisis (acentuándola incluso) a fin de forzar con mayor contundencia lo que los grupos dominantes en estas instituciones (el capital financiero, es decir, la banca y las grandes empresas transnacionales) siempre han deseado: debilitar al mundo del trabajo y al Estado del bienestar.

Más y más información se está haciendo pública mostrando el tipo de presiones que tales organizaciones (y, muy en especial, el BCE y el binomio Merkel-Sarkozy) han estado realizando para que los gobiernos reciban “ayudas” (lo pongo entre comillas porque un porcentaje de tales transferencias está encaminado a que los estados receptores puedan pagar sus deudas públicas a los bancos alemanes y franceses, entre otros). El Banco Central Europeo supedita estas ayudas –en forma de compra de deuda pública– a que hagan reformas que claramente debiliten el mundo del trabajo (tales como eliminar la indexación de los salarios o la descentralización de los convenios colectivos) y reduzcan sus estados del bienestar (tales como la privatización de las pensiones o de los servicios sanitarios), todas ellas medidas que tienen muy poco que ver con la génesis de la crisis o con la salida de ella. El argumento que utilizan para justificar la imposición de tales políticas es que aumentarán la competitividad de la economía de los países PIIGS y con ello aumentarán las exportaciones, que debieran ser el motor del crecimiento económico y la salida de la crisis.

De nuevo, la evidencia existente (que es también bastante abrumadora) cuestiona que los países PIIGS puedan salir de la crisis a base de tales políticas, pues el mayor problema que tienen estos países no es ni su inexistente elevado gasto público, incluido el social (que es de los más bajos de la UE), ni la falta de competitividad (las exportaciones han continuado creciendo en España durante la crisis), sino su escasísima demanda. Pero el hecho de que la evidencia muestre que este argumento es erróneo o falso no les frena para que continúen imponiendo tales políticas, admitiendo, como hacen los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, muy influyentes en el FMI, que el impacto de tales políticas supuestamente positivas no se verá por mucho tiempo, de diez a quince años a partir de ahora.

Esta situación es insostenible e intolerable. Condena a varias generaciones a un futuro miserable. De ahí que debiera considerarse lo hasta ahora impensable: la salida de España del euro. No hay duda de que sería un paso difícil, pero no necesariamente peor que lo que se predice para los próximos diez y quince años. Alternativas, en contra de lo que dicen Rogoff y Reinhart, existen. Salvando las diferencias (que las hay) entre Argentina y España, el hecho es que Argentina en 2001, tras romper la paridad con el dólar y las políticas impuestas por el FMI, bajo el Gobierno Kirchner, recuperó su propio control del valor de la moneda y de su Banco Central, permitiéndole en tres años que su PIB fuera ya el que existía antes de la crisis, siendo a partir de entonces el país de América Latina que ha tenido mayor crecimiento económico. Letonia, en cambio, siguió las políticas que está imponiendo el FMI y hoy su PIB es un 20% inferior al que tenía al iniciarse la crisis. Es importante que para el bien de las clases populares se inicie un debate en España sobre los excesivos costes de pertenecer al euro, y de los que la población parece ser ya consciente. Según una reciente encuesta, el 70% de la población española tiene mayores reservas hacia el euro. ¿Cuándo se iniciará tal debate en España?

(*) Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra, de Barcelona

miércoles, 11 de enero de 2012

Por qué la salida del euro es muy improbable / Juan Hernández Vigueras *

La desintegración del euro no es impensable sino únicamente muy costosa, aseguraba el semanario británico The Economist en diciembre de 2010 con la foto adjunta como portada bajo el rótulo Don´t do it. What breaking up the euro would mean (No lo hagas. Lo que significaría la desintegración del euro). Y con el apoyo de un pormenorizado análisis afirmaba que un colapso del euro traería consigo costes políticos, económicos y técnicos sin precedentes.

Esa misma conclusión podemos encontrarla un año más tarde en el libro-crónica de Josep Borrell y Andreu Missé (La crisis del euro. De Atenas a Madrid. Turpial, 2012), que resume unas extensas conversaciones entre el político europeo y el periodista de El País analizando con claridad y bastante solvencia los problemas del euro durante los casi dos últimos años. No digo que sea imposible que ocurra la salida del euro; pero sí que el remedio sería peor que la enfermedad, afirma el ex presidente del Parlamento europeo.

Los riesgos que exponen son evidentes y se resumen así.

El primero es el vacío jurídico. No está previsto en los tratados europeos que un país salga del euro. El tratado de Lisboa únicamente prevé la salida de la UE. Por tanto, un país tendría que salir primero de la Unión y renunciar a las ayudas de los fondos estructurales, de la política agrícola, etc. Después vendrían los problemas prácticos.

El segundo es cómo se hace la salida del euro. Si la decisión de la salida es unilateral, por sorpresa, los riesgos serían imprevisibles. Si es preparada o negociada provocaría una grave fuga de capitales. Y se podría repetir la experiencia del “corralito” como en Argentina. Habría que imponer un control de los movimientos de capitales (sin salir de la UE no podría porque el tratado de Lisboa lo prohíbe) con fuertes costes sociales y económicos. La teoría de la salida dulce y tranquila es una pura ficción.

El tercero es la indefinición de la cuantía de la devaluación de la nueva moneda, algo que olvidan quienes proponen la salida del euro como solución a la crisis. Y esa cuantía la decidirían los famosos mercados y no habría forma de controlarla. Lo más probable sería encontrarnos con una híper devaluación. El ejemplo es Argentina, que en 2001 rompió su cambio fijo con el dólar (1 peso=i dólar USA). El gobierno decretó un cambio de 1,4 pesos/dólar pero, seis meses después, el cambio estaba en 4 pesos/dólar. Es el riesgo de la caída descontrolada del tipo de cambio de la nueva moneda.

El cuarto es el grave problema financiero. La deuda pública y la privada están denominadas en euros y tras la salida seguirán estando en euros. Y su valoración habría aumentado en la misma proporción que se devaluara la nueva moneda. Como el problema de los países, propuestos para la salida del euro, es el excesivo endeudamiento, este problema se habría agravado., aunque la devaluación llevara consigo una reestructuración de la deuda pública en euros, de manera que no se pagara una parte de la misma. 

Tanto en ese caso como sin ese acuerdo, una salida del euro llevaría consigo el riesgo del default o suspensión de pagos de los intereses o del principal. Como el país que abandonara el euro seguiría teniendo un fuerte déficit primario (descontando los intereses de la deuda externa), al día siguiente de la salida del euro, el país tendría que pedir financiación exterior. Y añadimos a su pérdida de credibilidad, el riesgo del tipo de cambio ¿a qué tipo de interés lo obtendría?

Los problemas de salir del euro no serían menores para Alemania, que exporta el 45 % de su PIB y es el mayor acreedor de la zona del euro. El análisis de The Economist –conocido por su escasa simpatía por el euro – los exponía crudamente. Los exportadores alemanes sufrirían un alza considerable del cambio del nuevo marco, que reduciría su capacidad para vender fuera. A los bancos alemanes afluiría el dinero y crecerían sus depósitos, pero se devaluarían sus grandes activos de la zona del euro; y hay que tener presente que Alemania es el mayor acreedor del sistema.

Por consiguiente, como ya tenemos escrito, la solución a la crisis europea tiene que lograrla la política y vendrá de los bancos que la han creado, cuyos problemas ahora van parejos a los de los gobiernos. Entretanto y al final, el problema para los ciudadanos es que, dado el consenso neoliberal imperante, el reparto de los costes es y será injusto tanto más cuanto más tarde la respuesta social o el renacer de una izquierda de nuevo cuño.

(*) Miembro del Consejo Científico de ATTAC España y doctor en Derecho, que lleva años investigando sobre la opacidad del sistema financiero y su falta de regulación.

Para entender las crisis del capitalismo / Alberto Garzón Espinosa *

Aunque la noción de crisis se ha convertido en un lugar común, pues todo el mundo quiere salir de la crisis, es dominante aún la confusión general acerca de lo que es realmente una crisis económica. Y por más que se publican libros y libros sobre las diferentes crisis que se están dando (crisis financiera, crisis económica, crisis de la deuda, crisis ecológica, etc.) la incertidumbre se mantiene. No es tampoco extraño, pues las distintas escuelas de pensamiento -a la que nos adscribimos cada uno de los economistas- ofrecen diferentes interpretaciones de lo que está pasando y, por consiguiente, también de lo que habría que hacer para acabar con la crisis.

Mi intención es ofrecer aquí un mínimo pero solvente marco de análisis que permita clarificar el significado último de lo que es una crisis, sin entrar a valorar cuál es mi propia interpretación, con el objetivo de ayudar al lector a situar la situación actual.

Crisis es interrupción. Y, concretamente, interrupción del ciclo productivo. Esto quiere decir que se han detenido los mecanismos por los cuales nuestras economías producen bienes y servicios. Estos mecanismos son los mismos que nos permiten crear puestos de trabajo y producir bienes materiales que cada vez son mejores en términos técnicos. Es decir, lo que se ha detenido ha sido el proceso de avance económico, de crecimiento económico. Y sin él, ni tenemos empleo ni avance técnico -al menos bajo el sistema económico actual.

Para Marx y Keynes la forma más útil de entender el ciclo productivo era a partir de los esquemas que elaboró el primero de estos autores. En una economía capitalista el ciclo productivo está descrito por el proceso D-M-D’. Es el llamado ciclo del capital, y representa en abstracto el proceso por el cual un capitalista obtiene dinero (D), produce mercancías (M) y luego las vende por una cantidad de dinero superior a la inicial (D’). La diferencia entre D’ y D es el llamado excedente económico. Esto significa que cuando el capitalista recibe D’ dedica ese dinero a reiniciar el ciclo productivo de forma que ahora es D’-M-D”, donde ahora D” es mayor que D’. Esa reinversión del dinero es lo que permite, entre otras cosas, los desarrollos tecnológicos y los nuevos empleos. Y, por supuesto, el hecho de que las expectativas de lo que será D’ sean mayores que D es una condición necesaria para que el ciclo funcione. La aceptación de que este es el proceso que mueve la economía capitalista conlleva aceptar que es un sistema dinámico y siempre en evolución (1) (2).

Es este ciclo productivo el que se ha roto para la economía en su conjunto. Pero puede haberse roto por muchos sitios diferentes, ya que como proceso real no es ni homogéneo ni atemporal. Vamos a ver algunas posibilidades.

En primer lugar, este ciclo puede romperse en la obtención de las materias primas o los trabajadores necesarios para producir. Imaginemos que antes de comenzar a reproducir el ciclo, el empresario se da cuenta de que los materiales que necesita no están disponibles o se han encarecido demasiado. Por ejemplo, el trigo o el petróleo. En el caso de que falten, el ciclo no puede reproducirse de ninguna forma (crisis). En caso de que sean demasiado caros, la expectativa de ganancia será menor y por lo tanto es posible que el capitalista no quiera arriesgarse a iniciar el ciclo (crisis). Las soluciones históricas que se han dado a este tipo de crisis, analizadas desde las teorías del imperialismo, son invasiones militares a las zonas geográficas donde se encuentran los recursos necesarios. Por otra parte, también podría faltar el número de trabajadores, por ejemplo porque estamos en una economía de pleno empleo o porque sencillamente no hay gente que quiera trabajar en determinados sectores (crisis). Históricamente se han dado en determinados países, y se han resuelto siempre con inmigración o represión.

En segundo lugar, puede romperse el ciclo en el ámbito de la producción, es decir, cuando ya hay dinero invertido en la empresa. En estos casos las huelgas, los boicots, los sabotajes, etc. pueden interrumpir el proceso productivo e impedir que se complete (crisis). Históricamente se han resuelto con represión o con procesos de negociación entre las partes enfrentadas en el conflicto laboral.

En tercer lugar, puede darse al comienzo del ciclo por falta de financiación. Cuando las economías están desarrolladas lo normal es que los capitalistas individuales no tengan dinero suficiente para acometer proyectos de gran envergadura. En ese caso se recurre a los mercados financieros (desde el préstamo -también para capitalistas individuales- hasta los títulos financieros, pasando por las acciones). Cualquier crash financiero, o ruptura del canal que permite que llegue D al ciclo productivo, llevará a una interrupción del ciclo (crisis). Estamos entonces en una crisis financiera que se traslada a la economía real por lo que vulgarmente llamamos “cierre del grifo crediticio”. Otra cuestión distinta será entender por qué se produce la crisis financiera.

En cuarto lugar, puede que el ciclo se rompa al final, es decir, a la hora de vender la producción. En este caso podría pasar que no hubiera nadie a quién venderle la producción. En este caso se puede decir que el mercado se ha cerrado o ha dejado de existir. Si por ejemplo nuestra economía basa su crecimiento en vender a un país que ahora está en guerra, o se ha aislado internacionalmente, no vamos a poder vender nuestra producción. Como no podemos venderla no podemos transformar M en D’, y entramos en crisis. Lo mismo ocurre si nuestra economía depende del mercado interno, esto es, fundamentalmente de los salarios de la gente que vive en el país en cuestión. Si los salarios caen y la gente se empobrece, no se podrán vender las mercancías y se llegará a la crisis. (Una explicación más técnica de esta posibilidad la comenté aquí) Históricamente estas crisis se han resuelto de dos formas. La primera es la expansión a nuevos mercados -lo que ha hecho al capitalismo expandirse por todo el globo, y casi nunca pacíficamente- y la segunda a través del incremento del poder adquisitivo de los trabajadores.

Estas cuatro opciones generales nos señalan diferentes aspectos que pueden estar combinados en un momento histórico concreto. Como el actual, por ejemplo. Pero más allá de las interpretaciones, este marco de análisis nos permite entender que el sistema económico es el que está en crisis y que la resolución de la crisis (que no necesariamente del sistema) depende de que se haga un buen diagnóstico de lo que va mal.

Porque de lo contrario podría ocurrir que al intentar resolver un problema determinado (por ejemplo la falta de crédito) estuviéramos empeorando otro problema (por ejemplo, la falta de mercado nacional como consecuencia de rebajar los salarios). Aunque eso supone que la crisis es un problema para todos y que los que gobiernan de verdad quieren solucionarla. Lo que es mucho suponer.

Notas:
(1) Los economistas neoclásicos consideran, por el contrario, que el ciclo productivo es M-D-M. En este sistema el dinero es neutral. Esta polémica, que une a marxistas y keynesianos frente a los neoclásicos, es crucial y tiene que ver con la aceptación o no de la llamada Ley de Say. Tiene que ver también, por cierto, con la definición de lo que es el dinero. Una explicación de qué es el dinero desde una perspectiva heterodoxa puede leerse aquí
(2) Otra forma de ver el ciclo del capital, esta vez con notación que hace referencia a las mangnitudes contables actuales, está aquí.

(*) Profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, así como miembro del colectivo Economía crítica y crítica de la economía, militante de Izquierda Unida y, desde las elecciones generales de 2011, diputado en el Congreso por dicha formación. Licenciado en Economía por la Universidad de Málaga, máster en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid. También es miembro de ATTAC (organización que promueve el control democrático de los mercados financieros) y de Izquierda Unida, así como de la Unión de Juventudes Comunistas de España.

martes, 10 de enero de 2012

Estrategias frente a los paraísos fiscales / Juan Hernández Vigueras *

Las noticias sobre la corrupción política en España conducen a sociedades instrumentales domiciliadas no solo en Suiza sino en el Caribe, a las islas de San Cristóbal y las Nieves (Saint Kitts & Nevis) (caso Gúrtel) y al micropaís de Belice (Caso Urdagarín)…

¿En qué cuantía los bancos y fortunas españolas escondidos tras hedge funds o entidades de la City o de Suiza, participan en la especulación sobre la deuda pública española? La famosa estafa del broker de Wall Street, que gestionaba fondos de alto riesgo, reveló que estos instrumentos especulativos son el camino que siguen las “inversiones” de las Sicavs y la llamada banca privada o de gestión de grandes patrimonios particulares. La isla Mauricio es el mayor inversor en la India; y uno de los mayores inversores en China son las Islas Vírgenes Británicas, sede de filiales de importantes grupos españoles. El propio capital hindú, chino o español, utiliza estas islas para aprovecharse de sus ventajas fiscales y de la posibilidad de ocultar quien es el dueño. Son algunos de los datos recogidos por The Economist bajo el título (traducido) de “La rabia pública y la inquietud de los accionistas amenaza la tranquilidad de los paraísos fiscales” (5-10-2011) Y cualquier delito económico millonario, sea fiscal, de corrupción o estafa, tiene su apoyo en cualquiera de los 73 países y territorios autónomos, que en Tax Justice Network hemos identificado por una serie de características que les definen como “secrecy jurisdictions”, jurisdicciones del secretismo; cuya web es una fuente informativa solvente para medios de comunicación internacionales como el referido. 

Alcance tridimensional
El creciente entorno crítico global ha motivado que la cumbre del G-20 en Cannes haya activado el tema de los llamados paraísos fiscales, aunque sin acuerdo alguno para su eliminación. Eso sí: ha “descubierto” que Suiza y Luxemburgo tienen legislaciones fiscales deficientes (es decir, siguen siendo los paraísos fiscales que son para la opinión pública) y se incluyen entre las 11 jurisdicciones identificadas con serias “deficiencias”, casi todas de escasa relevancia financiera como Antigua y Barbuda, Barbados, Botswana, Brunei, Panamá, Seychelles, Trinidad y Tobago, Uruguay y Vanuatu, de las 59 jurisdicciones examinadas por el Foro Global de Tributación, un organismo ligado a la OCDE. Dentro de la retórica al uso, el “comunicado de los líderes” en Cannes “apremia a todas las jurisdicciones para que se adhieran a los estándares internacionales en las áreas de fiscalidad, prudenciales (solvencia bancaria) y el antiblanqueo de capitales y combate del terrorismo” (item nº 17). Desde luego, quienes no están familiarizados con este lenguaje tecnocrático internacional podrían tomarse en serio tal compromiso de los importantes gobiernos del G-20; sobre todo, porque en la Declaración final de esta cumbre se ha recuperado la expresión “paraísos fiscales” (tax havens) que prácticamente había desparecido del lenguaje oficial desde la cumbre de Londres en 2009, cuando nuestros gobernantes lograron grandes titulares de prensa afirmando que habían desaparecido los paraísos fiscales y que se había acabado el secreto bancario. Pero, en cualquier caso, digamos que la coyuntura actual es propicia para una estrategia de país defensiva y ofensiva contra los paraísos fiscales, exigiendo el cumplimiento serio de los acuerdos internacionales suscritos al respecto; y en el campo tributario interno para aplicar las medidas que vienen propugnando los inspectores y técnicos de Hacienda.

La amenaza de la banca en la sombra.
Dado que persiste la crisis financiera global, el G-20 ha abordado más en serio la dimensión financiera de los paraísos fiscales, tras el tema de la banca en la sombra. Una expresión generalizada del “shadow banking system” que comprende las actividades bancarias opacas con derivados, los mercados de repo (modalidad de préstamos con activos en garantías) y la titulización con valores respaldados por activos; que crecieron mucho en vísperas de la crisis y que se han reactivado pasado el susto de la caída de Lehman Brothers en 2008. El hecho es que está demostrado que los paraísos fiscales han sido una de las causas de la crisis financiera y del desorden y descontrol actual y que plantean graves riesgos para el sistema financiero mundial, además de reducir sustancialmente los ingresos de los Estados. En mayo de 2010, el gabinete de asesoramiento estratégico del gobierno francés, en un informe sobre Centres financiers offshore et système bancaire “fantôme” (traducción francesa de la expresión referida de “sistema bancario en la sombra”), planteaba medidas para controlar la actividad bancaria fuera de la supervisión de los bancos centrales, que se realiza desde filiales y sociedades instrumentales domiciliadas en paraísos fiscales o centros financieros offshore, para no residentes (que es el término técnico del argot financiero).

Y sin romper el consenso subyacente entre los gobiernos miembros para no interferir mínimamente la libertad de los mercados financieros, el G-20 se refiere al informe publicado por el Consejo de Estabilidad sobre la banca en la sombra, que define como “la intermediación del crédito implicando entidades y actividades excluidas de la regulación del sistema bancario”. Dicho de otro modo, señala la práctica bancaria de utilizar operaciones y entidades instrumentales, denominadas con un triplete de letras en el mundo angloparlante, registradas casi siempre en un paraíso fiscal o jurisdicción del secretismo, pero con capacidad para recaudar fondos mediante emisiones de bonos con los que financiar actividades del banco matriz u operaciones opacas sin control de los bancos centrales. Como es habitual, el G-20 se ha limitado ha dejar constancia de su existencia y de sus peligros. Pero destaca que la crisis financiera ha demostrado el riesgo sistémico o de contagio que genera la actividad reavivada de la banca en la sombra que los bancos centrales toleran. A propósito: ¿el Banco de España o alguna otra autoridad financiera se han preocupado de averiguar el papel desempeñado en la burbuja inmobiliaria y en su pinchazo por las filiales en centros offshore de los bancos y las grandes Cajas de Ahorro españolas? He ahí un campo virgen de acción gubernamental efectiva contra los llamados paraísos fiscales.

La ilegalización de sociedades offshore y desglose contable.
Los casos citados de las islas de Mauricio y las Islas Vírgenes Británicas como muchos otros, son ejemplos de cómo se instrumenta el impago de impuestos contra el que urge actuar; y al mismo tiempo, favorecer a la pequeña y mediana empresa que carece de capacidad para disponer de esos instrumentos que reducen costes “legalmente” como hacen los grandes grupos empresariales en competencia desleal. Objetivos políticos posibles son la ilegalización de la actividad en España de esas sociedades ficticias y combatir la falta de transparencia de las memorias e informes anuales de los grupos empresariales que ocultan en cifras globales sus actividades internacionales.

Cualquier lector de periódicos sabe que las entidades mercantiles domiciliadas en “jurisdicciones del secretismo” son el instrumento para esconder el dinero de la corrupción y de los negocios sucios, del impago de impuestos y de la delincuencia económica internacional multimillonaria. Cuando se nos cuentan las grandes adquisiciones de nuestros bancos o corporaciones, se omite reseñar desde que filial se ha efectuado el pago de la compra de tal empresa o de tal banco extranjero adquirido por la firma española o se anticiparon los avales o se pagó la comisión a la firma mediadora. Sobre esos y otros fundamentos razonados ampliamente, en abril de 2005 presentamos sin éxito en nombre de Attac-España al gobierno del momento, una documentación avalada por cuatro mil firmas de ciudadanos, algunas de personalidades de relevancia académica y pública, solicitando que se estudiara el no reconocimiento de capacidad jurídica para actuar en territorio español a todas aquellas sociedades mercantiles radicadas en paraísos fiscales, donde no tienen actividad económica local y que incumplen los requisitos exigidos por la legislación española.

Asimismo, es conocido que los grupos empresariales globales centralizan sus costes e ingresos en aquellas filiales registradas en países y territorios considerados paraísos fiscales o donde les resulta más beneficioso desde el punto de vista legal y económico, como los casos de Google o Inditex (Zara). Las normas internacionales del IASB solo exigen a las corporaciones multinacionales o grupos empresariales la consolidación en una cifra conjunta de los datos de sus cuentas, permitiendo el fraude y la evasión fiscal, entre otros efectos negativos. De ahí que expertos críticos y ONGs intenten que se exija en las legislaciones nacionales que los informes corporativos anuales recojan la información relevante desglosada país por país, de ingresos, beneficios, detalle de impuestos pagados, inversiones realizadas, activo y pasivo y obligaciones medioambientales, etc. He ahí otra línea de acción gubernamental efectiva contra los paraísos fiscales.

(*) Miembro del Consejo Científico de ATTAC España y doctor en Derecho, que lleva años investigando sobre la opacidad del sistema financiero y su falta de regulación.

Artículo publicado en la revista mensual Temas nº 206 Enero de 2012

¿Cómo se organiza un clima? / Amador Fernández-Savater *

La pregunta rebota de aquí para allá: “¿dónde está el 15-M?” ¿Ha fallecido, tal y como dictaminan los medios de comunicación que sólo conceden existencia a lo que es espectacular y masivo, noticiable? ¿Se ha retirado a los cuarteles de invierno, esperando tiempos mejores (y temperaturas más altas) para reocupar su espacio natural: las calles y las plazas? ¿Se ha replegado a los barrios, fuera de la vista de los focos mediáticos y de la volátil “opinión pública”, pero construyendo al modo de las hormigas una base duradera para el cambio social?

A la comisión de Extensión Internacional de Sol, que tuvo un papel relevante en la preparación del 15-O, no le satisface ninguna de las respuestas, así que se ha declarado en huelga (!), invitando a detener la producción (los activistas también producen: activismo) para pensar a fondo lo que a su juicio es una crisis de la estructura organizativa del 15-M. En su declaración llaman la atención sobre tres problemas particularmente: la bajísima participación actual en asambleas y comisiones, la dispersión y división interna, y la burocratización de los comportamientos (automatismos, falta de imaginación).

Me gusta el gesto: se atreve a interrumpir y pienso que si no hay discontinuidad no hay creación, sólo inercias y repetición. No tengo ninguna solución que ofrecer sobre cómo podrían funcionar las cosas de otra manera. Pero voy a tratar de contribuir con algo (un poco general y abstracto, que es lo mío) sobre los problemas que apunta Internacional, por si acaso leerlos de otra manera ayuda a ensanchar el campo donde podemos encontrar respuestas concretas.

Vida y política
¿Dónde se han metido todas las personas que poblaron plazas y asambleas en primavera? ¿Se han vuelto desafectos al 15-M, son incapaces de un compromiso duradero, están ahora resignadas a su suerte? Creo que no. Sin ningún estudio a mano, generalizando simplemente a partir de los casos que conozco personalmente y de la observación de mí mismo, pienso que en general la gente ha vuelto a hacer su vida.

Las semanas de acampada en Sol fueron un tiempo excepcional, pero resulta muy complicado habitar una excepción. O sólo puede hacerlo gente fuera de lo normal: por ejemplo, los activistas, los que hacen de la política el centro de su existencia. Pero si en una asamblea o en una comisión se quedan sólo los (viejos o nuevos) activistas tenemos un problema, porque sus modos de hacer convocan y acogen sobre todo a otros activistas. Y sin menospreciar ni mucho menos su papel, me parece muy claro que la fuerza del 15-M -y algunas de sus invenciones más preciosas- no vinieron del activismo (al principio se oía a muchos militantes de toda la vida confesar, con mayor o menor alegría, “estamos completamente desubicados”), sino de personas sin experiencia política previa y gente cualquiera. La profesionalización de la política (también la activista) vacía los espacios comunes. Pasa lo mismo cuando una comisión o una asamblea se convierte en un grupo de amigos: la autorreferencialidad de los códigos y los rituales, por mucho confort y bienestar que nos ofrezca, va expulsando a todos los diferentes. Nos queda un simpática tribu, pero no un espacio político.

La vida hoy, en condiciones de inestabilidad y precariedad, nos exige el esfuerzo de hacer y rehacer constantemente todo. Hay pocas cosas que podamos considerar ya dadas: trabajo para toda la vida, casa para toda la vida, amigos para toda la vida, familia para toda la vida, amor para toda la vida, compromisos y convicciones para toda la vida, etc. De hecho, hoy no sufrimos tanto por vivir una vida demasiado hecha, como por no poder hacernos una vida. Los males contemporáneos tienen mucho que ver con la incertidumbre, la inseguridad, la dispersión, la pérdida del sentido, etc. Hacemos equilibrios todo el rato y las pelotitas con las que jugamos están siempre a punto de caerse. Si sostener vivas las relaciones afectivas o el sentido de un pequeño proyecto nos supone ya un esfuerzo agotador, ¿cómo sacar tiempo para implicarnos además en asambleas y comisiones?

El problema no son los activistas ni los grupos de amigos. El problema es la dificultad que tenemos para inventar formas de hacer política que estén a la altura de las personas y no al revés. Una política habitable para el 99%, no sólo para los activistas. Lo personal se desliga de lo colectivo cuando no somos capaces de inventar engarces entre modos de vida y modos de lucha. Entonces lo político se vacía y muere.

Pero “volver a hacer su vida” es una mala expresión. Porque después de pasar por las plazas no se vuelve igual, ni por tanto se vuelve a la misma vida. Paradójicamente, volvemos a una nueva vida: tocada, atravesada, afectada por el 15-M. ¿Qué ha hecho cada cual con esa afectación? Si crear es dar sentido, forma o figura a un cambio existencial para que no se pierda o se volatilice, ¿qué hemos hecho cada uno con lo que el 15-M ha hecho de nosotros? Me parece que ahí hay una investigación apasionante por emprender. ¿Qué aprendimos, qué descubrimos y cómo lo hemos incorporado a la vida cotidiana? ¿Qué nos llevamos del 15-M y cómo podríamos devolver algo? Hay proyectos en marcha como Robo, 15M.cc o Bookcamping en los que personas involucradas en la música, el cine o la edición se replantean su trabajo cotidiano a partir del 15-M y tratan de aportar algo de vuelta a lo común. Por las plazas pasaron también (trabajen de ello o no) maestras, enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos, informáticas, estudiantes, periodistas, ¿en qué sentido se ha visto alterada su mirada, su práctica y su estar en el mundo tras el encuentro con el 15-M? Esos cambios micro son sin duda la base de la próxima ola.

Un nuevo clima
En el debate generado por Extensión Internacional se analiza sobre todo la situación del tejido organizativo 15-M: comisiones, asambleas, espacios de coordinación. Lo que a mí me gustaría añadir es que el 15-M no sólo es una estructura organizativa, sino sobre todo un nuevo clima social.

Hemos cuestionado juntos ese peso terrible de la realidad oficial que dice: lo que hay es lo que hay. Y así hemos podido respirar. La situación macro sigue igual, pero ahora la vemos desde otro sitio. Está todo fatal, como rezaba el título de una revista catalana, pero al mismo tiempo nos hemos demostrado capaces de producir otra realidad. Y eso genera automáticamente alegría, un nuevo clima emocional. La realidad oficial es el mapa de lo posible autorizado: lo que es posible ver, pensar, sentir y hacer. Hemos abierto ese mapa. Ahora se pueden ver, pensar, sentir y hacer otras cosas. El sistema de partidos no es más un tabú. Conspiramos para interferir en las elecciones, aunque no nos pongamos de acuerdo en cómo hacerlo, porque es vox populi que son una estafa. La identificación entre democracia y capitalismo ya no está tan clara. La realidad antes invisible de los desahucios está ahora a la vista de todos. Es posible pensar y hacer política sin estar afiliado a un partido ni ser siquiera militante de un movimiento social. Nos servimos cotidianamente de la Red para construir colectivamente otro punto de vista sobre la actualidad. Hemos aprendido que el otro desconocido no es sólo un enemigo o un objeto indiferente, sino que puede ser un cómplice. Nos hemos descubierto capaces de hacer cosas que nunca habíamos sospechado. El mapa de lo posible es otro, el clima es otro.

El hecho de que menos gente participe en el tejido organizativo 15-M no significa que menos gente se sienta concernida por la esperanza que el 15-M supone. Se demostró claramente el 15-O o, a otra escala muy distinta, en la reciente cabalgata indignada. El 15-M no es sólo el nombre de una estructura organizativa, ni de un movimiento social un poco más grande que los anteriores, sino de otro estado mental. Que no está localizado aquí o allá, sino que atraviesa la sociedad entera como un viento.

Sabíamos más o menos cómo se organiza un movimiento social, pero ¿cómo se organiza un clima? Recién empezamos a pensar esto, sólo un par de apuntes al respecto.

Hay propuestas que prenden mejor en el nuevo clima que otras. Los motivos son muy distintos, seguro. Pero entre ellos está la sintonía de la propuesta (en su manera de construirse y en lo que plantea) con las tendencias más fuertes del clima 15-M: horizontalidad (ni vanguardias ni protagonismos), inclusividad (nos dirigimos al 99%, no a un gheto), respeto (convivencia entre diferentes), noviolencia (una mezcla de conflicto y legitimidad), inteligencia colectiva, creatividad y capacidad de sorprender, “no queremos ser mercancías en manos de políticos y banqueros”, etc. Sintonizar con el clima es una cuestión de escucha y de sensibilidad.

El 15-M tiene mucho que ver con la alegría de estar juntos en una sociedad de competencia y sálvese quien pueda. Esa alegría podía palparse en las plazas, en el 15-O o en la cabalgata indignada. Pero sólo podemos estar juntos, compartiendo espacio y tiempo, en momentos excepcionales. ¿Cómo estamos juntos cuando no estamos juntos? ¿Cómo encontrarnos y sentirnos acompañados sin vernos las caras? Pensar la (auto)organización del clima pasa también por pensar los enlaces, las conexiones, los interfaces, la comunicación. Lo común circula y se construye también a partir de imágenes, narraciones y herramientas. Más comunes cuanto más abiertas, honestas y comprensibles sean. Abiertas, en el doble sentido de que den qué pensar (más que tratar de convencer) y sean reapropiables (se puedan replicar, modificar, adaptar, alterar libremente: sin propiedad). Honestas, porque no esconden la dudas, los desalientos, las contradicciones y los clarooscuros que son parte de la vida. Y comprensibles, es decir, directas y transparentes pero no banales, exigentes pero no cerradas, restringidas o reservadas a los expertos en tal jerga o saber, sino dirigidas a cualquiera.

Hay muchos ejemplos dentro y fuera del tejido organizativo 15-M, pero tengo uno a mano en el acta de la reunión de Extensión Internacional donde se decidió la huelga (que se adjunta junto la declaración). Es una gozada de texto. Abierto: expone todos los argumentos, a favor y en contra, que se dieron en aquella reunión. Honesto: no se calla las tensiones ni los desacuerdos que hubo (y recoge maravillosamente el ruido de fondo de aquella reunión celebrada en el metro: personas y situaciones que se mezclaron azarosamente con el discurrir de la asamblea). Comprensible: es una discusión donde se ponen en juego cuestiones muy profundas en un lenguaje común y accesible a todos. Y además es un relato muy divertido. Permite vivir lo que otros vivieron sin haberlo vivido, estar juntos sin estar físicamente juntos. Ensancha lo común y compartido.

¿Dónde está, pues, el 15-M? No hay que ser hiper-sensible para sentir que el clima se está cargando de electricidad. El 15-M no ha muerto ni está en repliegue. Estamos al acecho. Cada cual desde su lugar, no pasivamente a la espera, sino activamente al acecho.

El reflujo de la primera ola, rechazado por la resistencia de los objetos envestidos, dará materia a la próxima ola cuando, llegado el momento, vuelva la marea.

(*) Coeditor de Acuarela Libros