lunes, 23 de julio de 2012

Crisis de la Eurozona y economía mundial / Ramón Tamames *

En medio de las dificultades de la crisis, deberían saber que viven en un país mucho mejor de lo que muchas veces piensan. Aún más, es una de las más viejas naciones, a cuyo futuro, necesariamente, han de contribuir. Exigiendo para ello las modernizaciones necesarias y participando en ellas sin dejarse llevar por pesimismos paralizantes; ni por perniciosos deseos de gratificación inmediata.

Tenemos capacidades suficientes para ese empeño, y no podemos dejarnos desorientar por la ausencia de una verdadera cultura colectiva de esfuerzo en común, frente a la cultura del maná; esta última, basada siempre, en la manera de obtener privilegios y subvenciones de los poderes públicos.

Ha de recordarse también que en la era de la globalización, la renuencia a los cambios tecnológicos y de innovación, o la ignorancia de los hechos, o la indolencia de los propósitos, todo ello tan frecuente entre nosotros, son factores retardatarios; esto es, que podrían contribuir a una larga prostración económica, con toda suerte de avatares políticos imprevisibles. Todos somos forjadores de nuestro propio destino, algo que tantas veces se olvida a escala de la Nación Española, como puede apreciarse en los últimos tiempos en que casi todo pretende resolverse, popularmente hablando, con manifestaciones a todas horas, reivindicando objetivos imposibles de alcanzar por las miserias en que nos encontramos, mayor o menormente por responsabilidad de todos; aunque algunos tengan más culpa que otros.

En la situación presente, en vez de preguntar machaconamente cuándo se acabará la crisis, lo necesario es plantearse qué vamos a hacer, por nosotros y por el país globlalmente, para contribuir a la recuperación. En esa dirección, con el repertorio de reformas planteadas en este documento, lo que se pretende es una aportación a la estrategia que necesitamos para salir del marasmo económico.

Con ese horizonte, debe recalcarse que en Economía, no todo es económico. O si se prefiere decirlo de otra forma, “la política debe ser, la prolongación de la economía por otros medios”, parafraseando a Clausevitz. De ese modo, podrán impulsarse actitudes privadas y públicas más positivas, para las nuevas generaciones; a fin de alcanzar un ambiente de mayor dignidad, autoestima y entusiasmo. Como propuso en su día el Premio Nobel de Economía Arthur Lewis, al decir que “el entusiasmo es el verdadero comburente del desarrollo”. En ese sentido, estimamos que no estará de más incidir en una serie de acciones:

- Resaltar y cumplir los valores de honestidad y transparencia en los cargos y en las actividades de carácter público.
- Ayudar a que desde la primera juventud se respete a los mayores; en correspondencia a que estos, en general, acumulen experiencias y enseñanzas suficientes para merecerse tal respeto.
- Mantener un espíritu de renovación permanente, para no caer en rutinas prolongadas sine die a lo largo de la vida: cada uno es el forjador de su propio futuro, y no será el padre Estado el que necesariamente haya de labrarle el futuro.
- Enaltecer la cultura del esfuerzo que conduce a la acumulación del capital humano propio; de cada uno y de todos.
Para terminar, hay toda una serie de puntos sobre los cuales reflexionar adicionalmente:
- Las medidas del día a día no son la solución. Hay que pensar a medio y largo plazo, en un horizonte de futuro, de responsabilidad colectiva, sabiendo lo que pasa y por qué.
- La actual falta de comunicación para que se entienda mejor la política económica en curso, resulta más que patente y deplorable, porque no genera confianza.
- Hay en el ambiente una sensación de decadencia irreversible, cuando en realidad tenemos factores suficientes para recomenzar un crecimiento más racional.
- Ciertamente, España ha pasado de ser la séptima potencia industrial del mundo en la década de 1970, a situarse en el puesto número 15 del ranking por PIB (2012). Es inevitable que los países emergentes avancen, pero no es tan lógico perder PIB durante casi cinco años seguidos (aparte del efecto estadístico de la caída del euro).

(*) Catedrático de Estructura Económica de la UAM, Madrid

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