lunes, 9 de enero de 2012

Autocrítica virtual de Rodríguez Zapatero, ex presidente del Gobierno de España

MADRID.- En el Comité Federal del PSOE de ayer, Rodríguez Zapatero pidió un debate ejemplar a los candidatos y autocrítica al partido. Él mismo había preparado un escrito con la suya pero, no queriendo restar protagonismo a los dos candidatos, renunció a leerlo en público y se lo envió virtualmente a algunos líderes de opinión, autorizándolos a darlo a la luz pública. Este es el texto literal del expresidente, según la versión del profesor Ramón Cotarelo:

Compañeras y compañeros: en líneas generales el balance de las dos legislaturas de nuestro gobierno ha sido positivo a pesar de las circunstancias sumamente adversas. Aunque yo fui el presidente, el mérito es colectivo y debemos felicitarnos. Pero hemos tenido fallos; nos han costado las elecciones y es el momento de de considerarlos y hacer la oportuna autocrítica.

El talante. Trajimos un espíritu nuevo a la política española, bronca y crispada, animado de las concepciones del republicanismo cívico. Quedó patente nuestro compromiso con la democracia en medidas pensadas con ánimo de Estado antes que de partido. Lo más notorio fue la regulación de la RTVE con la cual ésta dejó de ser un aparato de propaganda del gobierno para convertirse en un medio público neutral y de alta calidad. También se vio en la política de nombramientos, en la que atendimos ante todo a la competencia y el interés general en vez del partidismo. Gracias a ese criterio fue presidente del Tribunal Supremo un católico a machamartillo como Carlos Dívar. Quizá nos pasamos un poco, como cuando indultamos a un banquero condenado por los tribunales de justicia. Lo atribuyo a ese prurito de la izquierda de no ser clientelistas como la derecha. Pero una cosa es que no nos confundan y otra pecar de excesivamente generosos o ingenuos. Admitido. No se debe imitar a la derecha pero tampoco darle más cancha de la merecida. Y mucho menos atizar estopa a los nuestros. Muchos de estos que han protestado por el trato recibido, en realidad, están escocidos por no haber sido nombrados nada. Desde luego la política de nombramientos no fue mi punto fuerte. Quizá fui demasiado presidencialista a fuer de seguro en mí mismo. Debe tenderse más al espíritu de equipo y a contar con tod@s; no sólo con l@s amig@s.

Los derechos civiles. Son mi mejor recuerdo. Lo hicimos de cine. Animados por el republicanismo avanzamos mucho en la igualdad de género, luchamos contra la violencia machista, profundizamos en las garantías del aborto, igualamos a l@s homosexuales en materia de derechos civiles, protegimos a los dependientes, consolidamos la educación para la ciudadanía y aprobamos la así llamada Ley de la Memoria Histórica. La sociedad española se puso a la vanguardia de las europeas en cuanto a la igualdad de derechos de los ciudadanos. No obstante, fallamos en el asunto de la Memoria Histórica pues la ambigüedad y falta de audacia de nuestra norma ha hecho que el asunto esté paralizado, que el único juez con valor para aplicarla en un sentido progresista se vea hoy ante los tribunales, y que sea la Argentina quien, para nuestra vergüenza, haya empezado a investigar los crímenes del franquismo. Algo parecido nos sucedió con la basílica de Cuelgamuros. Encomendamos el asunto a una comisión de expertos (ya he comprendido que esto no funciona nunca) que, al final, hace depender la solución de una decisión de la iglesia católica.

Autonomías. Conseguimos la reforma satisfactoria de los estatutos de muchas de ellas, pero tropezamos en Cataluña. Probablemente me precipité al afirmar que en Madrid se aprobaría el texto que enviara el Parlament, pero lo hice de buena fe, tratando de llegar a un acuerdo. No calculé el obstrucionismo del PP al embarrancarlo en el Tribunal Constitucional y no supimos desactivar el chantaje de la derecha al negarse a la renovación durante años, aunque me gustaría saber quién hubiera sido capaz de hacerlo, cuando Rajoy recorría España pidiendo firmas en contra del Estatuto que muchos consideraban en contra de Cataluña.

El terrorismo. Bien está lo que bien acaba y el terrorismo etarra se ha acabado en España. No reconozco error alguno en las negociaciones iniciadas en 2004 y abruptamente rotas por culpa de ETA en 2006. Si acaso otro exceso de buena fe. Pero no me arrepiento de él. El Estado jugó limpio; los terroristas, sucio. Por eso se desprestigiaron incluso a ojos de los suyos. Luego, nuestra acción antiterrorista fue decisiva y la lacra del terrorismo se ha acabado.

Crisis económica. Oigo a menudo que tardé demasiado en reconocer la gravedad de la crisis. Palinuro me lo ha dicho muchas veces. Es verdad, pero comprensible: me resistía a creer que la tormenta financiera alcanzara caracteres tan destructivos. Nos pilló, además, embarcados en políticas neopopulistas, con la inercia de la anterior coyuntura alcista, de bajar los impuestos, otorgar subvenciones como el cheque-bebé o los 400 euros de devolución a todo el mundo. No se debe ceder nunca a las tentaciones populistas. La izquierda lucha y conquista derechos, no dádivas, y menos debe otorgarlas cuando está en el gobierno. Una vez lamentablemente clara la situación de peligro excepcional de España adopté las medidas que eran obligadas para el interés del país. Tampoco me arrepiento. Esas medidas no significaron un giro neoliberal del PSOE, como dijeron quienes dicen situarse a nuestra izquierda, sino que venían impuestas por la necesidad. Fui libre de adoptarlas y las adopté en libertad porque ya Hegel dice que ésta, la libertad, es el conocimiento de la necesidad. Con ello sabía que perderíamos las elecciones. Así queda desmentida esa afirmación en un cable secreto del embajador de los Estados Unidos que filtró WikiLeaks en su día según el cual soy un político "cortoplacista" que sólo pienso en términos electorales. Sin embargo he de reconocer que las medidas de recortes atacaban a los más débiles y no hicimos lo suficiente por compensarlas exigiendo sacrificios a los más ricos: no tocamos las grandes fortunas, no aumentamos en el IRPF (ese que ahora sube el PP), no aligeramos sustancialmente la situación de los asfixiados por las hipotecas y no perseguimos suficientemente el fraude fiscal ni sus paraísos.

Política exterior. De nuevo balance positivo. Sacamos nuestras tropas del Irak, de una guerra injusta, ilegal, criminal, de rapiña. Hubimos de soportar la grosería y la falta de educación de un presidente Bush, acostumbrado a que sus "aliados" le laman las botas, y que sólo es capaz de entenderse con gente tan tosca como él. Pero afianzamos el principio de autonomía e independencia de nuestra política exterior que luego hemos ejercido con sujeción estricta a los mandatos de las Naciones Unidas. Mi propuesta de la Alianza de las civilizaciones sigue siendo válida. Es más, es la única forma razonable de administrar la multiculturalidad de nuestras sociedades. Pero no está el tiempo maduro para ella.

La iglesia católica. En este campo de la religión no hemos estado muy afortunados, si bien tampoco hemos sido tan catastróficos como sostiene Palinuro. Hay que tener en cuenta no solamente la inmensa fuerza de la organización eclesiástica y sus apoyos en la sociedad sino también la gran cantidad de beatos y meapilas que pululan entre nosotros. No me gusta citar nombres, pero todos los conocen. En todo caso, es verdad que no nos atrevimos a denunciar el Concordato de 1953, claramente inconstitucional, ni los ignominiosos Acuerdos con el Vaticano de 1979. No tocamos ninguno de los privilegios de la iglesia y, de hecho, incrementamos al 0,7 la casilla de la iglesia en el IRPF, verdadero expolio a todos los ciudadanos, al tiempo que jamás llegamos a ese mismo 0,7 del PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo, a pesar de ser un compromiso de hace veinte años. Por último es asimismo cierto que dejamos morir nuestro proyecto de Ley de Libertad Religiosa. Las vociferantes y multitudinarias manifas de la jerarquía católica nos acobardaron. En este campo Palinuro exagera pero, en verdad, cedimos ante la iglesia. Sugiero a las compañeras y compañeros que no cometan nuestro error.

He hecho una autocrítica justa; no complaciente pero tampoco masoquista. Espero sirva de base para parte del debate de ideas que habrán de llevar adelante los dos candidatos.

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