martes, 28 de agosto de 2012

El silencio de los mercados / Alejandro Inurrieta *

El mes de agosto, al menos en su primera parte, parecía que podía marcar un cambio de tendencia en la evolución de los mercados financieros españoles, especialmente el que más preocupa en la actualidad; el de deuda soberana. La prima de riesgo y la bolsa habían mejorado ostensiblemente, tras un final de junio de infarto, en el que el diferencial con la deuda alemana alcanzaba los 650 puntos básicos y se descontaba un rescate inmediato por parte de las autoridades comunitarias.
 
Este escenario se mezclaba con declaraciones contradictorias por parte del BCE, por un lado, y de los dirigentes europeos más beligerantes en contra de las ayudas a los países periféricos, lo que condujo a una elevada volatilidad, siempre dentro del marco tendencial que marcaba el inevitable rumbo de la intervención soberana, tras aprobarse la bancaria, solo pendiente de que el escurridizo y ausente presidente del Gobierno decida cuándo y cómo pide el rescate.

Desde una óptica económica y financiera, nada ha cambiado en España. Todos los indicadores macroeconómicos descuentan una fortísima recesión, que ya se extiende al año 2013, por lo que las previsiones oficiales han quedado completamente desfiguradas y fuera de contexto, ante el desplome del mercado laboral, consumo privado y público, y especialmente la inversión privada. La restricción crediticia inducida por el ciclo, pero también por la dramática situación patrimonial de una gran parte de entidades bancarias, está acrecentando la caía de la actividad, algo que demuestra la validez de esta variable como proxy del PIB. Las continuas reformas y contrarreformas del sistema financiero también están contribuyendo a que los inversores nacionales y extranjeros hayan decidido deshacer buena parte de sus posiciones y ponerse muy cortos de activos españoles. Esto se deja notar en el volumen de salidas de fondos de España, más de 160.000 millones de euros en los primeros seis meses del ejercicio, algo que sin duda pudiera afectar a la solvencia futura de muchas entidades españolas que ahora van a ser recapitalizadas, cuando llegue la ayuda, aprobada ya hace más de dos meses y que no acaba de llegar por la lentitud de las autoridades comunitarias.

Sin mejoría en la actividad económica y con un Ejecutivo cuya única actividad se centra en recortar derechos, prestaciones y renta no monetaria de los hogares, fundamentalmente de los percentiles medios y bajos, los mercados financieros han estado fluctuando en estas últimas sesiones al alza, en previsión de que pueda ser inminente el rescate y que por fin se puede acabar la incertidumbre sobre el alcance del mismo. Por eso, y por el escaso volumen de negociación, se ha relajado la tensión sobre la deuda española, también por la ausencia de subastas de deuda y sin referencias económicas.

Pero esta tendencia se ha roto en las dos o tres últimas sesiones y ha vuelto a alcanzar el umbral de los 500 puntos básicos, en parte por la reducción de la rentabilidad del bono alemán, y curiosamente en un contexto de alzas de bolsa, lo cual puede estar indicando un cambio de expectativas entre los agentes en los distintos mercados. La respuesta también puede estar en que en las próximas semanas se va a concretar el rescate español, que desde mi perspectiva, va a ser mucho más duro de lo que se está descontando entre los inversores, y sobre todo entre los ciudadanos.

Esta dureza se va a plasmar en que la troika comunitaria va a exigir a las autoridades españolas unas condiciones absolutamente draconianas, porque lo legislado hasta ahora, no ha servido para cumplir las exigencias sobre el déficit público. Estas nuevas condiciones van a ir encaminadas a una profunda revisión, y reducción de las pensiones públicas y del subsidio del desempleo, acortando plazos y cuantía, adicional a lo que ya se ha legislado por decreto. Pero en el fondo, lo que subyace de verdad es que las necesidades reales de capitalización del sistema financiero son muy superiores a lo que se ha evaluado y aprobado por parte de la UE. Estas se acercarían a los 300.000 millones de euros, por lo que las necesidades totales de España superarían los 600.000 millones de euros, cantidad que a día de hoy sería muy complicado de ofrecer por parte de la troika. Solo si el BCE pudiera monetizar la deuda, la solución sería viable y financiable, lo que nos podría retirar del mercado durante un tiempo, como se ha hecho con Portugal, Grecia o Irlanda. Esto, los mercados lo saben y lo conocen, y por ello, van a volver a tensionar los mercados de deuda, y no hay que olvidar que los próximos vencimientos de deuda, en octubre, ahora mismo no hay capacidad de acometerlos sin que medie una ayuda externa, algo que también afectará a muchas de las CCAA que tendrán que ser rescatadas en los próximos meses.

En suma, estamos ya ante las últimas bocanadas antes de ser intervenidos, aunque las consecuencias traerán mucho sufrimiento adicional a la población más desfavorecida, ante la preeminencia de una doctrina económica equivocada. Sin quitas de deuda privada, sin un cambio drástico en el balance financiero nacional e internacional, solo nos queda esperar a que terminen el trabajo iniciado en 2010 y que ha supuesto el desmantelamiento del modelo público de servicios esenciales y que nos llevará a sociedades similares a las anglosajonas, cuna de la inequidad y de la pobreza institucionalizada y olvidada.
(*) Alejandro Inurrieta es economista
http://www.cuartopoder.es/tribuna/el-silencio-de-los-mercados/3139 

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