jueves, 12 de enero de 2012

¿Crecimiento sin ciencia? / Federico Mayor Zaragoza *

“No hay ciencia aplicada si no hay ciencia que aplicar”.
(Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina, 1947).

Se ha deslocalizado exclusivamente la producción. Además, después –en algunos casos muy relevantes- se venden insolidariamente los productos a través de paraísos fiscales.

No se ha conseguido disponer, en la eurozona, de fondos para obras públicas ni de incentivos para las empresas, sobre todo las PYMES, cuando en el Reino Unido se han “emitido” 75.000 millones de libras esterlinas y 300.000 millones de dólares en los Estados Unidos, donde, por cierto, ya se ha iniciado un claro y sostenido “repunte” en crecimiento y empleo. El euro quiere mantenerse sólo a base de recortes y de reducir el déficit rápidamente, atendiendo exquisitamente a los mismos que, en buena medida, son responsables de la grave crisis sistémica que sufre occidente.

Y en España, la más apremiada para crecer y crear empleo, porque fue donde el disparate de la “burbuja” inmobiliaria alcanzó mayor volumen y tuvo mayor impacto, se adopta la infausta decisión de recortar los créditos para la I+D+i. En los últimos años, hasta 2008, se había realizado un esfuerzo apreciable tanto en España como en Europa, donde se consiguió destinar importantes fondos adicionales -1.500 millones de euros al año- para la investigación básica a través del ERC (European Research Council) que, desde enero de 2007, fecha en que se inició el séptimo Programa Marco, ha representado un impulso considerable a la aún rezagada ciencia europea. Tuve el honor de presidir el grupo (ERCEG) que, representando a la comunidad científica europea, presentó el proyecto al Euro-parlamento y logró la unánime aprobación por el mismo y por la Comisión.

Por ello lamento especialmente la inesperada medida de reducción adoptada, al tiempo que se da un tratamiento estrictamente económico a la investigación científica, en virtud de su adscripción ministerial, incluyendo a los centros universitarios y del CSIC, mixtos, parques científicos y tecnológicos… , algunos de ellos excelentes tanto a escala europea como mundial, en un ámbito y función que no les corresponde. Son semilleros de emprendedores, imprescindibles para el crecimiento y el progreso, pero debe quedar muy claro que, como se indica en la frase que inicia estos comentarios, “no hay aplicaciones de la ciencia si no hay ciencia que aplicar”. Es la producción de nuevos conocimientos lo que importa. Y, de todos los éxodos imaginables, el que tiene un impacto más negativo en la vida de las naciones es el del talento.

Creo que sería muy conveniente y urgente que un grupo de parlamentarios relacionados con esta importantísima cuestión visitaran algunos de las instituciones de mayor relieve en I+D+i. ¿Conocen, por ejemplo, el campus de la Universidad Autónoma de Madrid o de la Universidad Politécnica de Catalunya, o el Parque de Salud de la Universidad de Granada o al Parque Tecnológico de Andalucía de Málaga? ¿Han visitado el CNIO o el Centro de Regulación Genómica de Barcelona? Son sólo, quiero dejarlo muy claro, algunos de los muchos ejemplos que conviene conocer antes de manifestar opiniones y tomar decisiones, con frecuencia indebidas e injustas, sobre la ciencia en España.

En resumen, el anuncio de la reducción en I+D+i en España debería corregirse rápidamente. Háganlo.

De otro modo, los horizontes serán todavía más sombríos.

(*) Ex secretario general de la UNESCO y catedrático de Bioquímica de la Universidad de Barcelona

El estado del bienestar no peligra por el paro, sino por los financieros / Carlos Berzosa *

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, ha dicho que son las cifras del paro las que cuestionan el Estado del bienestar. Después de decir esto seguramente se ha quedado tan tranquilo. El paro es resultado de una crisis económica, que ha sido provocada por los excesos financieros, permitidos, eso sí, por los poderes políticos que han favorecido la liberalización y desregulación de los flujos monetarios, y los teóricos, que han dado soporte a todo esto, habiendo insistido hasta la saciedad en la eficiencia de los mercados.

La fase del capitalismo actual se ha caracterizado por la hegemonía de las finanzas que se ha impuesto sobre la actividad productiva, la innovación de productos y procesos de producción, la investigación y la innovación. La codicia, la obtención de ganancias rápidas y fáciles, la especulación, se han convertido en norma de comportamiento entre las elites económicas. Hemos pasado a estar gobernados por los señores de las finanzas, que ya no se conforman con ejercer como grupo de presión a los gobiernos, sino que ahora quieren llevar ellos mismos el timón de la economía internacional. Los ejecutivos bancarios ocupan puestos de responsabilidad política y se encuentran al frente de Bancos centrales.

La cantera mayor la proporciona Goldman Sachs, sobre cuyas actuaciones y formas de funcionamiento acaba de publicar un libro Marc Roche, “El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo” (ediciones Deusto, 2011). El autor es corresponsal en Londres de “Le Monde”, pero también escribe para otros prestigiosos diarios. La idea de este libro germinó, como el mismo dice, en la crisis financiera del otoño de 2008, aunque el proyecto está ligado a su trabajo profesional. La obra resulta interesante, y además, como el autor señala: “He querido a todo precio evitar el clásico cuento moralizante sobre la lucha entre el bien y el mal. También me he resistido a caer en el enfoque sesgado consistente en atribuir poderes maléficos a los que consiguen el éxito eminentemente a fuerza de trabajo. El Banco no es ni la encarnación del bien sobre la Tierra ni la potencia diabólica que muchos describen”.

No obstante, hay que subrayar que si bien ese enfoque no conspirativo es acertado, el mundo de las finanzas ha creado un desaguisado de tal naturaleza, que resulta a todas luces muy difícil deshacerlo y esto hace más complicado aún encontrar vías de salida a la crisis actual. La opacidad que rodea a las finanzas, la ingeniería financiera practicada, la emisión de derivados tóxicos, la utilización de los paraísos fiscales, entre otras cosas, así como el uso de prácticas irregulares, les hace responsables de una crisis de la que, sin embargo, salvo algún caso que otro, se están marchando de rositas.

No solamente estos bancarios y banqueros han desencadenado esta crisis, sino que encima se les premia dándoles responsabilidades de gobierno. Se han utilizado cuantiosos recursos públicos para salvarles de la bancarrota, y gran parte del déficit público se debe a ello. No se les ha exigido nada a cambio, y no solamente eso sino que han vuelto por sus fueros dando elevados bonus a sus ejecutivos, como premio sin duda por habernos llevado al borde del abismo. Pero si la caída al abismo no se ha producido ha sido por las intervenciones públicas. Habría que exigir responsabilidades políticas y penales por el daño causado, y esto no se está haciendo. A más de uno habría que quitarle la licencia como banquero, o inhabilitarle como alto ejecutivo.

El nuevo ministro de economía ha sido un alto ejecutivo de Lehman Brothers, el banco que al caer arrastró a todos hacia un posible desastre si no se hubiera actuado con rapidez por parte de los diferentes gobiernos, pero que ha tenido elevados costes. Al nuevo ministro, por si no se ha enterado de lo que pasó en su propio Banco, le recomiendo la película Margin call, que nos ayuda a comprender qué es lo que pasó en 24 horas en una institución financiera, que puede ser precisamente la suya. Por supuesto, a todos se la recomiendo, así como el documental Inside Job. Películas que ayudan a entender más que muchos libros de economía opacos y confusos.

Dicho todo esto, poco se puede esperar de este Gobierno del PP, y que ya con las primeras medidas tomadas ha dado claras muestras de por donde van a ir los tiros. No se trata de insistir en los efectos perversos que tienen las medidas de ajuste, de lo que ya hemos escrito en varias ocasiones, pero sí manifestar una y otra vez de que faltan remedios que vayan a la esencia de las causas y no a los efectos. Algunas de las causas las hemos mencionado en este artículo, pero habría que añadir la burbuja inmobiliaria, en la que las finanzas también desempeñan una elevada responsabilidad, y a la que se quiere volver, tal vez como añoranza de un pasado en el que se suponía que España iba bien, mientras se estaban sembrando las semillas de la destrucción económica y de empleo. Además, de la desigualdad que se ha ido dando en los años de bonanza y que se encuentra tras las razones de por qué ha surgido esta crisis.

Las medidas tomadas, con el fin de resolver el tan denostado déficit público, y que seguramente nos conducirán a más paro y a una recesión, supondrán un deterioro del Estado del bienestar, la investigación, la ciencia, el medio ambiente, la atención a los mayores, y en definitiva, acabarán con lo que ha sido un progreso significativo, aunque no suficiente, de la sociedad española.

(*) Catedrático de Economía en la UCM, Madrid.

¿Salirse del euro ? / Vicenç Navarro *

Estamos viendo durante estos años de crisis el intento más intenso y masivo por parte de las autoridades de la eurozona –Banco Central Europeo (BCE), Consejo Europeo y Comisión Europea– así como del Fondo Monetario Internacional (FMI) de debilitar, en cada país de la zona euro, el mundo del trabajo, la protección social y el Estado del bienestar. La evidencia de ello es contundente. Recortes de derechos laborales y sociales y de gasto público social están ocurriendo a lo largo de los países de la eurozona, dándose con especial intensidad en los países de la periferia de la eurozona, conocidos como los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). No pasa día sin que noticias sobre recortes y reducción de derechos golpeen las páginas de los rotativos de mayor difusión. La generalización de tales medidas en la mayoría de países de la eurozona se presenta como un indicador de su inevitabilidad, es decir, de la necesidad de que se lleven a cabo para salir de la crisis.

La evidencia que se ha ido acumulando muestra, sin embargo, que tales medidas no sólo no están contribuyendo a la salida de la crisis y de la recesión, sino que la están empeorando. Los datos reflejan claramente que tales políticas están reduciendo todavía más la demanda necesaria para estimular la economía. Y puesto que la demanda generada en el sector privado está estancada (resultado en España del enorme agujero creado en la economía por el estallido de la burbuja inmobiliaria), el único sector que podría estimular la economía es el sector y el gasto público. De ahí que la reducción de tal gasto público sea un gran error, pues imposibilita la salida de la crisis. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Sólo los economistas y políticos neoliberales, que dominan los medios de mayor difusión, continúan repitiendo el dogma neoliberal que está ya profundamente desacreditado empíricamente.

¿Por qué entonces se están imponiendo tales políticas? Es más que dudoso que las autoridades de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional no conozcan la abrumadora evidencia que muestra el fracaso de tales políticas. El hecho de que, a pesar de ser conscientes del daño de tales políticas al bienestar de la mayoría de la ciudadanía y a la propia economía, continúen imponiéndolas se debe a que están utilizando esta situación de enorme crisis (acentuándola incluso) a fin de forzar con mayor contundencia lo que los grupos dominantes en estas instituciones (el capital financiero, es decir, la banca y las grandes empresas transnacionales) siempre han deseado: debilitar al mundo del trabajo y al Estado del bienestar.

Más y más información se está haciendo pública mostrando el tipo de presiones que tales organizaciones (y, muy en especial, el BCE y el binomio Merkel-Sarkozy) han estado realizando para que los gobiernos reciban “ayudas” (lo pongo entre comillas porque un porcentaje de tales transferencias está encaminado a que los estados receptores puedan pagar sus deudas públicas a los bancos alemanes y franceses, entre otros). El Banco Central Europeo supedita estas ayudas –en forma de compra de deuda pública– a que hagan reformas que claramente debiliten el mundo del trabajo (tales como eliminar la indexación de los salarios o la descentralización de los convenios colectivos) y reduzcan sus estados del bienestar (tales como la privatización de las pensiones o de los servicios sanitarios), todas ellas medidas que tienen muy poco que ver con la génesis de la crisis o con la salida de ella. El argumento que utilizan para justificar la imposición de tales políticas es que aumentarán la competitividad de la economía de los países PIIGS y con ello aumentarán las exportaciones, que debieran ser el motor del crecimiento económico y la salida de la crisis.

De nuevo, la evidencia existente (que es también bastante abrumadora) cuestiona que los países PIIGS puedan salir de la crisis a base de tales políticas, pues el mayor problema que tienen estos países no es ni su inexistente elevado gasto público, incluido el social (que es de los más bajos de la UE), ni la falta de competitividad (las exportaciones han continuado creciendo en España durante la crisis), sino su escasísima demanda. Pero el hecho de que la evidencia muestre que este argumento es erróneo o falso no les frena para que continúen imponiendo tales políticas, admitiendo, como hacen los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, muy influyentes en el FMI, que el impacto de tales políticas supuestamente positivas no se verá por mucho tiempo, de diez a quince años a partir de ahora.

Esta situación es insostenible e intolerable. Condena a varias generaciones a un futuro miserable. De ahí que debiera considerarse lo hasta ahora impensable: la salida de España del euro. No hay duda de que sería un paso difícil, pero no necesariamente peor que lo que se predice para los próximos diez y quince años. Alternativas, en contra de lo que dicen Rogoff y Reinhart, existen. Salvando las diferencias (que las hay) entre Argentina y España, el hecho es que Argentina en 2001, tras romper la paridad con el dólar y las políticas impuestas por el FMI, bajo el Gobierno Kirchner, recuperó su propio control del valor de la moneda y de su Banco Central, permitiéndole en tres años que su PIB fuera ya el que existía antes de la crisis, siendo a partir de entonces el país de América Latina que ha tenido mayor crecimiento económico. Letonia, en cambio, siguió las políticas que está imponiendo el FMI y hoy su PIB es un 20% inferior al que tenía al iniciarse la crisis. Es importante que para el bien de las clases populares se inicie un debate en España sobre los excesivos costes de pertenecer al euro, y de los que la población parece ser ya consciente. Según una reciente encuesta, el 70% de la población española tiene mayores reservas hacia el euro. ¿Cuándo se iniciará tal debate en España?

(*) Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra, de Barcelona